El agua arrasó con todo. La creciente del río San Juan, en San Juan de Urabá (Antioquia), taponó casi todas las viviendas del sector de Siete Vueltas, donde Margarita Carriazo vio perder todo su cultivo y, de paso, lo que había construido en su vida. “Eso fue horrible, se fueron muchas casas, fueron muchas las personas afectadas. Todo lo que era mi vivienda se perdió completamente. Ahí estaba la parcela. El plátano se partió”.
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La zona donde vive Carriazo parece un área donde hubiera explotado una bomba que acabó con todo. Son pocas las cosas que quedan en pie, o lo que se puede ver dentro del agua, luego de más de cinco días de lluvias continuas, que provocaron la creciente de cuanta fuente de agua había en la región. “El terreno se ablandó, los ríos crecieron y los campesinos no pudimos ni salir. En la finca mía, ni un plátano se salvó. El cacao, el coco, todo lo perdimos por completo, y ahora no sabemos ni para dónde coger, quedamos en la calle”.
Ella se encuentra ahora en la casa de una prima en el casco urbano de San Juan, donde las emergencias continúan, pues tras la caída del puente que pasaba por el río Mulatos, en la vía a Necoclí, y luego del colapso de otro puente en la carretera que va a Montería, no hay forma de entrar o salir de la región, es decir, que también comenzaron a escasear el combustible y la comida para los que están dentro del municipio.
La historia se repite en Necoclí. El veterinario Pablo regresó el viernes pasado a su casa, tres días después de salir de ella de emergencia en medio de la noche. “Venía lloviendo mucho. Todos los días llovía, hacía sereno, escampaba y volvía a llover, pero el lunes, a eso de las nueve de la noche, comenzó a crecer el río y a las 10 ya estábamos inundados. Estábamos esperando que llegaran las pangas (embarcaciones) para intentar salvar las cosas, pero no alcanzaron. Nos tocó irnos a resguardar a una gallera. Había como 40 personas sobre las escalinatas, porque el agua estaba sobre el tercer peldaño”.
En su caso, pudo regresar a su vivienda. Se dañó la lavadora, la vajilla, el cultivo de maracuyás que tenía en su parcela y que ahora está lleno de lodo que le llega hasta la rodilla. Estuvo tres días en un albergue, junto a su esposa y su hijo de cuatro años, que no ha podido empezar a estudiar por las condiciones climáticas, pero regresó porque son muchas sus necesidades y pocas las soluciones a los damnificados.
La situación que atraviesan Margarita y Pablo es similar a la que se dio en por lo menos 10 departamentos esta última semana en el país por cuenta de una masa de aire frío que se dispersó desde el vórtice polar hacia Norteamérica y Suramérica. Como consecuencia, se registraron una serie de lluvias de alta intensidad que provocaron inundaciones, derrumbes que afectaron importantes vías de tránsito nacional y mantienen encendidas las alarmas, debido a que es una época del año en la que normalmente no llueve, y que hasta el momento deja más de 127.000 afectadas.
Las preocupaciones
En el suroccidente del país, específicamente en el municipio de Iscuandé, en Nariño, la devastación es total. Julieth Perea, líder de Emergencias del Consejo Danés para Refugiados, explica que alrededor de 2.000 familias lo perdieron todo, tras el desbordamiento de tres ríos que dejaron viviendas completamente bajo el agua. “Hay una vereda que desapareció. Uno pasa por ahí y se ve que hubo algo, pero ya no queda nada. Tal fue la devastación que las familias se pasaron a una vereda vecina o se fueron al casco urbano en busca de ayuda”.
La situación se agrava si se tiene en cuenta que el municipio no cuenta con vías de acceso terrestre, sino que todo se debe hacer a través del agua, lo que ha dificultado la entrega de ayudas, que por la magnitud de la emergencia incluyen comida y kits de aseo, pero también asistencia de hábitat para quienes se quedaron sin viviendas, y de salud y educación, ante los focos que se pueden presentar de infecciones y la desescolorización de los niños que tuvieron que desplazarse de sus hogares.
“Este tipo de emergencias desencadena enfermedades como la malaria y provoca focos de infecciones, que intentamos responder con ayudas, porque el gobierno departamental no ha podido cubrir toda la zona rural (...). También nos preocupa la salud mental, porque acá no ha parado de llover, entonces las personas no duermen de pensar que se pueda presentar una nueva emergencia. Apenas comienza a llover, salen con sus linternas, porque tampoco tienen luz”, añadió Perea.
