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9 Oct 2020 - 12:00 p. m.

La violencia en el norte del Cauca se agudizó desde la salida de las Farc como actor armado

Esa es una de las conclusiones del nuevo libro de Ariel Ávila, titulado “¿Por qué los matan?” y publicado por editorial Planeta. El Espectador reproduce el capítulo de esta obra que explica el fenómeno de la violencia y sus dinámicas en el Cauca.

Ariel Ávila

Portada de "¿Por qué los matan?", el nuevo libro de Ariel Ávila. En el texto se concluye que, en promedio, cada día asesinan a dos líderes o lideresas sociales en Colombia.
Portada de "¿Por qué los matan?", el nuevo libro de Ariel Ávila. En el texto se concluye que, en promedio, cada día asesinan a dos líderes o lideresas sociales en Colombia.
Foto: Planeta

Las dinámicas de seguridad no son homogéneas en el departamento. Para el caso de la subregión del norte, conformada por los municipios de Buenos Aires, Caloto, Corinto, Guachené, Miranda, Padilla, Puerto Tejada, Santander de Quilichao, Suárez, Villarrica, Jambaló, Caldono y Toribío, la situación de violencia ha sido más aguda desde la salida de las Farc como actor armado. En estos municipios, con excepción de Guachené y Villarrica, las Farc fueron el actor armado hegemónico, por lo cual desde el inicio de la fase pública de negociaciones, esa subregión registró una disminución paulatina en su tasa de homicidios y llegó en 2016 a 33,11. Sin embargo, la violencia homicida se mantenía invariable, por encima del promedio nacional, que para el mismo año estaba en 23,65 por cada 100.000 habitantes.

En 2018, el norte de Cauca experimentó, al igual que el departamento, un repunte en el nivel de violencia homicida, debido, en gran medida, a la reconfiguración territorial del poder ilegal liderado por las llamadas disidencias o grupos armados posfarc de los frentes 6, 30 y de las columnas móviles Miller Perdomo y Jacobo Arenas. Si bien el Eln y el Epl incursionaron y se establecieron en el territorio, la consolidación de los grupos armados posfarc mantuvo replegadas estas estructuras armadas con acciones esporádicas en algunos municipios de la subregión.

En 2019 la Defensoría del Pueblo emitió dos Alertas Tempranas que señalaron el riesgo de violencia contra comunidades del norte del departamento. La advertencia 033 de 2019 identificó el municipio de Buenos Aires con alto riesgo de violencia, en particular los habitantes de la zona rural del Resguardo Indígena Cerro Tijeras, la Asociación de Consejos Comunitarios del Norte del Cauca (ACONC), líderes y lideresas de JAC y también excombatientes de las Farc que desarrollaron actividades de reincorporación en el ETCR la Elvira, en el municipio de Buenos Aires.

El riesgo para estas comunidades se ha dado por la expansión del Eln a través de la compañía Milton Hernández, la llegada del Epl o Pelusos a través del Frente Andrey Peñaranda Ramírez y el acelerado crecimiento de los grupos armados posfarc. Por supuesto, esta reconfiguración armada obedece a distintos factores, entre ellos la importancia geoestratégica del corredor hacia el Pacífico del Norte de Cauca que colinda con el Valle del Cauca. En ese escenario el río Naya tiene un lugar central por el desarrollo de actividades de narcotráfico, transporte de armas, abastecimiento de estructuras armadas ilegales y actividades de minería en las riberas. Sumado a lo anterior, todas las cadenas de producción del clorhidrato de cocaína, desde el cultivo de coca hasta el cristalizadero y la ruta para el narcotráfico internacional.

A comienzos de 2019, las llamadas disidencias de las Farc se habían consolidado como el grupo armado dominante del departamento. Incluso, hicieron circular un panfleto en el que distribuían el territorio de la siguiente manera: la cordillera Central estaría a cargo de la Columna Móvil Dagoberto Ramos y la zona del Naya a cargo de la Columna Móvil Jaime Martínez, que recoge miembros de los extintos frentes 30 y 6 y también de las Columnas Móviles Miller Perdomo y Jacobo Arenas (Alerta Temprana 033-19, 2019).

Según la Defensoría del Pueblo, este grupo ha repelido las acciones de otros actores armados, como el Eln y el Epl, y los ha obligado a replegarse a otros municipios y ha emprendido acciones bélicas contra el Batallón Pichincha y el Batallón de operaciones terrestre 109, ubicado en Timba. Se puede afirmar que este grupo armado posfarc tiene un proyecto de expansión que se expresa en el incremento del reclutamiento forzado, la integración de otros excombatientes que por distintas razones regresan a las actividades ilegales, entre ellas por la intimidación y la amenaza del mismo grupo, y por la inclusión de miembros de otras estructuras armadas ilegales debido a ofrecimientos económicos.

