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Juventud y experiencia sobre un caballo

El veterano Ángel Zambrano y el novel Juan C. López son el centro de atracción del evento más importante de la vaquería en América.

Rosario Moreno Hernández / Especial para El Espectador

11 de octubre de 2009 - 04:00 p. m.
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Ángel Zambrano, un campesino recio que desde joven tuvo que trabajar en los hatos ganaderos de Casanare, tiene 56 años y lleva más de 31. En 1999 fue campeón mundial de coleo y en 2003 un juez de la competencia lo privó de ser el primero en conseguir dos títulos de esta especialidad.

Mientras tanto el villavicense Juan Carlos López, con 14 años, quien fue campeón nacional juvenil, es un adolescente brioso criado en medio de una familia de coleadores. Este fin de semana será la primera vez que se enfrente con más de 156 coleadores adultos, tratando de derribar toros de más de 400 kilos de peso y a más de 40 kilómetros por hora.

Ambos representan la experiencia y la juventud del XIII Mundial de Coleo, que culmina este lunes en Villavicencio.

“A los doce años me fui de la casa y empecé a recorrer las sabanas llaneras, trabajando en varias haciendas como amansador de caballos y en trabajo de llano. Fui novillero con toros de lidia y me presentaba en fiestas de pueblos, pero eso no daba dinero y por eso me pasé al coleo”, recuerda Zambrano, nacido en San Luis de Palenque (Casanare).

Para el veterano coleador, el uso de casco, guantes, botas, espuelas y uniforme en el coleo ha quitado autenticidad al deporte, que antes se hacía con sombrero, manos limpias, pies descalzos y, según él, se veía mejor y a la gente lo disfrutaba más.

“Cuando estoy en la manga coleando doy lo mejor de mí para los asistentes porque, como en cualquier deporte, uno debe respetarlos, ya que ellos pagan por ver un buen espectáculo”, agrega el experimentado coleador.

Curiosamente uno de los más fervientes admiradores de Zambrano es Juan Carlos López, quien esta vez también será su adversario. “Lo admiro mucho y lo respeto porque es el más reconocido coleador que ha participado en todos los mundiales. Mi gran sueño es lograr clasificar a la final y ojalá al lado de él”, dice.

 Afirma que encima de un caballo a gran velocidad y tratando de derribar un toro, lo más importante es controlar los nervios y la ansiedad para no apresurarse y saber cuál es el mejor momento de jalarle la cola al animal. Así fue como en agosto pasado se coronó campeón del Nacional de Coleo en la categoría sub-18, por lo que hoy se convierte en una de las atracciones del Campeonato Mundial. “Quiero tener un buen desempeño y que el público me conozca como uno de los coleadores de la nueva generación del coleo”, dice orgulloso el joven coleador.

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La génesis del coleo

Pese a que la creencia general es que el coleo es una actividad propia de los llaneros, este año una delegación de españoles viene al Mundial de Coleo a demostrar que desde tiempos anteriores a la conquista se practicaba algo similar en el Viejo Continente.

España, país invitado de honor, traerá una muestra de ‘acoso y derribo’, una práctica antiquísima en la que una pareja de jinetes compite con una lanza por derribar a un toro en una competencia casi hípica, según expertos.

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Para otros, esta actividad se originó en el trabajo del Llano y no es atribuible a otra cosa que a la recreación que tenía el hombre llanero en el campo.

Por Rosario Moreno Hernández / Especial para El Espectador

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