13 Dec 2019 - 3:00 a. m.

La soledad del Pacífico caucano

En Timbiquí, Guapi y López de Micay, estructuras del Eln y disidencias de las Farc se disputan los flujos del narcotráfico y la minería ilegal.

Camilo Pardo Quintero / camilopardoq22

Los tres municipios apenas tienen las posibilidades  básicas para interconectarse entre ellos. / Camilo Pardo
Los tres municipios apenas tienen las posibilidades básicas para interconectarse entre ellos. / Camilo Pardo

Timbiquí, Guapi y López de Micay son los únicos tres municipios de Cauca que tienen salida al mar. Por la importancia que tiene el océano Pacífico en la economía colombiana y por la relativa cercanía en lancha que tienen estos tres lugares con el puerto de Buenaventura, Valle del Cauca, se podría creer que estas zonas son el eje transversal de un departamento que es tan diverso como violento y marginado de los intereses de nivel nacional. Nada más errado que eso.

Tanto Guapi como López de Micay y Timbiquí apenas tienen las posibilidades estrictamente básicas para interconectarse entre ellos. Tres o cuatro veces por semana salen vuelos de Satena o Transporte Aéreo Colombiano (TAC) desde y hacia Cali, pero con un acceso restringido para el ciudadano de a pie; tales lujos no se los puede dar casi nadie, lo cual recorta las posibilidades de transporte a lancha o chalupa.

Para hacer un estimado general, desde Buenaventura hasta el pequeño puerto de Timbiquí, una lancha rápida puede tardar cerca de cuatro horas. Mientras que de Timbiquí a Guapi, atravesando un río y un tramo de mar, se puede estar hablando de un viaje cercano a las dos horas. En cuanto a la llegada a López de Micay, el tiempo estimado es más relativo, porque de los tres municipios, este es el que tiene su casco urbano más hacia la selva. De hecho, llegar allí depende más del clima y de los niveles de lluvia, pues el río Micay tiene más meandros que el río Timbiquí o el mismo Guapi.

El tema de la construcción de vías en estos municipios es tan solo una ilusión. No hay rutas que conecten con el centro (Popayán) o el norte del departamento (Santander de Quilichao). Según Ceveliano Plazas y Romario Grueso, pobladores de la zona, desde finales de los años 80, cuando en Colombia se comenzaron a elegir autoridades departamentales y municipales mediante voto popular, un sinfín de candidatos tuvieron como bandera de campaña la construcción de vías intermunicipales, pero con ideas indiscriminadas, alejadas de la realidad u olvidando por momentos la existencia del Parque Nacional Natural Munchique.

José Víctor Amut, diputado electo en el departamento de Cauca dice que la construcción de una vía “decente” debe evaluar minuciosamente los reglamentos de estos parques naturales para encontrar posibilidades de construir cerca a él algún tramo o encontrar otras posibilidades, “aunque sean más largas.” Y así conectar al Pacífico caucano con el resto del departamento.

Asimismo, en temas de malla vial dentro de los cascos urbanos de estos municipios existe un común denominador: calles destapadas por doquier. No hay carros y la única forma de desplazarse, además de las contadas motocicletas que se ven, es por medio de los ‘tuk-tuk’, vehículos similares a los mototaxis.

La suma de fenómenos económicos, sociales y geográficos han creado las condiciones para que el Pacífico caucano sea un territorio clave para grupos como el Eln o las disidencias de las Farc. De acuerdo con un informe revelado en noviembre de 2019 por InSight Crime, grupos pos-Farc como la columna Jaime Martínez, la columna Dagoberto Ramos, el frente disidente Estiven González y el frente 30-Fuerzas Unidas del Pacífico, han aprovechado la ausencia de cuerpos del Estado para formar redes que trabajen sobre la extracción de oro, de manera ilegal, y a su vez formen agrupaciones militares que se disputen el territorio y dichas economías ilegales con el Eln.

 

Dinámicas de violencia

Informes de la Fundación Ideas Para la Paz (FIP) e InSight Crime revelan que en zonas del Pacífico colombiano, como Tumaco (Nariño), mediante disputas entre el Eln y el Clan del Golfo; Buenaventura (Valle del Cauca), a través de disputas entre mafias y grupos armados no identificados, o zonas con cercana salida al océano Pacífico, como el Urabá chocoano y antioqueño, con fuerte influencia territorial del Clan del Golfo y el Eln, son las que llevan el hilo conductor del conflicto armado en el occidente del país.

