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Hace año y medio, cuando mi hija tenía seis años, ella vio un programa de televisión que se llama Perdidos y me dijo: “papá, quiero que conozcas a esta señora. Ella busca a las personas perdidas y creo que nos puede ayudar a saber dónde está tu mamá”. Ese fue el momento en el que Erik Arellana decidió contar la vida de su madre. Ya se lo había contado a su hija y le había explicado que la habían encontrado luego de tres años de desaparecida. Pero el hecho de que volviera a preguntarle por su madre lo decidió a contar el impacto de la desaparición forzada en su familia.
“Tantas veces me mataron, tantas veces me morí, sin embargo estoy acá resucitando”. Así comienza una de las canciones favoritas de Nydia Érika Bautista, quien era una fanática de los versos y cantos de Mercedes Sosa, de Violeta Parra, de Piero, de la música protesta de los años 60 y 70. Y esa letra en particular que tanto le gustaba, terminó reflejándose en su vida. Hace 28 años la desaparecieron y para recordarla, su único hijo le escribió: “Memorias vividas en cuadernos de viaje”. Un libro a través del cual quiere rescatar la vida de la militante del M -19 que fue su madre.
Aunque Erik Arellana tan solo tenía 13 años cuando sucedieron los hechos, recuerda perfectamente su infancia y lo que debía presenciar. “Sabía lo que pasaba porque vivía en Cali y porque sus amigos habían sido asesinados. Había semanas en las que no dejábamos de ir a entierros”. Lo dice con tranquilidad y así mismo lo hizo hace más de dos décadas cuando tuvo que contar en su colegio que a su madre Nydia Érika Bautista la habían desaparecido mientras acompañaba a una amiga a esperar un bus en el suroccidente de Bogotá.
A pesar de que los años han pasado, él lo recuerda a la perfección. En su mente están intactos cada uno de los días anteriores a ese terrible 30 de agosto de 1987. “El viernes anterior estuvimos todo el día juntos. Ella me acompañó a la fábrica donde trabajaba mi papá para que me hicieran el vestido de mi primera comunión. Desde mayo de 1987, después de la celebración del día de la madre, se quedó conmigo en Bogotá hasta ese agosto. Yo le pedí que estuviera”.
Ese 30 de agosto la familia fue a la Iglesia de San Antonio de Padua. Erik y su prima Andrea hicieron ese día la primera comunión. A las 10 de la mañana fueron a la puerta de iglesia y se tomaron las fotos familiares. Las últimas que tienen de Nydia Érika Bautista. Luego fueron a almorzar a la casa de su abuela y hacia las cinco de la tarde, Erik se fue casa de un amigo y su mamá salió a acompañar a una compañera al bus. Esa fue la última vez que la vieron con vida.
Erik regresó de la fiesta tres horas después y en su casa su tía Yanette estaba preocupada y buscando datos para dar con el paradero de su hermana. Los días siguientes toda la familia de Nydia Érika salió a buscarla. Mientras tanto, el niño la esperaba en la casa. “Empecé a recibir llamadas de una voz masculina que decía que ella estaba viva, y que no la buscaran más. Que estaba en otro lugar”, cuenta hoy Erik.
En ese momento fue cuando su tía Yanette fue al Comité de Solidaridad de Presos Políticos para buscar alguna pista de su hermana. Pegaron fotocopias con sus fotos en los buses, fueron a la morgue y a estaciones militares. “Ella ya había estado detenida una vez en una brigada militar en Cali, en mayo 1986. Eso salió en el periódico El Espectador y gracias a eso, no la desaparecieron en ese momento”, agrega Erik. La familia tocó a las puertas de la Asociación de Familiares de Desaparecidos. Desde esa época salieron a la calles con pancartas pidiendo respuestas.
“La encontramos”
En julio de 1990 la familia se tomó pacíficamente la sede de la Cruz Roja en Bogotá, para pedir respuestas por casos de desaparición forzada. Y allá llegó el procurador de la época a decirle a Yanette que tenía información sobre el caso de Nydia Érika y de otros desaparecidos. Aunque no estaba verificada parecía ser cierta. Se referían a las declaraciones del sargento Bernardo Alfonso Garzón Garzón, quien dio detalles de lo sucedido en la Procuraduría.
El abogado Eduardo Umaña Mendoza, amigo de la familia, se fue con ellos para el municipio de Guayabetal, en la vía a Villavicencio, y en la mañana del 26 de julio llegaron al cementerio de la zona. Le mostraron la foto al sepulturero y él se acordó donde la había enterrado. Eduardo Umaña consiguió que le entregaran el cuerpo y el 27 de julio lo tuvieron en casa. A sus 41 años, Erik aún recuerda exactamente el momento en que llegó su tía Yanette con una bolsa plástica negra y dijo: “la encontramos”. Fue muy fuerte ese momento. No lo podía creer. Nunca pensé que la fueran a traer así.
Después del hallazgo, su familia siguió investigando el caso, razón por la que ha sido perseguida. El expediente lo habían cerrado porque no conocían a los autores materiales del mismo y por falta de pruebas. En 1997, Erik Arellana debió exiliarse en Europa, y cuando creyó que el peligro era cosa del pasado, regresó a Colombia a producir documentales con los indígenas de la Acin y el Cric, en el Cauca. Sin embargo, luego de nuevas intimidaciones que le llegaron a la casa de su novia, tuvo que volver a salir del país. Se radicó de nuevo en Europa. Sólo retornó hasta 2005.
En mayo de 2013, durante la semana internacional del detenido y el desaparecido, unas personas vestidas de civil entraron a su casa y se llevaron su computador, una cámara de video y un disco duro. “Me encontré a los tipos en la puerta del edificio. No sabía que estaban haciendo y se me ocurrió gritar: “Policía”. Ellos se rieron y me dijeron que era un tonto. Luego me preguntaron para qué llamaba a la Policía”.
Luego vinieron más intimidaciones. Interceptaron sus llamadas y les recomendaron volver a salir del país, pues según las investigaciones que han hecho a través de su Fundación para los Derechos Humanos “Nydia Erika Bautista”, lograron reabrir el caso con nuevas pruebas y demostraron que en su caso hubo violencia sexual, algo que no se había investigado y con lo que lograron que la investigación pasará a la Unidad de Género de la Fiscalía.
La investigación
El único militar que estuvo implicado en el caso fue el general (r) Álvaro Hernán Velandia Hurtado, a quien la Procuraduría destituyó por la desaparición y asesinato de Nidia Érika Bautista. Sin embargo, el 22 de abril de 2013, una sala de conjueces del Consejo de Estado anuló la decisión y ordenó restituir al oficial (r) y pagarle todos los sueldos, primas y prestaciones laborales que dejó de recibir en el cargo que desempeñaba en esa época como comandante del Batallón de Inteligencia y Contrainteligencia Charry Solano del Ejército Nacional en Bogotá –comando señalado de ser el responsable del crimen–.
Según Erik Arellana, hay otras nueve personas más que participaron en la desaparición de Nydia que siguen libres. “Hay otros militares de alto rango que están implicados en la desaparición de Nydia pero eso hace parte de la reserva”, aclara. El año pasado, la Fundación publicó un informe en el que sostienen que la brigada que desapareció a Nydia se especializaba en hacerlo con mujeres y violentarlas sexualmente.
*El libro será presentado este viernes a las 4 de la tarde en la Fundación Nydia Érika Bautista en Bogotá.
cgonzalez@elespectador.com
Por Catalina González Navarro
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