Era el gobierno del Presidente Belisario Betancourt y reinaba un ambiente de optimismo, las palabras más reiteradas eran; distensión, apertura democrática, el destino de Colombia es la paz y no la guerra. Fue un momento histórico, que veinticinco años después, encuentra a Colombia todavía con violencia, unas Farc, con un amplio rechazo en la sociedad, una inversión cuantiosa en seguridad y defensa y un gobierno que apuesta duro por su derrota.
En los antecedentes de estos acuerdos están unas Farc, que han logrado implantarse en algunas zonas de la colonización campesina de los años sesenta y setenta; Arauca, magdalena medio, Caquetá, Meta, principalmente y que han echado raíces en la zona que los vio surgir; Sur del Tolima y nororiente del Cauca, no llegan a los dos mil combatientes, pero es una fuerza organizada y plenamente ligada al Partido Comunista, son “compañeros de viaje”, uno, el partido promoviendo una acción social y electoral y la otra, las Farc, empeñadas en la construcción de un Ejercito.
Terminado el duro gobierno del Presidente Turbay, donde la oposición fue tratada con cárcel y tortura, el Partido Comunista, plantea la tesis de “Solución Política negociada”, lo hace en su congreso nacional de finales del año 82, hay un ambiente de distensión de los conflictos, que tiene en la Ley de Amnistía general, La Ley 35, promovida por el Presidente Betancourt, su principal aliciente. Es en medio de esta “bocanada de aire fresco”, que el Partido Comunista, acuerda con las Farc, el desarrollar un proceso político en búsqueda de un acuerdo, para “colgar los fusiles”.
El Presidente Betancourt, lidero los acercamientos, nombro una comisión de Paz, cuyo primer titular fue Carlos Lleras Restrepo, a quien sucedió Otto Mórales Benítez y termino siendo titular Jhon Agudelo Ríos, luego de 19 meses de ires y venires, se firmo el “Acuerdo de La Uribe”, con el Estado Mayor de las Farc”. De los firmantes por las Farc, dos han muerto de vejez; Jacobo Arenas y Manuel Marulanda Vélez, otro, en acción de la Fuerza Publica; Raúl Reyes, de otro no se sabe nada; Jaime Guaracas y el quinto se mantiene en las “Montañas de Colombia”: Alfonso Cano.
El acuerdo es contundente en su primer considerando: “ Con el fin de afianzar la paz nacional, que es prerrequisito indispensable para la prosperidad general del pueblo Colombiano, y para lograr el desarrollo de la actividad social y económica sobre bases de libertad y justicia…”, fueron buenas intenciones, que un cuarto de siglo después siguen pendientes y vigentes en la sociedad Colombiana del Siglo XXI.
*Coordinador del Programa de Política Pública de Paz de la Corporación Nuevo Arco Iris.