Desde hace algunos meses, El Charco, Nariño, ha acaparado la atención de algunos medios a nivel nacional por ser uno de los “municipios de moda” para cultivar coca y trasladarla al océano Pacífico para llevarla hacia México y Centroamérica. Siendo El Charco una zona tan cercana al Pacífico caucano, especialmente a Guapi, ¿por qué no se habla de esta región si su relación con las drogas es similar a la de algunos municipios del norte de Nariño?

Según Plutarco Marino Grueso, alcalde electo de Guapi, “a nivel nacional, e incluso departamental -porque somos invisibles para Popayán- no se habla de nosotros porque el Estado no llega hasta acá. Es paradójico que nuestro casco urbano esté militarizado por parte de la Marina, porque alguien de afuera pensaría que el Gobierno nos tiene en cuenta por la presencia de la Armada Nacional, pero la realidad es que las condiciones las ponen en su mayoría los grupos armados ilegales”.

A pesar de que el alcalde dice que no existen toques de queda en Guapi, defensores de DD. HH. del municipio piensan lo contrario. Una lideresa en materia de defensa de derechos civiles, quien pidió ser llamada Arusha, afirma que “si alguien externo quiere entrar a Guapi debe tener el consentimiento del alcalde y de las demás autoridades políticas, que se encargan de hablar previamente con los grupos armados ilegales para contar con las medidas de seguridad correspondientes. Esto excluye a los mexicanos que llegan al puerto para verificar el proceso de transporte de la cocaína que sale desde acá y El Charco hacia su país”. Sobre las medidas de seguridad en el municipio, Arusha precisa que “de resto, todo es incertidumbre porque llevamos más de cuatro meses con toques de queda desde las 7:00 p.m. A esa hora y hasta la madrugada se escuchan los disparos de los enfrentamientos entre Eln y disidencias. Somos gente buena y queremos paz de una vez por todas”.

Si bien los tres municipios del Pacífico caucano tienen niveles de violencia altos e invisibilizados por el Estado, el caso de Guapi, cabecera municipal, es más preocupante al tener mayor presencia de grupos armados y al contar con una localización geográfica que lo ubica entre el mar y las selvas nariñense y caucana, donde los flujos de narcotráfico y disputas territoriales son el pan de cada día.

De hecho, altas cantidades de dinero que fluctúan por esta zona del Cauca provienen de economías ilegales, por lo que no es raro que los grupos armados como el Eln o las disidencias de las Farc opaquen lo que pueda ingresar desde el Gobierno Central, en clave de los ingresos corrientes de libre destinación. InSight Crime reportó, con base en información recibida de las autoridades, que en López de Micay ingresan anualmente $1.500 millones provenientes de minería ilegal. Este auge fue principalmente en el período en el que la columna Jaime Martínez, encabezada por Léider Johany Moscué, alias Mayimbú, tenía el control de las economías ilegales de la zona.

 

El papel de los líderes sociales

Según la Defensoría del Pueblo, Cauca, Antioquia, Nariño y Chocó son los departamentos con más líderes sociales asesinados y amenazados. En Timbiquí, la Fundación Pensamiento y Acción Social (PAS) abrió un espacio para un encuentro regional de líderes sociales, al que llegaron decenas de personas para hablar del papel que cumplen en sus comunidades a pesar de las amenazas de grupos armados. “Es necesario visibilizar a los líderes y lideresas sociales del Pacífico caucano, porque desde sus convicciones y su labor en la defensa de derechos étnicos y territoriales necesitan articular esfuerzos con las instituciones”, afirmó Irma Perilla, directora de la Fundación.

En los ojos de personajes como Maio, Cevelino, Noira, Elber, Nito y demás líderes de proyectos sociales no hay espacio para ver el dolor. Saben lo que se vive en sus regiones, han sido amenazados y han tenido que abandonar lo que más quieren. Aun así, se preocupan más por el bien del otro, por el cuidado de los intereses de los jóvenes, de los derechos de las mujeres -en un lugar que es tan alejado como machista- y que a pesar de la adversidad siguen en pie esperando que con su granito de arena hacia su comunidad construyan paz.

Maio, mediante proyectos culturales dirigidos a jóvenes, para que se alejen de las armas. Noira, consolidando grupos de mujeres en López de Micay, para fortalecer el enfoque de género, los proyectos productivos y el desarrollo social de las mujeres. Y personajes como Elber y Cevelino que impulsan la Ley 70 de 1993, relacionada con los derechos étnicos y territoriales de las poblaciones rurales.

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