El 30 de octubre de 2011 un aviso de la Registraduría Nacional dejó pasmados a los habitantes del municipio de Tena, Cundinamarca. “El Colegio Departamental Fidel Cano no es apto para las votaciones por la Alcaldía, porque representa un riesgo para los votantes”. “¿Es un lugar de alto riesgo para las votaciones y no para los 350 niños que van allí 240 días del año?”, se preguntan los profesores y estudiantes de la institución educativa del municipio, quienes siguen asistiendo todos los días al plantel sin saber en qué momento se puede derrumbar un salón por una tormenta o un temblor.
Su incertidumbre es la misma que viven los niños que asisten a las 2.070 sedes educativas del departamento, que representan el 50%, y en este momento también están en riesgo.
El colegio, que desde la montaña se ve como un rectángulo de ladrillo, tiene grietas en todos los salones desde 1972, cuando se fundó. La única persona del colegio que ha estado allí desde que los arquitectos hacían los planos y los obreros despejaban el lote inclinado para construirlo, es el celador. Le dicen “Chucho”. “La verdad es que desde que lo estaban construyendo los contratistas rendían el cemento. Construyeron un bloque, luego vinieron unas personas a hacer la parte de las canaletas y vea, se robaron la plata”. Lo que dice el vigilante sobre las canaletas es cierto; ninguna supera los 40 cm de ancho y las inundaciones en el colegio son frecuentes desde el año 2011.
A la ausencia de canales que funcionen se suman los espacios entre las tejas y las aguas negras que desembocan allí, propiciando constantes inundaciones. Así lo explica Carlos Ortiz, coordinador de la institución: “El lote en donde está el colegio está inclinado y las aguas residuales del pueblo bajan y los canales no aguantan, por eso la humedad y las grietas”.
El problema se refleja en la psicología y la salud de los estudiantes. “Ellos no se sienten bien con el colegio porque no es bonito y está que se cae, y eso los desmotiva para estudiar. Si siguen bajando aguas negras e inundan los baños, pueden presentarse problemas de dermatitis u otras enfermedades. Las soluciones hasta el momento han sido pequeños remaches, pero nada serio”, comenta Rubiela Méndez, profesora que dicta la cátedra de Ciencias Sociales desde hace 18 años.
Caballero argumenta que el problema es de recursos y de voluntad por parte de la Alcaldía de Tena. Para atender las sedes necesitamos que el municipio haga la solicitud y presente un proyecto. Hasta el momento, los alcaldes que han pasado por Tena no han realizado ninguna petición. Sin embargo, se buscarán alianzas estratégicas con otras entidades para que nos apoyen con recursos y así mejorar la situación del colegio”.
La idea del alcalde de Tena, Víctor Moreno, es construir el colegio nuevamente en un lote que está en ruinas, y que es conocido por los habitantes como “El Beneficiadero”. Según Moreno, “el colegio toda la vida ha estado en mal estado. Sin embargo, en este momento no hay recursos, la única opción por ahora es hacer uno en ‘El Beneficiadero’, pero es un lote pequeño y la construcción no está por debajo de los $4.000 millones”.
A la construcción del colegio en “El Beneficiadero” se oponen tanto el rector del colegio, Enrique Serrato, como los estudiantes. Para una estudiante del colegio que pidió omitir su nombre, las razones son obvias: “Primero, ese lugar es turístico. Segundo, no hay espacio para un área deportiva y tampoco tiene las condiciones adecuadas; hay una quebrada al borde y se arma un barrial”.
La última opción, que al parecer es la más viable, es la del Ministerio de Educación. El proyecto para reubicar el colegio se desarrollará a través del área de Colombia Humanitaria del Ministerio y la Organización Internacional de Migraciones (OIM) realizará el diagnóstico. Según ellos, la primera fase, en donde se instalarán 12 aulas temporales, estará lista en tres meses. Como el colegio no está como caso prioritario en el Fondo de Adaptación, la reconstrucción y reubicación de la institución dependerá de los recursos que consiga el Ministerio en lo que queda del año.
Las soluciones desde el Colegio, tal y como lo manifiesta Serrato, dependen de otras entidades: “El municipio no tiene recursos y el colegio menos. Con $40 millones que tenemos para calidad no podemos hacer mucho, nos toca gastar en materiales didácticos, libros, etc. No alcanza para infraestructura”.
Al problema de la fragilidad de los salones se suman otros que, según comentan los estudiantes, son más urgentes. Los alumnos con menos recursos, por ejemplo, a veces no pueden asistir a clases, porque el transporte cuesta $1.500 y sus padres ganan $8.000 diarios. Deben decidir: comer o ir al colegio. Además, falta un aula, las tuberías del baño no aguantan y no hay curas para primeros auxilios.
A pesar de esto, los estudiantes del colegio Fidel Cano madrugan todos los lunes para limpiar el barrial que ha dejado la lluvia y, aceptando la realidad del colegio, han buscado instrumentos para primeros auxilios, se han reunido con el alcalde y se encargan diariamente de practicar las rutas de evacuación en caso de que algo allí se derrumbe.