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La enfermedad de Mariana y los rezagos de la crisis en el Hospital Federico Lleras de Ibagué

María Esperanza Villalba, madre de una menor de cinco años diagnosticada con purpura, cuenta la odisea que ha sido recibir un tratamiento y diagnóstico oportuno para su hija y la incertidumbre de continuar con una atención digna.

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Daniela Franco García
18 de septiembre de 2014 - 01:13 p. m.
María Esperanza Villalba junto a su hija, Mariana Loaiza.
María Esperanza Villalba junto a su hija, Mariana Loaiza.
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“Angustia, pago de médicos particulares y medicamentes costosos, correr de aquí para allá, eso es lo que me ha tocado hacer desde que supe que mi hija estaba tan enferma, pero las cosas con los médicos no han sido fáciles”. Esa es la conclusión de María Esperanza Villalba cuando cuenta la historia de Mariana, su hija de cinco años.

El caso de Villalba es tan solo uno de los ejemplos de los efectos de la crisis que atraviesa el hospital Federico Lleras de Ibagué. El centro asistencial más importante del departamento de Tolima fue intervenido por la Superintendencia Nacional de Salud a inicios de septiembre, en palabras de esta entidad, con el fin de “superar los hallazgos contenidos en diferentes informes que muestran el creciente nivel de quejas en términos de atención de urgencias vitales y las dificultades presupuestales y financieras que agobian a la entidad”.

Hace dos años Mariana Loaiza empezó a presentar laceraciones en su piel, cuenta su madre que después de la visita a dos médicos generales y dos pediatras la única conclusión fue que la niña presentaba una alergia o quizá se trataba de “picaduras de zancudos”. Pese a esto, Villalba comprendió que las lesiones de su hija no eran normales y, tras conseguir un préstamo para el pago de un médico particular, Mariana fue diagnosticada por el doctor Juan Carlos Niño con púrpura, una enfermedad hemorrágica autoinmune caracterizada por la destrucción prematura de plaquetas.

Cuenta Villalba, ama de casa y madre de cuatro niños, que este solo fue el principio de un pequeño calvario. Las citas médicas con su EPS (Cafesalud) iniciaron y, tras dos de estas, el 21 de abril el especialista determinó que Mariana debería seguir un estricto control cada tres meses. Sin embargo concretarlo se convirtió en una odisea.

El Hospital Federico Lleras, el único con atención de oncología pediátrica en la región, está localizado a tres horas de Ortega, lugar donde vive Mariana. Pero la distancia fue solo una de las barreras de acceso a una cita para el control de su enfermedad. “Siempre que iba al hospital me indicaban que no tenían convenio con mi EPS o que no había disponibilidad de citas”, cuenta Villalba, quien ante los repetitivos “no” del centro médico decidió contactar a ‘Change’, una ORG que se dedica a la firma de peticiones en la web, para presentar su caso. “Solo pido que se ayude a mi hija a realizarse los exámenes y pueda llevar su enfermedad con dignidad. Ayúdame firmando”, cita uno de los apartes de la petición online. (change.org/pormariana)

La madre de Mariana atribuye a las 25 mil firmas recolectadas que haya sido contactada por la Superintendencia de Salud y posteriormente por Érika Prada, la única oncóloga pediatra del centro médico y quien hace parte, además, de los únicos 253 oncólogos con los que cuenta Colombia; que generalmente están concentrados en las principales ciudades para atender a más de 70.000 pacientes con cáncer que hay en el país. Un 40% de especialistas están sólo en Bogotá y 19% en Medellín según un estudio de Simmon (una fundación especializada en brindar asesoría jurídica, entre otras cosas, a pacientes con cáncer). (Vea: Radiografía del cáncer en Colombia)

Así Mariana fue atendida por la especialista recientemente y se determinó, entre otras cosas, que su hija debe asistir a varias citas, entre estas, un nuevo control. La niña ya tiene programada una pero necesita otra más para principios de octubre, donde su madre espera se le recete medicación para su enfermedad. La incertidumbre, indica Villalba, por ahora es que la atención continúe sin contratiempos y no se trate de “pañitos de agua tibia”. Esto después de que esta semana llamara al hospital y le recordaran, nuevamente, que el centro médico ya no tiene convenio con su EPS. “Como mamá me rompe el corazón pensar que por la tardanza de exámenes y tratamiento mi hija llegue a estar en una situación de riesgo. Eso no se lo deseo a nadie”.

Este diario intentó comunicarse con la EPS Cafesalud, sin embargo no se pronunciaron frente al diagnóstico equívoco y solo fue posible que corroboraran que una próxima cita ya estaba programada, señalando que la demora en la atención se debió a los problemas administrativos por los que atraviesa el Federico Lleras. Mariana y su madre, mientras tanto, se preguntan si será posible llevar su enfermedad con una atención adecuada, o deberán hacer lo que señalan es “casi imposible”, conseguir dinero para el traslado a Bogotá y proseguir con el tratamiento sin que sea demasiado tarde.

@danielafrancog

dfranco@elespectador.com

Por Daniela Franco García

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