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Emerson Eduardo Rojas Rojas tiene 23 años, pero nunca ha visto a su papá. No lo conoce. Nunca lo ha tocado. No sabe cómo habla. Creció sin él. Su madre tuvo que cumplir el rol de los dos. Intentó ocultar esa parte de su vida Escondió las pertenencias de su esposo. Procuró no hablar de él delante de los niños. Pero hace 13 años, todo cambió.
Dina, de 14 años, y Emerson, de 10, comenzaron a escarbar en los rincones de su casa, en Bogotá. Encontraron un libro y acto seguido la ropa del sargento segundo José Vicente Rojas, su padre.
Dina tiene recuerdos vagos de él. Tenía cuatro años cuando su padre desapareció. La última vez que ellos jugaron con su papá fue el 31 de octubre de 1992 en el batallón Voltígeros, en Carepa (Antioquia). Ese día él fue a celebrar el día de los niños, hicieron una fiesta y luego el sargento viajó a Mutatá a tomar unas fotos, porque su tiempo libre lo dedicaba a la fotografía.
El primero de noviembre estuvieron todos en la casa y se despidieron porque al otro día el militar viajaría. El dos de noviembre se levantó temprano, se vistió con una camiseta rosada, una bermuda y tenis negros. Salió a las cuatro de la mañana de la casa y nunca más volvieron a saber de él. Lo único que conoce es que los frentes 5 y 34 de las Farc hicieron un retén durante cuatro días y ahí cogieron a Rojas.
Ya han pasado 23 años y su esposa Olga Esperanza Rojas aún guarda la esperanza de encontrarlo, por eso este lunes viajará con sus hijos a Bojacá a orar por su marido.
Ella es oriunda de Chiquinquirá, allá conoció a José Vicente, cuando ella apenas ajustaba 15 años. Al cumplir la mayoría de edad se casaron, pese a los impedimentos que querían ponerle. Olga Esperanza recuerda que antes de la boda el sacerdote no estuvo de acuerdo y le dijo: “¿qué va a hacer cuando él llegué con los pies para adentro?”. “Yo le respondí que no sabía, pero que me quería casar”, cuenta con una sonrisa.
Su vida matrimonial comenzó en su natal Boyacá, luego se trasladaron a Villavicencio, Meta, y después a Carepa, Antioquia. Allá llegaron el 12 de junio de 1992. Para esa época José Vicente Rojas era el comandante del pelotón y combatía a la guerrilla de la zona. “En esa época mataban 12, 15 personas por día, era muy pesado”, anota Olga Esperanza.
Por el trabajo del sargento Rojas no tenían mucho tiempo para compartir y por eso siempre hablaban a través de un radio que había en el batallón.
Buscando pistas
El 3 de noviembre de 1992 un soldado tocó la puerta de la casa de la familia Rojas Rojas. Peguntó por él y luego el coronel Álvaro Plata Pinilla fue el encargado de darle la noticia a Olga Esperanza. “Él me informó que mi esposo estaba perdido, que no sabían si él se había bajado del bus y estaba escondido, pero con el tiempo se supo que lo cogió las Farc”, recuerda Olga.
Seis meses después un guerrillero de las Farc se entregó a las autoridades y él dijo que el sargento Roja sí había estado en el retén. No supo nada más hasta 1993 cuando las autoridades le dijeron esposo se había volado de las Farc, pero que éstas lo habían vuelto a coger.
Durante dos años Olga permaneció en el batallón esperando el día de su regreso y a finales de 1994 regresó a Bogotá. Intentó rehacer su vida y gestionar ayudas en la capital colombiana para encontrarlo. Sin embargo no tiene más que los testimonios de la audiencia del 26 de mayo de 2014 en el que excombatientes de las Farc reconocieron que sí lo habían cogido. Y por eso es que para este aniversario de la desaparición le pide a las Farc que hablen de los militares. “No solamente es mi esposo. Son 275 miembros de la fuerza pública desaparecidos y quiero averiguar qué fue lo qué le pasó”.
Por eso, luego de que el pasado sábado 17 de octubre las Farc y el Gobierno llegaran a un acuerdo para promover la búsqueda de personas desaparecidas por cuenta de agentes del Estado y de las Farc ella manifestó su deseo de participar. “Sí el Ejército me da la oportunidad de ir a buscar a los desaparecidos me iría. Es que no es lo mismo estar secuestrado, que se estar desparecido”.
Por Catalina González Navarro
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