Una de esas personas es Marta Triviño, quien señala que “nosotros la creciente la pasamos de noche. Todos estábamos descuidados, porque nunca había habido un desbordamiento así. Dicen los viejos que hace 50 años hubo algo similar. Dijeron que venía grande y algunos alcanzaron a salvar su ropita, pero a la mayoría no; se les mojó todo. Los alimentos”.
Para Emiromel José Llorente, conocido en Antioquia como el veterinario extremo, además de las personas damnificadas, se debe prestar atención a sus formas de sustento, pues, tal como le pasó a Marta o a Margarita, varios de los damnificados que deja esta ola invernal perdieron sus cultivos de pancoger, mientras que en otros casos, como entre los damnificados en Córdoba, hay quienes también perdieron sus animales.
“El problema con el ganado es que se alimenta de pasto, y eso es lo primero que se pierde con las inundaciones. Hay imágenes muy crueles, vacas que llevan tres días en terraplenes en ayuno total, tomando solo agua; también hay mucha gente buscando a sus perros o a sus gatos, que les tocó dejar por la emergencia y que se los llevó la creciente. Nos ha tocado sacrificar pollos y cerdos también, porque la mayoría de los chiqueros están al lado de lagos, aunque algunas personas se han ido a albergues junto con sus animales. Esto no se había visto antes”, añade Llorente.
Se vienen más lluvias
En departamentos como Cauca, Wiesner Cortés, jefe de la Oficina de Gestión del Riesgo del departamento, señala que esta oleada de lluvias atípicas ha provocado inundaciones en los municipios sobre la costa Pacífica y derrumbes que han dificultado el paso por importantes vías, en los municipios del interior. “Nosotros como gobernación hemos estado atentos a lo que está pasando en Guapi, Timbiquí y López de Micay. Es muy compleja la situación, porque hubo familias que lo perdieron todo”.
Al igual que como ocurrió en Antioquia o en Córdoba, Cortés señala que no se habían presentado recientemente emergencias similares, por lo que, previendo que se aproxima la primera temporada de lluvias del año, se ha venido trabajando con las comunidades ribereñas para reasentarlas en partes más altas. “Es muy complejo, porque en la costa Pacífica hay una particularidad, y es que las comunidades están muy cerca de los ríos porque allí está su sustento, entonces no es fácil mediar que se trasladen a otras zonas, es un tema cultural”.
Pero esto no para ahí. Darío Ayud, quien vive en Cereté, advierte que en su vereda, Bocas del Tiburón, donde alrededor de 90 familias resultaron damnificadas, ya se había dado una emergencia similar en 2010, y cuatro años antes por las fuertes lluvias. Este año se dio específicamente por un jarillón que se rompió sobre el río que se desbordó, lo cual evidencia que, además del frente frío, que es un fenómeno meteorológico particular que se registra en el país, hay temas relacionados con el mantenimiento de infraestructura alrededor del agua, que incluye la construcción de taludes, drenajes y monitoreo de fuentes de agua que puedan verse afectadas por basuras o materiales que afecten su capacidad hidráulica.
En esta lista también está la planeación territorial. Esta semana Jairo Guerrero, oficial en gestión del recurso hídrico de WWF Colombia, advertía a este medio que si se le hubiera prestado atención a los riesgos en el pasado, no estaríamos en tantos aprietos, por lo que se requiere incluir “planes de adaptación” en los Planes de Ordenamiento Territorial, para sortear este tipo de situaciones, que se han quedado en el papel y no suelen implementarse.
Desde Antioquia, Daniel Galeano Tamayo, director encargado del Dagran, asegura que por primera vez en el departamento se “cuenta con resultados de estudios de riesgo asociados a movimientos en masa, avenidas torrenciales e incendios forestales, desarrollados en articulación con la academia”, con lo que se espera hacer el monitoreo en la temporada de lluvias que se avecina.
A la par, en Córdoba, el gobernador Erasmo Zuleta ha advertido que se han ahondado esfuerzos junto con el Gobierno Nacional para atender a los damnificados, pero no se puede seguir invirtiendo tanto en atender emergencias, sino que se debería construir un plan estratégico para dar soluciones y prevenir estos desastres”.
La emergencia sigue, ya que otro frente frío afectará en los próximos días a las islas de San Andrés y Providencia, y a parte del Caribe, pero también porque las lluvias continuarán en marzo y son miles los que requieren asistencia inmediata en por lo menos un tercio del país.