15 Sep 2020 - 12:00 a. m.

Las cuerdas vocales del Taser

Renson Said

Renson Said

Columnista

Según algunos informes de prensa, las fuertes y sucesivas descargas eléctricas que un agente de la Policía Nacional le aplicó con su pistola taser al estudiante de derecho Javier Ordóñez fue apenas uno de los motivos que provocaron su muerte. Luego en el CAI le partieron el cráneo a golpes. Una descarga igual o superior a 50 miliamperios de manera prolongada, que es más o menos lo que recibió Javier Ordóñez, es como si un caballo le hubiera destripado el corazón de una patada. En ambos casos, el resultado iba a ser fatal.

Esto es, triste decirlo, la expresión física de algo más profundo que nos está matando a todos en Colombia, lentamente, a toda hora: la descarga eléctrica del taser verbal en las redes sociales.

Los líderes deben entender que están allí para orientar, para reflexionar, para promover iniciativas de cambio que puedan ayudarnos a salir de esta historia cíclica de violencia. Pero uno abre el twitter y le caen enseguida los primeros 50 miliamperios a quemarropa:

— “Mejor toque de queda del Gbno Nal, Fuerzas Armadas en la calle, con sus vehículos y tanquetas, deportación de extranjeros vándalos y captura de autores intelectuales”, trinó Álvaro Uribe desde El Ubérrimo, su finca por cárcel.

A lo que Gustavo Petro responde:

— “¿Desde la cárcel un sindicado maneja el país y lo lleva a la violencia?”

Y enseguida Paloma Valencia dispara su taser:

— “Un desmovilizado como usted no puede esconder el regocijo y placer que le produce la violencia. Todo el tiempo buscando pretextos para dañar. No invite al odio, no genere violencia, no fomente el caos”.

Y cuando uno está en el suelo temblando, electrocutado, pasmado por el nivel de discusión de los honorables senadores, interviene la senadora Margarita Restrepo:

— “La izquierda carnívora tiene un propósito claro: incitar al caos para luego culpar al gobierno de los desmanes; quieren legitimar el vandalismo y deslegitimar la Policía. La estrategia es clara, primero crean el problema para luego plantear una ‘solución’ del problema que crearon”.

Se acusan sin pruebas, se insultan de la peor manera: guerrillero, terrorista, paramilitar, nuevas Farc, narcoterrorista, asesino, violador.

Habla el taser recargado del senador Carlos Felipe Mejía:

— “Se les llena la boca hablando de ‘paz’, pero no pierden la oportunidad de instigar caos y destrucción. Usan sus redes para llamar a la desobediencia, que luego termina convertida en muchas violencias. Ojalá la justicia se encargara de esta gente, porque lo que hacen es criminal”.

Y lo criminal es lo que están haciendo, peleándose a dentelladas por el derecho a tener la razón. No alcanza uno a tomar aire cuando Paloma Valencia saca de su bolso su pistola taser que le sirve de maquillaje verbal:

— “Esa izquierda que está enferma por el poder considera que llevar a Colombia al fracaso les abre las puertas para que la ciudadanía los elija. Alerta ciudadanos, quien no construye en momentos difíciles, tampoco construirá en los fáciles”.

Están en campaña y por eso se destrozan en las redes sociales. El país los necesita serenos, pero ellos hablan con el lenguaje de la descarga eléctrica mientras el cuerpo tendido de un país cansado, se desangra.

Y así va todo: en la rebatiña por el poder de los que no se quieren ir y de los que quieren llegar, nadie mira los muertos. O sí: es para culpar al otro.

El cadáver del abogado Javier Ordóñez tuvo el triste final de servir de pancarta política para la campaña del 2022, en un momento en que no solo los políticos, sino los tuiteros de profesión y los ideólogos de redes sociales, se expresan con la descarga eléctrica en las cuerdas vocales de una pistola taser

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