El 5 de julio de 2010, de un paro cardiorrespiratorio, falleció en su lujosa mansión de Girardot el diseñador de interiores Édgar Ernesto Hernández, el mismo que durante más de una década compartió su vida con Santiago Medina, el célebre tesorero de la campaña presidencial de Ernesto Samper Pizano. Las confesiones que entregó Medina a la justicia sobre cómo el Cartel de Cali financió la candidatura de Samper enredaron a cuatro ministros, destaparon las cartas de la peor infiltración de la mafia en el Estado y generaron la más grave crisis política del país. Todo mientras el entonces jefe de Estado insistía en una frase que hizo carrera: “Todo fue a mis espaldas”.
Convivieron desde marzo de 2005 hasta julio de 2010, cuando el diseñador falleció en la casa de más de 400 metros cuadrados que ambos edificaron en el lujoso condominio de El Peñón, en Girardot. Una muerte que impactó al jet set criollo por las conocidas relaciones de Édgar con reinas, modelos y los círculos del poder que le heredó Santiago Medina. Entonces, comenzaron los problemas. Familiares de Édgar iniciaron un proceso de sucesión, sin tener en cuenta a Alfonso. Negaron que hubieran sido pareja, le prohibieron su ingreso al Peñón e hicieron parecer que había sido sólo su chofer.
Comenzó una batalla legal que hace poco fue resuelta en favor de Alfonso. El Juzgado 21 de Familia de Bogotá estableció que Édgar Hernández y John Alexánder Alfonso sí formaron una unión marital de hecho, aunque nunca formalizaran su vínculo. La jueza tuvo en cuenta el registro inmobiliario de varias propiedades, registros y fotografías de los viajes que realizaron al exterior, así como declaraciones de sus vecinos y amigos. Alfonso declaró que “como pareja construyeron una casa en Girardot”, y que todo lo que consiguieron fue el resultado del esfuerzo mutuo. También contó que en esa casa de El Peñón solían reunirse con amigos y familiares de Édgar, a quienes nunca les escondieron su relación.
Alfonso adjuntó unos títulos de capitalización en los cuales cada uno figuraba como beneficiario del otro, en caso de que pasara algo; acreditó que ambos aportaban en las compras del hogar y que tenían como política que Édgar pagara las cenas y el cine cuando salían. Añadió que hasta tenían un plan de medicina prepagada juntos, que jamás interrumpieron su romance, que siempre convivieron bajo el mismo techo, que hasta compraban ropa que pudiera servirles a los dos y que los gastos funerarios fueron pagados casi en su totalidad por él. Una versión que corroboraron la mayoría de testigos en el juzgado.
La notaria Magda Turbay Bernal, amiga de Édgar, certificó que había conocido al diseñador de interiores desde que era la pareja de Santiago Medina, y que su amistad era tan entrañable que fue en la Notaría 20 de Bogotá —donde trabajaba Magda— que se tramitó el testamento de Medina. Turbay dijo que le constaba que después del histórico fallo de 2007 de la Corte Constitucional, en el que se reconocieron por primera vez los derechos de seguridad social para parejas del mismo sexo, Édgar la buscó, porque “tenía la intención de declarar la unión marital” y porque, tal como lo hizo Santiago Medina con él, quería “tener sus cosas organizadas para no tener problemas”.
Aunque la familia de Édgar trató de mostrar a Alfonso como un simple conductor, la declaración de Ana Munar, empleada doméstica del diseñador, fue contundente. Dijo que ellos todo lo hacían juntos y que desde que comenzaron a convivir en 2005, ella les lavaba la ropa, se las planchaba, les cocinaba y les llevaba la cena hasta su cama. “Eran muy caseros, se cogían de la mano, se daban besos”, sostuvo. Incluso expresó que un familiar de Édgar le reprochó su testimonio y le dijo que si lo cambiaba, le podía ofrecer una casa. Pruebas suficientes, para que la justicia reconociera a Alfonso como pareja de Édgar. “Lo que viene ahora es su legítimo reclamo como viudo”, resaltó el abogado Reinaldo Pinilla.
No obstante, la familia del diseñador de interiores apeló el fallo. “Todo esto ha sido muy triste. Édgar era una hermosa persona y vivimos felices. Intenté arreglar con su familia muchas veces, pero fue imposible. En medio de esta batalla legal, fui despedido de mi trabajo por un familiar de Édgar, y se descubrió un manejo irregular con unos títulos que teníamos en Proyectar Valores, al punto que ya muerto Édgar, se ordenó una operación de $385 millones. Eso se está investigando. Hoy hay una legislación favorable para nosotros, y eso me alegra. Mi reclamo nunca fue por dinero, fue por reconocimiento”, dijo Alfonso.
El excéntrico y controvertido Santiago Medina
Santiago Medina Serna fue uno de los hombres más controvertidos y excéntricos de Colombia durante la década de los 90. Fue ficha clave del Proceso 8.000 después de haber admitido que sí entraron ‘dineros calientes’ del cartel de Cali a la campaña presidencial de Ernesto Samper, ya que era el tesorero y llevaba todos los registros en sus libros de contabilidad.
Se dijo que era un obsesionado por el poder, fanático de lujosos muebles, cuadros y piezas coloniales europeas; amante de la cocina, las obras de teatro y del emperador francés Napoleón; escritor empedernido —publicó su libro que tuvo récord en ventas cuando estaba preso: La verdad sobre las mentiras—; vanidoso y buena vida.
Una insuficiencia renal acabó con su vida en 1999. Medina Serna fue un hombre que se codeó con los más importantes círculos de poder del país y quien reveló las intimidades de la oscura relación que existía entre el narcotráfico y la política. A su tumba, sin duda, se llevó muchos secretos.