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La preservación de la memoria ancestral y la defensa de la naturaleza encontraron un nuevo respaldo en Ka’sankwa, el resguardo indígena ubicado en Guachaca, hoy reconocido como Símbolo Cultural y Espiritual del Territorio Ancestral y Santuario Sagrado de Paz.
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Para las comunidades, la distinción representa mucho más que un acto simbólico: es la validación de un territorio donde la espiritualidad, la identidad y la conservación ambiental han permanecido unidas durante generaciones.
Habitado por 120 personas agrupadas en 20 familias, Ka’sankwa es asumido por sus habitantes como un espacio de equilibrio entre la vida humana y la Sierra Nevada. Allí, la protección del agua, los bosques, la fauna y las prácticas de pagamento forman parte de una misma responsabilidad colectiva con la madre tierra.
La voz de las comunidades y la defensa del territorio
Durante la ceremonia ancestral, líderes indígenas agradecieron el reconocimiento y destacaron su importancia para la permanencia de los ecosistemas y la cultura.
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“Es importante para nosotros porque representa el ejercicio tradicional y ancestral que nuestros antepasados venían realizando para mantener el equilibrio y la armonía, no solamente en la Sierra Nevada, sino en todo el territorio”, expresó Olga Montero Carrillo, del pueblo Kankuamo.
En la misma línea, Moisés Villafañe, líder indígena de la Comisión de la Mesa del Quinto Centenario, aseguró que el acto también simboliza un nuevo momento de entendimiento entre comunidades e institucionalidad. “Es una muestra de respeto por la cultura y de que podemos hacer una nueva historia, no desde el resentimiento, sino desde el reconocimiento”, señaló.
Las voces indígenas coincidieron en que asumir esta declaratoria también implica fortalecer las rutas de conservación de los recursos naturales, preservar la identidad de los pueblos y sostener la historia espiritual transmitida por los mayores.
El reconocimiento que fortalece la protección del territorio
La declaratoria fue oficializada por el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, en articulación con la Alcaldía de Santa Marta, como parte de las acciones desarrolladas en el capítulo étnico de los 500 años de la ciudad.
La alta consejera para la Sierra Nevada y la Zona Rural, Sarita Vives Gutiérrez, explicó que este reconocimiento fue el resultado de más de dos años de trabajo conjunto con las comunidades indígenas. “Es un hecho histórico para la ciudad, pero más que para la ciudad, para nuestras comunidades indígenas de la Sierra Nevada”.
Vives agregó que la declaratoria también consolida un compromiso ambiental de largo alcance. “Es un compromiso que hacen nuestras comunidades indígenas con la madre naturaleza y con la madre tierra, para seguir cuidando y avanzando en todo el tema ambiental que hoy nos aqueja a nivel mundial”.
Con este reconocimiento, la Alcaldía y el Ministerio dejan instalada una hoja de ruta que pone en el centro la protección del territorio, la sabiduría ancestral y la conservación de la Sierra Nevada, mientras las comunidades reafirman su papel como guardianas de uno de los espacios más estratégicos para la biodiversidad y la memoria viva del Caribe colombiano.