El proyecto vial de 49,92 kilómetros que conectará a Ciénaga con Barranquilla incorpora un componente social que contempla soluciones habitacionales y productivas para las familias impactadas. La gobernación del Magdalena asegura que no habrá imposiciones y que la intervención será consultada con el territorio.
El arranque de la doble calzada Ciénaga–Barranquilla, una de las obras de infraestructura más ambiciosas del Caribe colombiano, no solo activa un corredor clave para la competitividad regional, sino que genera una intervención social integral de las comunidades ubicadas en su área de influencia.
Durante un recorrido de inspección, la gobernadora del Magdalena, Margarita Guerra, respondió a las inquietudes de los habitantes y marcó una línea política frente al desarrollo del proyecto: la ejecución no avanzará desconectada del territorio. “El componente social de la doble calzada se concertará con la comunidad. Nunca será por imposición”, afirmó.
La mandataria insistió en que la relación con las comunidades será un eje estructural del proyecto. “Los derechos de la comunidad serán respetados y, mientras yo sea gobernadora, la comunidad debe ser consultada”, señaló. Y añadió: “Somos un gobierno que trabaja por el pueblo, para el pueblo y de la mano del pueblo”.
Compensación social: vivienda, territorio y economía local
El plan de compensación social contempla la construcción de 600 viviendas palafíticas para igual número de familias, principalmente en zonas como Puebloviejo, donde las dinámicas de vida están ligadas a la Ciénaga Grande y a modelos de vivienda sobre el agua.
Además de las soluciones habitacionales, el proyecto incorpora espacios destinados a actividades productivas, con el propósito de garantizar que las comunidades mantengan sus ingresos y formas de subsistencia.
En este punto, la gobernadora reiteró que las decisiones no serán unilaterales. “Aquí no se trata solo de construir una vía, se trata de respetar a la gente que ha vivido históricamente en estos territorios. Cada componente social será dialogado con la comunidad”.
Infraestructura con impacto regional
La doble calzada comprende 49,92 kilómetros de intervención, conectando la variante de Ciénaga con el puente Pumarejo, lo que la convierte en un eje estratégico para la movilidad entre los principales nodos logísticos del Caribe.
Según cifras oficiales, la obra reducirá en un 40 % los tiempos de desplazamiento, permitiendo recorrer el trayecto en menos de 75 minutos. Además, optimizará en un 30 % la conexión entre los puertos de Santa Marta y Barranquilla, generando eficiencias estimadas en US$50 millones para el sector empresarial.
El impacto económico proyectado también incluye un dinamismo en el comercio exterior cercano a los US$1.000 millones anuales y la atracción de inversiones industriales por más de US$1.200 millones en los próximos cinco años.
Empleo, agroindustria y turismo
Durante su fase de construcción, el proyecto generará más de 4.500 empleos directos e indirectos, con al menos 1.000 adicionales en la etapa de operación y mantenimiento.
La Gobernación del Magdalena sostiene que la obra permitirá reducir en un 20 % los costos logísticos de la agroindustria y aumentar en un 30 % la actividad turística en la región, lo que podría traducirse en una inyección de $500 mil millones a la economía local.
Además, se estima un ahorro anual cercano a los COP 100 mil millones para los usuarios de la vía, derivado de la reducción de tiempos y costos de transporte.
Entre el desarrollo y la legitimidad social
Aunque las cifras posicionan la doble calzada como un proyecto clave para la competitividad del Caribe, el principal reto en esta etapa inicial está en su ejecución social. Las inquietudes de las comunidades han puesto sobre la mesa la necesidad de garantizar procesos de diálogo efectivos.
Frente a este escenario, la gobernadora reiteró su compromiso con la concertación. “Mientras yo sea gobernadora, la comunidad debe ser escuchada y consultada. Este proyecto no puede avanzar de espaldas a la gente”, enfatizó.