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27 Dec 2008 - 10:00 p. m.

La marcha de los indígenas

Daniel Piñacué, líder indígena, narra cómo fue la histórica movilización desde el Cauca hasta la capital. Más de 15 mil aborígenes de todo el país se unieron para exigir la defensa de sus derechos y sus tierras.

Daniel Piñacué *

El origen de la minga se dio desde cada una de las veredas y comunidades. Dijimos que debíamos levantar la palabra para encontrar soluciones a nuestras demandas y problemas. La respuesta fue positiva, entonces se ordenó a la máxima instancia de cada comunidad que organizara a su gente para emprender la marcha. El 11 de octubre nos dimos cita todos los resguardos indígenas del país y las organizaciones sociales en La María, Piendamó (Cauca). Días antes le habíamos enviado una carta al señor Presidente de la República, convocándolo para que se hiciera presente en La María y que allí entabláramos un diálogo franco y sincero para darles salida de manera inmediata a nuestros problemas, pero nuestra sorpresa fue que el señor Presidente ni contestó la carta ni se hizo presente.

Entonces decidimos bloquear la vía Panamericana. El alto gobierno había dicho que más se demorarían los indígenas en bloquear la carretera, que la fuerza pública en levantarlos. No hicimos caso de las advertencias y nos asentamos allí. Llegaron las autoridades y se entabló la batalla más terrible que podamos recordar entre la fuerza pública y las comunidades. Fueron más de 24 horas en las que bloqueamos la vía y no fue posible que nos levantaran de allí. Así les demostramos a los caucanos, a los colombianos y al mundo la capacidad de organización y de disciplina que tenemos. Finalmente tuvimos más de cien heridos y cuatro muertos. Nos sacaron a punta de bala, porque no estábamos en condiciones de responder al fuego.

Luego nos reagrupamos dentro de La María y llegó más gente y más gente. Decidimos entonces salir rumbo a Cali. La idea era desarrollar allí el debate con el señor Presidente. Siempre nos movilizamos a pie, pernoctando en distintos lugares como en Santander, Villarrica y Jamundí, hasta que llegamos a Cali. El Presidente había manifestado que sí asistiría. Nosotros propusimos que fuera en el CAM (Centro Administrativo Municipal), en campo abierto, en donde pudieran ser testigos todos los mingueros, y él proponía que fuera en un recinto cerrado con 200 líderes. Nos opusimos a eso y finalmente nos concentramos en el CAM. Comenzó la sesión y él no llegaba, dejó la silla vacía, y cuando ya estábamos levantando la reunión y la gente se estaba yendo, apareció el Presidente a pedir que nos reuniéramos de nuevo. Era imposible.

Días después nos reunimos en La María, pero no nos sentimos satisfechos con lo que ahí se concluyó, entonces decidimos continuar la minga hasta Bogotá. Tuvimos que recorrer muchos kilómetros a pie. Llegamos el 20 de noviembre, a pesar de que tuvimos algunas dificultades como en Ibagué, donde el mismo Presidente ordenó no dejar ingresar a los indígenas, pero logramos romper el cerco y entrar. Otro incidente fue el de Chicoral, donde una policía con un megáfono incitaba a la gente a cerrar los negocios porque se veía venir una turba. Ingresamos y nada sucedió. Sólo calurosos saludos y bienvenidas de muchos amigos.

Asimismo fue en Bogotá, donde se nos unieron los estudiantes y muchos sectores sociales. La capital, la Alcaldía, las universidades, se portaron muy bien. Siempre pensamos que allí se iba a desarrollar el debate con el Presidente. No se dio. Nos reunimos con los ministros y los viceministros y finalmente nos regresamos para continuar caminando la palabra. La minga continúa en el ejercicio de seguir convocando a todos los colombianos a unificar esfuerzos, siempre en procura de soluciones de muchas demandas complementarias.

Vamos hacia Norteamérica, Europa y Latinoamérica para convocar a muchos hermanos en el mundo, para pasar la palabra sobre nuestras exigencias, que son de orden continental y mundial en materias de pueblos indígenas y sectores sociales.

Los muertos que dejó esta marcha ya están enterrados. Los heridos están en recuperación. Hay lisiados para toda su vida. El Gobierno dice que también hay muchos policías heridos, mutilados. ¿Que quién responde por ellos? En el ejercicio de la guerra, que no es nuestra, hay heridos de parte y parte porque no hay una voluntad expedita de los gobernantes de este país para solucionar los problemas.

* Miembro del Consejo Regional Indígena del Cauca.

El recorrido de la minga

La minga indígena llegó a Bogotá el jueves 20 de noviembre. Al siguiente día, los más de 15 mil caminantes, acompañados de estudiantes y organizaciones sociales, protagonizaron una gran marcha hasta la Plaza de Bolívar. El día 24 retornaron a sus resguardos, con excepción de algunos líderes, que se quedaron en la capital para reunirse con el gobierno y el presidente Uribe, quien nunca los recibió. Luego, algunos representantes, entre ellos Aida Quilcué, viajaron por el mundo llevando su palabra. El último capítulo de esta historia se vivió el pasado 16 de diciembre, cuando Edwin Legarda, esposo de Quilcué, murió en un retén militar en el municipio de Totoró, Cauca. Las autoridades argumentaron que el hombre no se detuvo ante la petición del Ejército. Los indígenas dicen que el crimen fue premeditado.

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