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La ruta del peligroso cianuro

Comercializadores del producto solicitan la construcción de una vía para su transporte seguro.

Luisa Pulido Rangel

07 de septiembre de 2008 - 01:10 p. m.
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Desde hace cerca de 10 años, Éimer Vargas Vargas les vende cianuro a los mineros del sur de Bolívar. Dice que nunca había tenido un accidente con el químico, pero en la madrugada del sábado 30 de agosto, 96 canecas que transportaba en ferry cayeron al río Magdalena y de no ser por el amplio operativo que iniciaron las autoridades, se hubiese podido generar una tragedia ambiental de proporciones gigantescas. Hasta ese día, sin embargo, era un verdadero enigma la peligrosa ruta del cianuro, su importación, transporte y comercialización.

El pasado 5 de agosto, 25 días antes del incidente en el río Magdalena, un cargamento con 356 canecas de cianuro provenientes de Busan, Corea, arribó al Puerto de Buenaventura. Éste salió de allí once días después con destino a la sede de Insuminer (empresa importadora) en Bucaramanga.

Casi dos semanas después apareció Éimer Vargas. Allí, en la importadora, hizo un pedido de 96 canecas de cianuro y pagó por ellas cerca de $33 millones. Una cuantiosa cifra para un cliente que compraba dos o tres veces al año. Vargas necesitaba el producto. Sabía que sus clientes no querían perderse ni por un minuto la bonanza minera. Por eso, con eficiencia las canecas fueron llevadas en un camión desde la capital santandereana al municipio de Gamarra, Cesar. Allí, como siempre, estaba esperando un ferry que durante siete horas atravesaría el río Magdalena hasta llegar a su destino final: Cerro Burgos, en Bolívar.

En el puerto todo parecía ir bien. El inspector fluvial de Gamarra, Wiston Pezoti, revisó la planilla y certificó que todo estaba en orden para zarpar hacia las 10 de la noche. Un recorrido que se prolongaría hasta las siete de la mañana del sábado. Pero tres horas más tarde y por causas que aún se están investigando, siete de los doce carros que llevaba el ferri se fueron al agua, al igual que las canecas de cianuro, víveres, alimento para animales y canastas de cerveza para esas poblaciones lejanas del sur de Bolívar.

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El vendedor de cianuro

Tras el incidente de las canecas de cianuro, Éimer Vargas llegó a las pocas horas a Bodega Central, corregimiento de Morales, Bolívar. El domingo 31 de agosto, buzos intentaban recuperar desde las profundidades cada una de las canecas para evitar que el cianuro provocara una emergencia sanitaria y ambiental en este río. Rápidamente fue descartada una posible contaminación del agua con la peligrosa sustancia, pero aún hoy no han podido ser rescatadas todas. Faltan dos.


Éimer Vargas sostiene que “la única forma de transitar los camiones es por el río Magdalena. Es que nosotros quedamos aislados”. La queja radica en que, salvo ese ferry, no hay medios de transporte que comuniquen a Gamarra con el sur de Bolívar.

De cualquier manera, desde el mismo día de la emergencia se inició la investigación para identificar a los responsables. Las autoridades investigan si se trató de un caso de contrabando, puesto que cuando este producto es importado legalmente, las canecas deben tener una etiqueta en español y éstas no la tenían. Por ello toma importancia esta teoría. Se cree que el producto venía de venezuela. El Espectador se comunicó con Insuminer y la empresa entregó una factura de compra y una declaración de importación ante la Dirección de Impuestos y Aduanas.

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La investigación también busca establecer si se dijo la verdad sobre la carga y si la transportaron con las medidas de seguridad necesarias. El Gobierno sospecha que se omitió información sobre lo que en realidad se transportaba. El dueño del ferry sostiene que, aunque dos veces al mes se llevaba este cargamento, nunca se le dijo que era el peligroso cianuro. Pero el viceministro de Transporte, Gabriel García, se niega a creer esta razón. Por eso se investigan las quejas de corrupción sobre los inspectores fluviales por la falta de revisión de la carga, porque, al parecer, quien dio el permiso no sabía del contenido de las canecas.

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Las autoridades también se preguntan por qué, si el producto se vende en Medellín, éste viene de Bucaramanga. Además por qué razón, si es prohibido que los conductores de los carros que transportaba el ferry viajen entre los vehículos, algunos lo hacían. De hecho, al parecer, un conductor estaba dormido y fue rescatado cuando ya tenía el agua al cuello.

La Superintendencia de Puertos encontró que la licencia del ferry, perteneciente a la empresa Servicios de Ferrys de Colombia, estaba en regla. El camión del cianuro, de placa SRX 293 y matriculado en Transportes Villa de San Carlos, es propiedad del mismo dueño del cianuro, Éimer Vargas.

Con la emergencia que pudo evitarse en el río Magdalena se hizo evidente el drama de quienes viven en zonas apartadas del país y que para tener acceso a los víveres y alguna posibilidad de trabajo, deben esperar la llegada de un ferry a la madrugada, porque no hay más opción.

Por Luisa Pulido Rangel

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