Cortesía CNMH / Durante uno de los talleres en Montes de María.
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Háblenos de la caja de herramientas: “Un Viaje por la Memoria Histórica. Aprender la paz y desaprender la guerra”.
Es un proyecto que inició hace tres años con maestros y maestras de Arauca, Chocó, Medellín, Huila, Cauca, entre otros departamentos del país. Nos preguntamos qué estaba haciendo la escuela para evitar que actos de violencia exacerbada como las masacres no volvieran a ocurrir, qué mecanismos estaba implementando para que las nuevas generaciones no repitieran los errores del pasado. Los jóvenes deben ser un engranaje de la paz y no de la violencia que hemos padecido durante décadas.
¿Con qué panorama se encontraron durante los primeros acercamientos exploratorios a la forma en que se enseñaban estos hechos?
En que existía mucho interés por parte de los maestros pero no existía una estructura sólida y profunda para sostener de manera continua la enseñanza de estos temas. Es así que, junto a diversos maestros, escuchando sus dudas, aportes, experiencias e historias, diseñamos esta caja de herramientas que tiene como propósito aprender la paz y desaprender la guerra.
¿Qué piensa de ese ideario difundido entre un reducido sector de intelectuales en el mundo que señalan que los colombianos son violentos por naturaleza?
Desde las ciencias sociales se ha criticado fuertemente la idea de la ‘esencia’ para comprender a la sociedad. Las personas no son violentas por naturaleza, y los colombianos tampoco. Se sabe que son las relaciones sociales, las condiciones, los contextos que influyen en los comportamientos humanos. En Colombia muchas generaciones crecieron creyendo que la mejor forma de resolver sus conflictos era usando la violencia, es allí donde entra la escuela, para romper esos idearios y forjar a los estudiantes en una cultura democrática, de discusión y diálogo sintiendo empatía por el otro, sin desconocer que lo que dice vale, así no se esté de acuerdo.
Algunos jóvenes le huyen a estos temas, ¿cuál es la apuesta pedagógica que emplean en la ‘Caja de Herramientas’?
Le apostamos a generar procesos cognitivos en los cuales los jóvenes se sientan reflejados. Partir de sus experiencias cotidianas, para despertar su curiosidad frente al pasado y posteriormente un compromiso con la no repetición. Evadiendo por supuesto, el adoctrinamiento, llevando a los estudiantes a procesos reflexivos que construyan poco a poco, una ética de la responsabilidad con la sociedad y consigo mismos.
¿Para usted qué significa esa ética de la responsabilidad?
La reflexión sobre las acciones, pero no en un sentido maniqueo. Es decir pensar sobre cuál será el resultado y los efectos de una acción, sobre lo que va desencadenar. Por supuesto, esto debe ir acompañado con caminos de esperanza en los cuales los jóvenes descubran su camino hacia el futuro. Las iniciativas para mejorar la calidad de vida de su comunidad, es un claro ejemplo, forjándose como sujetos de la historia y no como simple objetos, como la violencia los ha querido hacer ver.
Hay algo que cabe la pena señalar, y es que el esfuerzo del CNMH es muy grande porque cada vez más, la política educativa ha tendido a disminuir los cursos de historia y geografía y dándole más espacio a prácticas técnicas y tecnológicas. ¿Cómo han visto este panorama?
Hay muchos desafíos, pero trabajamos desde los espacios que tenemos y vamos construyendo. Por supuesto, la implementación de la Cátedra de la Paz sería un lugar desde cual se podría hacer este trabajo de desaprender la guerra. Por supuesto que tenemos claro que no queremos implementar una visión única del pasado sino socializar, una visión crítica con muchas voces.
Se sabe que algunos de los grupos armados generaron afectos y adhesión con la población civil. ¿Encontraron alguna memoria disidente que justificara los hechos de violencia?
No. Los maestros nunca justificaron los actos de violencia cometidos por ningún actor violento. Además, porque muchos estuvieron en la mira o fueron víctimas de los actores violentos. Por ejemplo, dos rectores de la Escuela Normal Superior de Montes de María, en San Juan de Nepomuceno (Bolívar) fueron asesinados.
¿Cómo va el proceso de implementación de la caja de herramientas, en las grandes ciudades capitales?
En este momento se están implementando los primeros talleres en aula, porque antes de entrar a trabajar con los educandos, tenemos cinco talleres con los maestros. En Bogotá estamos trabajando en diversos colegios, entre ellos algunos bilingües. Hemos comprobado que si enganchas la memoria a los hechos de la vida cotidiana, haces que los jóvenes se interés por esa historia.
Historiadores como Pierre Vilar y Josep Fontana se preocuparon en pleno por la enseñanza de la historia de la escuela. ¿Qué corrientes pedagógicas y trabajos tomaron como base para este proyecto?
La estructura pedagógica fue delineada por el trabajo de colegas como Pilar Riaño, que es pionera en hacer talleres de memoria colectiva. Además, traía todo un bagaje que se había plasmado en una caja distribuida en 2008 y 2009. Por supuesto también leímos a Freire y su apuesta para que la educación tenga significado y sentido. El educando no es una tabula rasa sino que se establece una relación entre los nuevos conocimientos y lo que ya sabe. Hay otros trabajos como los de Nancy Frazer que también nos influenciaron ya que les da voz a quienes han sido subordinados.
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Por Steven Navarrete Cardona
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