Desde la puerta de su casa en el barrio Aranjuez Anillo, ubicado en una de las laderas de la zona nororiental de Medellín, Hernán Mauricio Ocampo divisa la ciudad que lo acogió hace 7 años cuando sus padres salieron del municipio de Sonsón (Antioquia), no por causa de la violencia, pero sí desplazados por la falta de empleo. En la película Los colores de la montaña su personaje, Manuel, observa desde un cerro la realidad del campo con sus paisajes, sus amigos y la violencia. Una situación similar a la de este barrio popular cuya mayor riqueza es la vista panorámica del Valle de Aburrá.
Como en la película, la vida de Hernán gira en torno al fútbol y a sus amigos. “Yo estaba en una escuela de fútbol del Inder cuando llegaron a hacer el casting. Carlos César nos dijo que había un techo y un balón y teníamos que improvisar. Yo hice la historia de que el balón se me quedó en el techo y con un amiguito tratábamos de rescatarlo”.
La naturalidad y facilidad con que Hernán Mauricio narró la historia convencieron al director de la película. El pequeño de 12 años, llegado hace poco a Medellín, tenía predestinado salir del anonimato y convertirse en actor de cine. “Llegó a mi casa un señor y nos dijo que a Mauricio lo habían escogido para una película y que teníamos que ir al municipio de Jardín para que él viera dónde se iba a grabar, pero que no le dijéramos al niño para que no se asustara. La verdad, eso no nos lo esperábamos”, relata Claudio Ocampo, padre del menor.
Durante un año ensayaron cada ocho días, ajustaron la historia, los relatos, los planos, hasta que por fin llegó la hora del rodaje que duró casi dos meses. Su madre, Adriana Posada, no se separó de él ni un minuto. “Yo me fui con él a acompañarlo. Eso fue muy emocionante ver toda esa gente, las cámaras, cada detalle para que les quede bueno. Cuando nos despedimos me vine llorando porque ya parecíamos una familia”.
En la humildad, la persistencia y el valor que le dan a la amistad, en eso se parecen Hernán Mauricio y su personaje Manuel. La película sin duda le cambió la vida. “Yo quiero seguir estudiando actuación, en diciembre voy a hacer una película con Juan David Restrepo. Estoy presentando un programa en el canal UNE y quiero seguir capacitándome, soy muy persistente y voy a lograr mis metas”.
Su otra pasión, el fútbol, no la ha dejado de lado. Por tantos compromisos ha tenido que hacer un alto en las prácticas, pero pronto volverá a las canchas. Hernán sueña con ir a Argentina, EE.UU. y España. Por ahora cumplió su deseo de conocer el mar, aunque le pareció muy salado. “Me invitaron al Festival de Cine de Cartagena, monté en avión, pero pensé que era más emocionante, y el mar me gustó mucho, pero era muy salado”.
Hoy se estrena en cartelera Los colores de la montaña, su padre ya la ha visto tres veces, mientras que su mamá cuenta las horas para ver a su hijo en la pantalla grande. “Tengo muchos sentimientos encontrados, creo que voy a llorar viéndolo porque me parece mentira. Yo le digo que no cambie con nadie, que siga así como es él”, dice ella.
En el Festival de Cine de Cartagena, Hernán se vio en la pantalla grande y como muchos de los asistentes a la sala se conmovió hasta las lágrimas. “No es lo mismo uno grabando que verla ya editada, es muy emocionante”.
Gracias a las entrevistas y notas de prensa, Hernán pasó de ser un niño como todos los del barrio Aranjuez, estudiante de sexto grado en un colegio oficial, a ser el niño de la película. Cuando camina por las calles todos lo miran, algunos le preguntan por su personaje y otros indagan por sus ganancias, por aquella creencia de que todo el que sale en televisión o en cine se vuelve millonario.
La única riqueza de este pequeño es su familia, su talento y sus ganas de salir adelante. Mientras eso ocurre sigue contemplando desde el corredor de su casa la realidad de su barrio, tan lleno de contrastes como Los colores de la Montaña.