En la tarde del 6 de febrero de 2003, el avión en el que viajaba el entonces ministro de Protección Social, Juan Luis Londoño de la Cuesta, se accidentó en la Cordillera Central (Tolima), cuando viajaba desde Bogotá hacia la ciudad de Popayán. El Espectador recuerda fragmentos de la crónica que publicó el 9 de febrero de 2003 relatando cómo fue la búsqueda de ese avión.
“Sobre las 3:37 minutos de la tarde, la torre de control del aeropuerto El Dorado de Bogotá había recibido el último reporte del capitán Vanegas, quien piloteaba una aeronave bimotor en la que viajaba el ministro de Protección Social, Juan Luis Londoño de la cuesta junto con tres acompañantes.
“Voy dejando Ibagué, vuelo a 6.000 pies de altura y pido permiso para ascender a 12.500”, observó el capitán Vanegas y cerró la frecuencia. El siguiente reporte tenía que hacerlo cinco minutos más tarde, una vez hubiera superado la Cordillera Central a la altura de la Línea. Pero no lo hizo. Y desde entonces no se sabe nada de la suerte de la avioneta que transportaba al ministro Londoño de la Cuesta y su comitiva.
(Lea aquí: Diez años sin Juan Luis).
A las 3:45 de la tarde el presidente Álvaro Uribe Vélez, quien se encontraba en su despacho en una reunión con monseñor Pedro Rubiano Sáenz, fue interrumpido por una llamada telefónica del director de la Aeronáutica Civil, Juan Carlos Vélez. En tono pausado, Vélez le informó al presidente que la torre de control del aeropuerto El Dorado había perdido la comunicación con la aeronave en la que viajaba el ministro de Salud Juan Luis Londoño”, relata la crónica de Luis Fernando Ospina, quien fue enviado especial a Cajamarca, durante los días en que se buscó la aeronave accidentada.
Así, durante varios días e buscó incansablemente el avión bimotor. Pero fueron varios los retos que se encontraron los organismos de socorro en la búsqueda de Londoño: el primero de ellos, lo agreste del terreno, pues la búsqueda se hizo en un área de 80 kilómetros cuadrados, entre Cajamarca (Tolima) y Calarcá (Quindío). Fueron, en las primeras 60 horas de búsqueda, 120 socorristas los que rastrearon el terreno cercano a la Cordillera Central.
El otro reto con el que se enfrentaron fue el de buscar en un terreno donde los frentes 21 y 50 de la guerrilla de las Farc habían plantado varias minas antipersonales y, donde, además, tenían una fuerte presencia. Una situación que puso en riesgo la búsqueda, pues, como contó Ospina en su crónica de hace ya 15 años, a esta guerrilla se le atribuyó “el hostigamiento de un helicóptero de rescate civil, que el viernes -7 de febrero- recibió cuatro impactos de fusil, en momentos que sobrevolaba la zona de Potosí, en jurisdicción del corregimiento Anaime, en Cajamarca”.
La falta de claridad en la búsqueda, con el pasar de las horas y de los días, no menguó las intenciones de los organismos de socorro de dar con el avión accidentado. Aun así, la esperanza de que se encontrarán a los tripulantes del avión con vida disminuía. Lo que llevó a que, en el segundo día de búsqueda, llegaran al comando de Bomberos de Calarcá un clarividente y un experto en el manejo del péndulo.
“La prueba de que nada se descarta está sustentada en la esperanza de la vida. El viernes, cuando a cada llamada le seguía una decepción, en el comando de Bomberos de Calarcá se hicieron presentes un clarividente y un experto en el manejo del péndulo.
El primero dijo haber soñado con el accidente y haber visto con diáfana certeza la matrícula del bimotor, que se había estrellado en la parte más alta del Cerro el Campanario. Una comisión fue enviada allí pero no encontró nada. El hombre del péndulo señaló el morro Peñas Blancas como el sitio del choque, pero la búsqueda de la aeronave hace rato pasó por allí sin mayores resultados.
Sobre las labores de búsqueda en el otro extremo de la cordillera, hacia la zona de Cajamarca, los resultados han sido también desalentadores debido a los problemas climáticos y a la presencia armada en la zona, pues desde el pasado martes -4 de febrero- se producen enfrentamientos de la guerrilla con el Ejército en las veredas de Potosí y los Valles, donde se cree pudo haber caído o aterrizado el bimotor, pues una zona plana en la parte más alta de la cordillera”, escribió el periodista Ospina en su crónica que se publicó -el domingo 9 de febrero- sin que se hubieran encontrado los restos del avión.
Y es que no fue sino hasta el miércoles 12, cinco días después del siniestro, que los restos del avión fueron encontrados. Estaban en el cerro de San Julián, en la Cordillera Central (Tolima), en una zona que Juan Carlos Vélez, director de la Aeronáutica Civil, calificó como “muy boscosa”. El estado de los restos llevó a la acertada conclusión de que, ni el ministro ni sus compañeros de viajes ni el piloto, sobrevivieron al accidente. El informe posterior de la Aeronáutica Civil fue el siniestro se dio por el afán del piloto, que lo llevó a cometer varios errores en su ruta.