Así mismo, en la Alerta Temprana 035-19 fueron señalados cinco municipios del norte de Cauca con riesgo extremo de violencia electoral: Suárez, Corinto, Santander de Quilichao y Miranda. También Argelia, ubicado en la zona sur del departamento. El riesgo se asocia principalmente a la presencia de múltiples estructuras armadas ilegales, a la debilidad en materia de implementación del Acuerdo de Paz y a la falta de efectividad de las Fuerzas Militares a pesar del incremento significativo de su pie de fuerza en la macrorregión suroccidental, compuesta por los departamentos de Nariño, Cauca y Valle del Cauca (Alerta Temprana 035-19, 2019).

La confrontación en el norte de Cauca se asocia, por un lado, con la disputa de la ruta del Naya y, por el otro, a los conflictos entre narcotraficantes que operan en Jamundí, Valle del Cauca, y en el norte de este departamento.

Argelia y El Tambo: el paso al sur del país

Los municipios de Argelia y el Tambo tuvieron históricamente presencia de las Farc y del Eln. Luego de la firma del Acuerdo Final y el posterior desarme de las Farc, el Eln consolidó su dominio sobre el territorio, pero aparecieron pequeños grupos al servicio de narcotraficantes colombianos y mexicanos y se mantuvieron con un perfil bajo en ambos municipios.

Como se observa en la gráfica, entre 2014 y 2017 el número de homicidios en los dos municipios se mantuvo por debajo de las tasas nacional y departamental. No obstante, en 2018 experimentaron un incremento vertiginoso, especialmente en el municipio de Argelia, que en 2017 pasó de tener una tasa de homicidios de 7,35 a 87,42 en 2018 y se mantuvo en 86 hasta septiembre de 2019.

Durante 2019, la situación de seguridad se vio alterada por la entrada del grupo armado posfarc frente Carlos Patiño, que, a diferencia de las estructuras que operan en el norte del departamento, provenía desde Nariño del extinto frente 29 de las Farc. Según fuentes en territorio, la oleada de violencia homicida empezó en marzo, cuando este grupo se presentó ante las comunidades del corregimiento de El Diviso, en Argelia, con brazaletes de las extintas Farc y posteriormente reclutó, según las comunidades, a ocho jóvenes.

Luego, el grupo llegó al corregimiento de El Plateado, donde fue notable su poderío con armamento de guerra, uniformes y camionetas de alta gama. Allí anunciaron la llegada de más hombres provenientes del municipio de Patía, que también limita con El Tambo. En respuesta, el Eln, a través del Frente José María Becerra, arremetió el 29 de marzo y sostuvieron un enfrentamiento que tuvo como resultado la muerte del comandante del grupo posfarc.

Tras el golpe recibido, el frente Carlos Patiño se replegó hacia la vereda La Playa, cerca al corregimiento de Sinaí, pero el 7 de abril llegó a esa zona un grupo élite del Eln para confrontarlos. Se produjo entonces otro combate en el que varios miembros del Eln cayeron muertos, lo que llevó a esa guerrilla a replegarse. Esta debilidad fue aprovechada por el grupo posfarc, que llegó al corregimiento de Puerto Rico e instaló un retén en la vía. Desde mediados de abril han ocurrido asesinatos selectivos cometidos por estas dos estructuras armadas contra personas que señalan como colaboradoras de uno u otro grupo, o de la fuerza pública.

Para 2018, según la UNODC, el departamento de Cauca contaba con 17.117 hectáreas de coca sembradas de las 169.018 del país, es decir, el 10 %. A su vez, más del 80 % de los cultivos en ese departamento están concentrados en cinco municipios: Argelia, López de Micay, Piamonte, Timbiquí y El Tambo. Este último representa el 42 % del total de hectáreas cultivadas en el departamento. Es importante destacar que en los centros poblados de Sinaí y El Plateado (Argelia), Uribe (El Tambo) y Santa Cruz de Sagún (López de Micay) se concentra buena parte de la coca.

Los campesinos e indígenas propietarios de los terrenos no sólo son los encargados de sembrar, abonar y fumigar, sino que en algunos casos también “raspan” o “desmoñan”, es decir, deshojan las plantas de coca y marihuana, particularmente en Argelia y El Tambo. Se tiene conocimiento de que en los municipios de Caloto, Corinto y Miranda existen laboratorios de procesamiento de estas plantas. Los propietarios de estos laboratorios contratan algunas mujeres de la zona para que les cocinen, pero su relación estrecha la tienen con miembros del Eln, aunque otrora las Farc tenían el negocio.

En medio de esta confrontación es imposible no tener riesgo en el liderazgo y en muchos casos los líderes son amenazados porque entran y salen de una zona debido a las labores de reivindicación de derechos. A veces, incluso, salen a citas médicas, pero el solo hecho de entrar o salir del territorio los convierte en objetivo de las estructuras ilegales porque los ven como infiltrados que sacan información. Por ello, también, los docentes de escuelas y colegios son vistos como agentes perturbadores.

La actual victimización del movimiento social es una de las más intensas que se hubiesen vivido en la región, apenas comparable con la época de la guerra sucia que llevó al exterminio de la UP. La pregunta es si el movimiento aguantará esta arremetida tan intensa.

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