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La otra tragedia de Manizales

Denuncias por negligencia y cuestionamientos sobre las obras realizadas en la planta de tratamiento Luis Prieto, donde una deslizamiento dañó la tubería y dejó de nuevo sin agua la ciudad.

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Felipe Motoa Franco
11 de diciembre de 2011 - 10:10 p. m.
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Cuando los manizaleños creían que las incomodidades por la falta de agua ya eran cosa del pasado, una avalancha del río Chinchiná revivió sus peores pesadillas. En la madrugada del martes pasado, un deslizamiento de tierra en proximidades de la planta de tratamiento Luis Prieto ocasionó una crecida del río que dio al traste con los arreglos efectuados en noviembre y además segó la vida de una persona que aún está desaparecida. Aparecen denuncias por negligencia en las alertas y cuestionamientos sobre las obras realizadas.

Los 190 mil metros cúbicos de tierra del derrumbe que el 19 de octubre pasado ocasionó una emergencia y que mantuvo 17 días sin agua a Manizales, son poco en relación con los 500 mil metros que en la madrugada del martes pasado se desprendieron por la misma ladera, en cercanías a la planta de tratamiento Luis Prieto. En consecuencia el cauce del río Chinchiná se aumentó en 150 metros hacia los costados, dejando a su paso damnificados, pérdidas económicas y una persona fallecida.

“Ante el daño de los tubos que se habían instalado en la planta Luis Prieto para solucionar la anterior emergencia, ahora estamos usando la planta de Niza, que surte 600 metros cúbicos por segundo. Manizales requiere 1.000 metros cúbicos por segundo y por eso estamos dando entre diez y doce horas de líquido por día al 75% de los barrios”, expresó Álvaro Andrés Franco, gerente de la empresa Aguas de Manizales. Sin embargo, unas 98 mil personas no tienen siquiera el agua racionada y les toca recogerla con canecas en los 85 vehículos repartidores o en alguno de los 147 tanques ubicados en puntos estratégicos.

“Desde el martes no han llegado ni agua ni carrotanques al barrio Colseguros, que es donde yo vivo. Nos ha tocado hacer tres y cuatro viajes diarios en el carro de mi esposo para recoger agua”, manifiesta Vanessa Arias, de treinta años, mientras hace fila en la Plaza de Bolívar.

La empresa Papeles Nacionales ha sido una de las más afectadas, porque en sus instalaciones del barrio Lusitania el lodo arremetió con toda la fuerza, averiando maquinaria y destruyendo producción. Varias discotecas en el mismo sector padecieron daños similares. En La Providencia, poblado de casas suburbiales, las autoridades evacuaron preventivamente a trece familias.

Denuncias y cuestionamientos

Mario Cárdenas y sus familiares vivían en tres viviendas conjuntas del barrio Chupaderos (municipio de Villamaría, adjunto a Manizales), cuyos primeros niveles quedaron hasta el techo de fango. Aunque doce integrantes de la familia se salvaron “de milagro porque mi mamá escuchó el trueno de la avalancha y nos avisó para salir por la parte de atrás de las casas”, el abuelo no corrió igual suerte. Su nombre era Carlos Enrique Ríos y se lo tragó el lodo, igual que a un bus y a cuatro vehículos particulares. Apenas el jueves, dos días después de lo sucedido, llegaron unidades de bomberos de Villamaría para realizar la búsqueda del señor fallecido. Hasta ayer en la tarde (viernes) no lo habían encontrado. “Después de haber bajado la avalancha sonaron las alarmas, no antes. Usted les puede preguntar a los vecinos y a los de Lusitania —al otro lado del cauce, jurisdicción de Manizales— y verá que es cierto. Vinieron a alertar cuando ya la gente se había salido de las casas”, denuncia Cárdenas.

Al respecto, el comandante de Bomberos de Villamaría, capitán Jairo Alarcón, señaló que en su municipio no había una red de alerta que pudiera advertir en tiempo real a la población sobre el advenimiento de una avalancha. Sandra Inés López, directora de la Oficina Municipal Para la Atención y Prevención de Desastres de Manizales (Ompad), no respondió al cuestionamiento.

Entre algunos sectores de la opinión pública de la capital caldense se dice que la nueva emergencia pudo haberse evitado si se hubieran realizado con calma los trabajos de reparación en la planta Luis Prieto, en octubre, y que los arreglos se hicieron de afán para calmar a la ciudadanía, que se mostraba indignada por la situación.

“Cuando se presentó la avalancha del 19 de octubre en el sector de Gallinazo, si no hubiésemos empalmado los tubos en este mismo alineamiento nos hubiéramos demorado alrededor de 3 y 4 meses entre desarrollar un nuevo diseño y demás trabajos. Esto no lo hubiese soportado la ciudad, por lo tanto, la solución rápida era ubicarlos en el mismo sitio donde estaban alineados los tubos”, defendió el gerente de Aguas de Manizales. Esos arreglos costaron 3.900 millones de pesos.

Una ladera peligrosa

Juan David Arango, director de Corpocaldas, asegura que desde la corporación se invirtieron cerca de $250 millones en el análisis de la ladera que ocasionó la avalancha y éste evidenció unas grietas riesgosas en la parte alta de la misma que, sumadas a la lluvia caída en las últimas semanas, ocasionaron el derrumbe.

“Teníamos la alternativa de usar explosivos para controlar la ladera, pero fue descartada por los expertos porque el terreno no se comporta bien frente a una onda explosiva. La otra opción era usar agua a presión para ocasionar un deslizamiento controlado, pero se consideró muy riesgosa”, afirmó Arango. Lo que hizo entonces Corpocaldas fue advertir a la Ompad sobre la posibilidad de una avalancha causada por derrumbe. A este organismo, así como a las autoridades preventivas de Villamaría, les correspondía establecer las alertas y evacuaciones de las viviendas e industrias localizadas en el margen del río Chinchiná.

Por Felipe Motoa Franco

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