Publicidad
13 Nov 2020 - 2:00 a. m.

La imparable búsqueda de los niños de Armero, 35 años después

El proceso para reencontrar a los niños que quedaron perdidos tras la tragedia en el municipio tolimense tiene dos ejes fundamentales. El primero es la investigación realizada por la Fundación Armando Armero y el segundo es el cotejo de las muestras de ADN a cargo del Instituto de Genética Yunis Turbay.
Pablo Montoya Paredes

Pablo Montoya Paredes

Periodista de la sección Colombia
Francisco González, Fundación Armando Armero
Francisco González, Fundación Armando Armero
Foto: Óscar Pérez

En Armero, Tolima, el proceso de sanación y recuperación después de 35 años del mayor desastre natural que ha visto el país sigue sin terminar. Unas 20 mil personas murieron luego de que el volcán Nevado del Ruiz hiciera erupción y los lahares de lodo, agua, rocas y otros materiales se llevaran por delante el pueblo. Armero quedó borrado. Y a la dimensión de la tragedia inmediata se sumó otra que llevaría muchísimos años más: la de la búsqueda de por lo menos 500 menores que fueron reportados como desaparecidos.

Una tarea titánica que asumió hace ocho años la Fundación Armando Armero, liderada por Francisco González, a través del proyecto “Niños perdidos de Armero, ¡una causa que nos toca a todos!”, con el objetivo de reunir con sus verdaderas familias a los menores de edad que fueron dados en adopción en medio del caos y la confusión que reinó en esos meses.

La Fundación nació de una investigación de más de 20 años enfocada en reconstruir la memoria histórica de Armero, su pueblo natal. Pacho, como le dicen sus amigos, tenía 24 años y estudiaba literatura en la Universidad Javeriana de Bogotá, por eso no estaba en Armero el día que quedó reducido a ruinas. Viajó al pueblo a la mañana siguiente para buscar a su papá y se encontró con una realidad devastadora. Desde ese momento entendió la gravedad de la tragedia y empezó el camino para reconstruir la memoria de Armero. Los cuerpos de su padre y de su hermano nunca fueron encontrados, algo que con el tiempo lo motivó aún más a seguir con la búsqueda de los niños desaparecidos. Francisco ha dedicado toda su vida a este proyecto, tanto así que cuando estudió en España hizo su tesis de políticas culturales y desarrollo sobre cómo recuperar la memoria de una catástrofe.

Inicialmente se interesó en entender el movimiento gay, la rumba, las carreras de carros, todos esos factores que según él “hacen vivo a un pueblo”. A raíz de esto empezó a visitar los pueblos de Colombia, en especial los más cercanos a la zona que se vio afectada en 1985. “La gente de Armero está regada como una diáspora por Colombia y por todo el mundo”, aseguró González, y fue por esto que inició esos viajes a diferentes regiones del país buscando a los sobrevivientes de la tragedia.

Recorriendo y caminando los pueblos fue encontrando en su camino centenares de historias de personas que le entregaban fotos de hijos, hermanos, sobrinos y le suplicaban ayuda para encontrarlos. Cuando llegaba al hotel o a su casa en Bogotá empezaba a mirar las fotos tratando de entender por qué estas personas seguían en esa búsqueda tanto tiempo después.

Empezó entonces el proceso de corroborar la información que le daban echando mano del material de archivo de prensa que había sobre lo ocurrido ese 13 de noviembre de 1985. Su búsqueda tocó muchas puertas y llegó a varios oídos, y a medida que avanzaba conocía más casos, más rostros de niños de los que nada se sabía desde la tragedia.

