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Por primera vez, Santa Marta podría estar cerca de resolver los problemas estructurales más graves que ha padecido de agua potable, alcantarillado e inundaciones. La apertura de la licitación de la Planta El Curval, el avance de la EBAR Norte, la ejecución del colector Bellavista y la estructuración de nuevas obras en Pescaíto y desalinizadoras muestran que, por primera vez en años, varias de las soluciones de fondo avanzan al mismo tiempo.
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La estrategia no se sostiene en obras aisladas. Detrás hay un banco de proyectos que permitió convertir estudios técnicos, diseños represados y contratos mal planteados en intervenciones con cierre financiero, respaldo nacional y cronogramas definidos.
Solo en los frentes de agua potable, saneamiento y aguas lluvias, las inversiones comprometidas superan el billón de pesos entre recursos distritales, crédito, vigencias futuras y aportes de aliados institucionales.
El Curval y la apuesta para reducir el déficit de agua
La obra insignia es la Planta de Tratamiento de Agua Potable El Curval, que ya se abrió y busca atacar uno de los cuellos de botella más graves del sistema: un déficit base cercano a un metro cúbico por segundo, que en temporadas secas puede elevarse a 1,5 metros cúbicos por segundo.
En entrevista con El Espectador, el gerente de Infraestructura, Luis Felipe Gutiérrez, explicó que la planta captará 800 litros por segundo del río Piedras, mediante una nueva línea de conducción de 10,5 kilómetros, redes de distribución y regularización de conexiones en la periferia nororiental.
La obra, valorada en más de COP 893.000 millones, apunta a reducir el déficit en un 40 %, mejorar la presión de la red y beneficiar a cerca de 400.000 habitantes, especialmente en sectores como Bonda, 11 de Noviembre, Garagoa, Cantilito y otros barrios del nororiente.
A este frente se suma una consultoría financiada por la CAF con COP 800 millones, orientada a reducir el índice de agua no contabilizada, que hoy ronda el 60 %, una de las principales causas del colapso del sistema junto con las captaciones ilegales y las fugas en redes envejecidas.
Desalinizadoras, pozos y gestión con la Nación
La administración también mantiene activa la hoja de ruta para dos plantas desalinizadoras, una en Taganga y otra proyectada para el sur o el norte de la ciudad, según la definición final del Ministerio de Vivienda.
De acuerdo con Gutiérrez, la gestión del alcalde Carlos Pinedo ante el Gobierno Nacional permitió reabrir la discusión técnica sobre la ubicación y acelerar la estructuración de términos de referencia, con la expectativa de dejar contratado un primer paquete antes de que finalice la administración de Petro.
La apuesta integral incluye además nueve pozos adicionales, estructurados con apoyo de Findeter, con el objetivo de diversificar las fuentes de abastecimiento y evitar que Santa Marta dependa exclusivamente de la disponibilidad hídrica de los ríos.
EBAR Norte: el corazón del sistema sanitario
El segundo gran frente es el saneamiento. Allí la obra clave es la rehabilitación de la EBAR Norte, la estación que recibe buena parte de las aguas residuales de la ciudad antes de su conducción al emisario submarino.
El proyecto ya alcanza un 85 % de avance y contempla bombas importadas de Suecia, sistemas de cribado traídos de Alemania, optimización eléctrica y adecuaciones civiles y electromecánicas.
La inversión supera los COP 31.000 millones y representa la primera intervención estructural de fondo en esta estación desde 1998.
Para la administración, la importancia de esta obra radica en que busca blindar por al menos 20 años la confiabilidad del sistema, especialmente en temporadas de alta ocupación turística, cuando históricamente se incrementan los rebosamientos en Centro, Bellavista y Pescaíto.
Bellavista, calle 22 y el drenaje del Centro
A este paquete se suma el colector Bellavista, que avanza en un 66 % y que fue reformulado por la actual administración para ampliar su alcance. Según explicó el gerente, el contrato heredado se limitaba a cambiar una tubería, pero fue ajustado con COP 22.000 millones para responder al crecimiento vertical del sector y a la sobrecarga hidráulica del borde costero.
La obra no solo apunta al sistema sanitario, sino también a mejorar la evacuación de aguas lluvias en varias calles del Centro Histórico y la carrera primera.
En paralelo, el Distrito ya proyectó una intervención por COP 10.000 millones en la calle 22, punto crítico donde el sistema pluvial quedó represado desde administraciones anteriores, provocando emergencias recurrentes en temporada de lluvias.
Pescaíto, Malvinas y las obras menos visibles
Uno de los proyectos más estratégicos es el colector pluvial de Pescaíto, una obra por COP 69.000 millones financiada entre el Distrito, Corpamag y la Sociedad Portuaria.
La intervención busca resolver las inundaciones recurrentes en esa zona, donde la vía alterna y el corredor portuario funcionan como un dique que bloquea la salida natural del agua.
El plan también incluye intervenciones barriales menos visibles, pero de alto impacto, como la calle Canal en Malvinas, diseñada para evacuar las crecientes que se represan por la curvatura del río Manzanares, además de futuras obras en Cantilito y otros sectores cercanos a rondas hidráulicas.
La apuesta política: convertir estudios en obras
La administración insiste en que el elemento diferenciador ha sido la consolidación de un banco de proyectos estructurales, que hoy le permite tener simultáneamente obras en ejecución, otras en licitación y nuevas estructuraciones en fase tres.
“En estos dos años hemos hecho más por el acueducto y alcantarillado de Santa Marta que en los últimos cuatro gobiernos”, aseguró recientemente el alcalde Carlos Pinedo, al defender la gestión de recursos y la priorización del saneamiento básico.
El reto ahora será la ejecución. Si los cronogramas se cumplen, Santa Marta podría empezar a desmontar entre 2026 y 2027 tres de sus crisis más antiguas: la falta de agua, los rebosamientos sanitarios y las inundaciones urbanas.