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En un hecho de profundo significado cultural y espiritual, la Sierra Nevada fue declarada como Ka’sankwa, símbolo cultural y espiritual del territorio ancestral y santuario sagrado de paz, en el marco del capítulo étnico de la conmemoración de los 500 años de Santa Marta.
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La decisión, articulada con el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes y las comunidades indígenas, reconoce una visión milenaria del territorio que trasciende lo geográfico y lo convierte en un sistema vivo de relaciones entre la naturaleza y la humanidad.
Un territorio vivo desde la visión ancestral
Para los pueblos indígenas, la Sierra Nevada no es solo una montaña: es el corazón del mundo. Bajo el concepto de Ka’sankwa, es entendida como una red espiritual que conecta todas las formas de vida, donde cada elemento —el agua, los animales, las plantas y los seres humanos— cumple un rol esencial en el equilibrio universal.
Desde esta cosmovisión, los mamos interpretan el territorio como un espacio sagrado donde se realizan prácticas como el pagamento, ritual que busca armonizar las energías y mantener el orden natural.
La declaratoria, en ese sentido, no crea una nueva realidad, sino que valida y visibiliza una comprensión ancestral que ha sido transmitida por generaciones.
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La voz de los pueblos indígenas
El reconocimiento estuvo acompañado de una ceremonia ancestral en la que participaron autoridades tradicionales y representantes de siete pueblos indígenas: Wiwa, Arhuaco, Kogui, Taganga, Ette Enaka Chimila, Kankuamo y Wayúu.
En medio del ritual, las comunidades expresaron que este paso fortalece la defensa de su territorio y la permanencia de sus saberes. Para Olga Montero Carrillo, del pueblo Kankuamo, la declaratoria reafirma prácticas que han sido fundamentales para la vida. “Representa el ejercicio tradicional que nuestros antepasados realizaban para mantener el equilibrio y la armonía, no solo en la Sierra Nevada, sino en todo el territorio”.
Por su parte, el líder indígena Moisés Villafañe destacó el valor simbólico del momento como una oportunidad de encuentro entre visiones. “Es una muestra de que podemos construir una nueva historia desde el respeto y el reconocimiento entre culturas”.
Un reconocimiento construido en articulación
El proceso que llevó a esta declaratoria también fue resultado de un trabajo sostenido entre comunidades indígenas e instituciones, en el marco de las acciones del capítulo étnico.
En ese contexto, la alta consejera para la Sierra Nevada y la Zona Rural, Sarita Vives Gutiérrez, señaló que el reconocimiento refleja un esfuerzo conjunto de varios años. “Es un hecho que se logra cuando dos mundos deciden trabajar de manera articulada, respetando los saberes y la visión del territorio”.
Vives también destacó que este paso representa un compromiso que va más allá de lo simbólico. “Es una apuesta por seguir cuidando la Sierra Nevada desde lo espiritual y lo ambiental, entendiendo su importancia no solo para la región, sino para el equilibrio del mundo”.
Más allá del simbolismo: compromiso con el territorio
Aunque el reconocimiento tiene una fuerte carga espiritual, también implica retos concretos en materia de conservación ambiental y protección cultural. La Sierra Nevada es uno de los ecosistemas más estratégicos del país, tanto por su biodiversidad como por su papel en la regulación hídrica de la región Caribe.
En ese contexto, la declaratoria de Ka’sankwa se convierte en una apuesta por fortalecer las rutas de protección del territorio, en un momento en que las comunidades han advertido sobre amenazas como la deforestación, el cambio climático y la presión sobre los recursos naturales.
Asimismo, plantea la necesidad de seguir construyendo puentes entre la institucionalidad y los pueblos indígenas, en torno a una agenda que priorice el respeto por la autonomía y el conocimiento ancestral.
Un hito para la memoria y el futuro
La declaratoria de la Sierra Nevada como Ka’sankwa se inscribe en un momento simbólico para Santa Marta, pero su alcance trasciende lo local. Para las comunidades, se trata de un paso hacia la dignificación de su historia y el reconocimiento de su papel como guardianes de un territorio clave para el equilibrio ambiental del país y del planeta.
En la Sierra Nevada, donde la espiritualidad y la naturaleza se entrelazan, Ka’sankwa no es solo un nombre: es la expresión de una forma de vida que insiste en mantenerse vigente.
Nota de la editora
El texto fue modificado para precisar en qué consistió la declaratoria.