Después de todo el proceso de investigación que requiere buscar la gente que cree o está segura de que algún familiar suyo está vivo, entra la ciencia a todo este engranaje. La Fundación tenía claro que el proceso de reencontrar a las familias no podía ser únicamente porque se parecieran entre ellos o basado únicamente en el retrato consignado en una fotografía. “En ese momento entra al proyecto Emilio Yunis, uno de los mejores genetistas de Colombia y América Latina, con su Instituto de Genética Yunis Turbay. Él ya falleció, pero su hijo Juan sigue ayudándonos”, explica Francisco González. La alianza entre la Fundación Armando Armero y el Instituto Yunis Turbay empezó en 2012 y las pruebas las hacen de manera altruista y como una forma de retribuir a la sociedad.

Después de la investigación realizada por la Fundación Armando Armero “se procede a tomarle las muestras de sangre a cada una de las personas para hacer los cotejos genéticos. Cuando hay un caso de estos se hace una búsqueda dirigida, se hace como un estudio normal de pruebas de maternidad o paternidad en el laboratorio. Se analiza una batería de marcadores genéticos y si son compatibles se procede a calcular la probabilidad de maternidad o de paternidad del caso”, sostiene Juan Yunis, director del Instituto.

Actualmente, según datos de la Fundación, hay 137 casos emblemáticos confirmados sobre personas que desaparecieron en esa tragedia y que se encuentran vivas. Hasta la fecha se ha logrado reunir a cinco familias con parientes que pensaban que estaban muertos. Desde el Instituto de Genética confirmaron que en estos momentos cuentan con 281 muestras de ADN que siguen cotejando día a día, con la información suministrada por Francisco, para intentar reunir a más familias a lo largo del país.

Además, en la Fundación hay registrados 501 menores que desaparecieron en la tragedia, dentro de los cuales se encuentran 67 niños que fueron adoptados en su momento. “Hay un caso que está registrado en video de una madre que llega a Catam, ella toda sucia y ve a su hijo que se lo lleva una pareja y ella decía que ese era su hijo y le decían que no, que ella estaba loca y ve cómo se lo llevan”, rememora González.

Durante el proceso de rescate tras la avalancha de Armero se cometieron muchas irregularidades, en especial con los niños que se dieron en adopción sin confirmar si sus padres estaban vivos o muertos. Sin embargo, Francisco González sostiene que el interés no es crear pleitos judiciales, “igual nos han llegado abogados diciendo que demandemos al Estado, a nosotros lo que nos interesa es lograr encuentros, que se llegue a la verdad. Esta es una deuda histórica que tienen este país y el mundo”.

Insiste, eso sí, en que se trata de una labor que debería tener más apoyo del Estado, pues la Fundación tiene un alcance limitado, ya que opera con recursos propios. Para funcionar tiene gastos mensuales que oscilan entre los $15 y $20 millones mensuales, pues incluye viajes, alimentación, hospedaje, pasajes, gasolina, entre otros gastos. A Francisco le ha tocado vender hasta sus obras de arte para continuar en la búsqueda de familias a lo largo de Colombia y el mundo.

Tanto el Instituto Genético Yunis Turbay como la Fundación Armando Armero tienen claro que el principio de toda esta investigación y labor social es la responsabilidad con las víctimas. Por eso solo con la confirmación del ADN se puede hablar de un caso de reencuentro. De hecho, el último se registró hace exactamente un año, cuando se logró reunir a dos hermanas que habían sido dadas en adopción tras la avalancha y a quienes la vida las llevó por caminos muy separados: una vive en Barrancabermeja y la otra en Valladolid, España. “La hermana de Barrancabermeja sabía que había sido adoptada, su padres adoptivos le dieron cierta información y en los papeles de adopción estaba el nombre de la mamá biológica. Ella fue al juzgado de Manizales en el que se hizo el proceso de adopción para tratar de encontrar a su mamá y puso un aviso en un periódico local de la ciudad”, narró Yunis.

La hermana que vivía en España, quien también conocía el nombre de su madre biológica, vio el anuncio en internet y gracias a la Fundación y al Instituto de Genética se logró comprobar su parentesco y coordinar el reencuentro en Colombia, después de 34 años.

Síguenos en Google Noticias