8 Dec 2020 - 5:24 p. m.

Las masacres que desangran a Colombia

En este texto, Ariel Ávila, de la Fundación Paz y Reconciliación (PARES) evalúa los principales factores que han llevado al aumento de las masacres en 2020. Dice que el narcotráfico, como ha insistido el Gobierno, no es lo único que explica la degradación de la seguridad.
Ariel Ávila

Ariel Ávila

Columnista

En 1997, cuando comenzó la primera expansión paramilitar de las AUC, se produjeron 111 masacres, al año siguiente, la cifra fue exactamente igual. Si bien, el conflicto armado colombiano duró varias décadas, lo cierto es que, entre 1997 y el 2005, fue la verdadera guerra, en esos años se produjeron más del 50% de las víctimas. En lo que va de 2020 se han producido 77 masacres, en 2019 fueron 35, en 2016, cuando se firmó el Acuerdo de paz, se presentaron 25 masacres y al año siguiente fueron 12, la cifra más baja en muchos años. El deterioro de 2020 preocupa en muchos sectores sociales y políticos.

A este ritmo, a final de año, la cifra podría ser de 80 masacres o un poco más, lo cual mostraría el deterioro en materia de seguridad que se ha producido en los últimos meses. El siguiente mapa muestra la ubicación geográfica de estas masacres para el año 2020. Como se ve, es un fenómeno que se concentra geográficamente y hay varios departamentos que, literalmente, se desangran, pues a estas masacres se les debe sumar el asesinato de líderes sociales, los homicidios y las disputas entre organizaciones criminales.

Si bien, el gobierno nacional ha culpado de este deterioro de la seguridad al narcotráfico, lo cierto es que, el fenómeno, en territorio es más complejo. Colombia estaría cruzando lo que podría denominarse una tormenta perfecta en términos criminales. Serían tres los factores que explican este deterioro.

Por un lado, lo que se conoce como un empate técnico en la disputa territorial entre organizaciones criminales y grupos armados ilegales. Luego de la dejación de armas de las FARC varios territorios entraron en disputa criminal, en teoría, las disputas debían durar máximo dos años, pero son casi tres y nadie gana esa guerra. Cuando fue la desmovilización paramilitar, entre 2003 y 2006, las disputas duraron cerca de 24 meses y a medida que pasaba el tiempo los más fuertes iban cooptando a los débiles. Al final, se creaban hegemonías criminales regionales y la violencia bajaba. Según la Fundación Paz y Reconciliación -PARES-, varias regiones del país están en lo que se podría denominar empastes técnicos criminales: En varias regiones hay disputas entre 4 o más grupos criminales, todos con una fortaleza similar. Nadie gana, se avanza un día y al otro se retrocede, tal situación lleva a una degradación de la violencia y a la utilización de las masacres para ganarse la lealtad de la población. Como no hay ganador a la vista se prevé un año más de disputa degradada.

Una segunda explicación se refiere a la explosión de economías ilegales. Los precios están bastante altos y la renta criminal es un gran botín. Hay zonas del país donde el precio de pasta base de coca está cercano a los 3.000 pesos, hace un año la cifra estaba en 1.900 pesos. Sin embargo, lo más dramático se vive en la minería ilegal: la onza de oro pasó de valer 1.200 dólares hace unos meses y, actualmente, se paga a 1.850 dólares. Un incremento increíble, jalonado por la guerra comercial entre Estado Unidos y China que se produjo durante el 2019 y más recientemente debido a la crisis que dejó la COVID-19. A esto se le debe sumar la economía de la trata de personas, la cual se ha disparado en la frontera entre Colombia y Venezuela, decenas de mujeres, niños y niñas son víctimas de estas redes.

Una tercera explicación, según en informe de PARES, es la “parálisis” en las Fuerzas Militares en varios territorios del país. Cuesta entender como, en zonas militarizadas como el Norte del Cauca, el Catatumbo y toda la región pacifica, ocurren estos hechos de inseguridad muy cerca de donde están los contingentes militares y no pasa nada. Una mezcla, entre lo que los militares llaman inseguridad jurídica y ausencia de estrategia sería la explicación.

Estos tres factores explican gran parte del deterioro de la seguridad en el país. Las masacres se concentran en departamentos como Antioquia, Cauca, Norte de Santander, Nariño, Putumayo y Valle del Cuaca. Por ejemplo, en Cauca se viven tres guerras simultaneas: Una al Norte donde hay disputa entre la Columna Dagoberto Ramos de las disidencias de las FARC, un grupo denominado el EPL y dos estructuras del narcotráfico. Al sur del cauca se vive lo peor, entre el Frente Carlos Patiño, el ELN y dos estructuras del narcotráfico. La última guerra se vive en el pacífico. En Antioquia sucede algo similar. Varias regiones se desangran en crueles disputas.

El pronóstico es desalentador pues, según dicho informe, el año 2021 será igual o más violento que el 2020, en particular por ser un año prelectoral, los cuales tiendes a ser más violentos que el resto en Colombia.

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