Canta la matrona por la rebelión del kilombo Yumma, dice la letra de una canción acompasada por los sonidos de la marimba y los tambores. La matrona, una mujer sabia y al frente de la comarca, es Julissa Mosquera, quien llegó a Bogotá hace 10 años con su Chocó natal cargado en la maleta. El conflicto armado no le dejó otra opción que huir de Quibdó, y esta canción cuenta su historia: Entre los cerros en las alturas, los edificios y el concreto se mantienen aún puras las costumbres y el respeto. Por el latir del corazón negro, por las tradiciones de todo un pueblo.
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Pese a las heridas de la guerra, ella y seis mujeres más llegaron a la capital con la convicción de no dejar atrás sus saberes milenarios y crearon los kilombos, centros de atención para promover la salud desde las tradiciones ancestrales.
Foto: Stiven Saiz
“Yumma significa fortuna, en lengua africana, y para los afros esto es sinónimo de salud. Por eso los kilombos son parte de una estrategia de salud ancestral. La idea es visibilizar nuestros saberes y promover el cuidado de la mente, el cuerpo y el espíritu. También son lugares de resistencia y espacios políticos. Allí repensamos cuál es el quehacer de nosotros como comunidades negras”, relata Julissa.
En Bogotá hay 10 kilombos que prestan atención de forma gratuita, dos por cada localidad. Cada uno cuenta con una enfermera jefe, un sabedor o sabedora, una partera, un técnico ambiental y un gestor. Estos servicios son financiados por la Secretaría de Salud Distrital.
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De los 9’014.766 de personas reconocidas como víctimas en Colombia, según datos de mayo de 2020, más de 1’137.000 pertenecen a comunidades negras, afrocolombianas, raizales y palenqueras. Esto corresponde al 13 % del total de las personas incluidas en el Registro Único de Víctimas (RUV). Al igual que Julissa, hay cerca de 550 mil mujeres afros que son víctimas del conflicto armado. Los hechos victimizantes más frecuentes entre la población negra, raizal y palenquera son el desplazamiento forzado, las amenazas y los hostigamientos.
“Las mujeres parteras estaban muriendo de tristeza porque no tenían un espacio para trabajar. En Yumma, nuestra partera Pilar Hurtado tuvo que salir desplazada del Cauca. Ella tiene 86 años y ha recibido más de 100 partos. Es una mujer llena de sabiduría”, cuenta Julissa al explicar que pese a que no se pueden hacer partos en los kilombos, las parteras a través de cantos, terapias y bebedizos acompañan a las mujeres en su embarazo.
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La idea es generar espacios de encuentro cultural para estas comunidades que durante décadas han tenido en sus territorios problemáticas estructurales que han afectado de forma integral su vida y desarrollo. Solo por poner un ejemplo, el 54,8 % de la población negra, afrocolombiana, raizal y palenquera cuenta con alcantarillado. Mientras que el total nacional cuenta con un 76,6 % de cobertura, según cifras del DANE de 2019. Esto sin contar que en los departamentos de Nariño, Chocó y Magdalena la pobreza multidimensional de esta población llegó a 56,9, 40,5 y 36,8 %, respectivamente.
Foto: Stiven Saiz
Además de las afectaciones derivadas del conflicto y la falta de recursos, esta población carga con estigmas que históricamente han truncado el verdadero significado de los saberes ancestrales. “Aquí recibimos a la comunidad negra y no negra. Esto nos ha permitido mitigar el racismo, la discriminación y la exclusión. Empezamos a escucharnos y a hablar sobre las concepciones erróneas”, dijo Julissa. Desde el kilombo se creó un espacio para desconfigurar los imaginarios y resignificar sus tradiciones.
Recuperarlos en medio de la pandemia
Además del aislamiento preventivo por cuenta del COVID-19, los kilombos deben adaptarse a los cambios de la administración distrital. “En enero y febrero no había presupuesto. Cuando íbamos a darle continuidad al proyecto, en marzo, llegó la pandemia”, explicó Julissa. El contexto nacional obligó a las matronas a buscar estrategias para brindar atención. “Hay que explorar nuevas formas de comunicación. Sin embargo, hay personas mayores, como nuestras parteras, que no tienen acceso a internet”.
Por ahora, las lideresas afros no se detienen en la lucha para mitigar los efectos de la pandemia. “Las comunidades negras tenemos que caminar a la par del resto del mundo y no nos vamos a detener. Las problemáticas no paran: no hay comida en la casa, los niños no tienen un computador para hacer sus tareas y los hombres están golpeando a las mujeres. Desde el kilombo queremos ayudar a manejar las tensiones, así sea de forma virtual, estamos aquí para escucharte”, comentó Julissa, quien lidera una campaña para recolectar fondos y brindar mercados a cualquier persona que necesite ayuda en medio de la emergencia.