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Cartagena, Colombia.- Frotándose los ojos, somnolientos por la falta de sueño y aún manchada del maquillaje de la noche previa, las empleadas del Ángeles Bar Club desfilaron una a una por la tarde al interior de una diminuta habitación con calcomanías de Campanita y la Bella Durmiente pegadas en los muros malva, para tomar asiento sobre una cama con una manta verde lima y someterse a estudios de detección de enfermedades de transmisión sexual.
Es una rutina semanal en burdeles a lo largo de Cartagena, donde un próspero y legal negocio de prostitución, buena parte del cual está enfocado a turistas extranjeros, se ha convertido en el centro de la atención internacional desde que un grupo de agentes del Servicio Secreto de Estados Unidos terminó involucrado en un escándalo en torno a alegatos en el sentido que llevaron prostitutas a sus habitaciones de hotel.
“De lo único que hablan es del lado oscuro de la prostitución”, dijo la propietaria del centro nocturno, quien es conocida por el nombre de Camila, refiriéndose a informes de medios informativos de la bulliciosa vida nocturna de Cartagena. Después, hojeó una pila de fólderes que contenían los resultados de estudios de sus 22 empleadas. El burdel insiste en que todos los clientes usan condones y, con base en un funcionario de salud que ha trabajado con el club, ninguna de sus prostitutas ha terminado infectada en los tres años que se han llevado a cabo estudios.
“Esto es en beneficio de los clientes y en beneficio de las muchachas”, dijo Camila, quien solicitó que su nombre real no fuera usado porque algunas personas no saben que dirige un burdel. “Tienen familias a las que les envían dinero, niños a los que quieren ver crecer”.
Los cartageneros tanto dentro como fuera de los burdeles han luchado por sobrellevar toda la conmoción en torno a las actividades nocturnas de agentes de seguridad de Estados Unidos de cara a la llegada del Presidente Barack Obama a Cartagena, el 13 de abril, para una reunión cumbre.
Mucha gente aquí está perpleja con respecto a la razón por la cual los estadounidenses han creado tanto alboroto por algo tan poco destacable, a los ojos locales, como un hombre que lleva a una mujer a una habitación de hotel, y paga por tener relaciones sexuales. Existen también algunas expresiones de ira y orgullo nacional herido en torno a la conducta del agente del Servicio Secreto que se negó a pagar y quien, con base en la mujer involucrada, le gritó un improperio y la dejó fuera de su habitación de hotel en una riña temprano por la mañana.
“Solo porque vienes de otro país y trabajas para Obama, no deberías ser capaz de venir aquí y faltarle al respeto a alguien”, dijo una empleada de 28 años del Ángeles, quien ha trabajado como prostituta durante seis años. La prostituta en el centro de los sucesos abordó la misma idea en una entrevista poco después de que estallara el escándalo. “No puedes ir a otro país y hacer lo que quieras con una mujer”, dijo. "Tienes que respetarlas".
La mujer, quien desde ese día ya salió de Cartagena, dijo en un mensaje de correo electrónico que no había hablado con investigadores estadounidenses que buscan entrevistar a las mujeres locales que se quedaron en las habitaciones de hotel de los agentes del Servicio Secreto. La prostitución es legal en Colombia, y muchos aquí dicen que así debería ser. Sin embargo, la actitud colombiana hacia la prostitución no es simple. Colombia, en muchas formas, es una sociedad profundamente tradicional, y trabajar como prostituta conlleva un enorme estigma.
En entrevistas, diversas prostitutas dijeron que le ocultaban a su familia sus servicios sexuales. La mayoría venía de otras partes del país, como Medellín o Cali, a fin de reducir al mínimo las probabilidades de que alguien de su familia se enterara de cómo se ganan la vida en Cartagena. “Si mi madre supiera, no aceptaría el dinero que le envío e intentaría hacer que me quitaran a mis hijas”, dijo una prostituta de Medellín, de 28 años de edad.
Este martes, en la Habitación 7 del burdel, todas las mujeres entregaron una parte de sus ganancias para pagar sus estudios clínicos. La toma de una muestra semanal para detectar infecciones vaginales cuesta aproximadamente 6 dólares. Cada tres meses, las mujeres también se someten a estudios para detectar sífilis y el virus que causa el SIDA, el VIH, que cuesta aproximadamente otros 17 dólares.
Un par de mujeres, al parecer exhaustas tras una larga noche, se tendieron a dormir en una segunda cama dentro de la atestada habitación, ajenas a las idas y venidas de un técnico de bata blanca y sus colegas. Una de las mujeres dormidas usaba una muñeca de peluche de la Ratona Mimí como almohada.
Se llevaron a cabo exámenes en la tarde, cuando el burdel no tenía un solo cliente. Pero, a medida que se aproximaba la noche, las mujeres se sentaron ante mesas de plástico para tomar comidas rápidas de arroz, res deshebrada o huevos revueltos, preparados por un cocinero en la cocina del burdel. Otras se retiraron a las pequeñas habitaciones - donde viven y atienden a clientes - para aplicarse una brillante sombra de ojos y labial fucsia, alisarse el cabello, buscar zapatos de aguja rojos o negros en una caja de cerveza, o enfundarse en su ropa de trabajo.
La mujer que había trabajado durante seis años teniendo relaciones sexuales a cambio de dinero dijo había pasado la mayor parte de su tiempo en burdeles bogotanos, en los que dijo que no se practicaban estudios clínicos. Destacó que prefería por mucho trabajar en Cartagena, en parte debido a los exámenes médicos pero mayormente porque los turistas extranjeros que vienen aquí pagan precios más altos.
Una mujer dijo en voz baja que sería justo que los hombres que pagan por tener sexo con ellas también fueran sometidos a estudios. A veces, aseguró la dueña del burdel, eso pasa. Ocurre algunas veces que un cliente acude a ella para informarle que se le rompió el condón y pregunta si la prostituta con la que estuvo se ha sometido a exámenes para detección de enfermedades de transmisión sexual. En esos casos, ella le muestra al cliente los resultados más recientes de estudios practicados a la mujer. En dos ocasiones, destacó, los clientes han accedido a someterse a una prueba rápida de VIH para demostrar que ellos, de igual forma, no están infectados. La propietaria del burdel aseguró que las autoridades de salud local vienen con frecuencia a inspeccionar los registros de sus empleadas.
De cualquier forma, El Universal, el principal diario de Cartagena, ha lamentado toda la atención sobre el ambiente de prostitución de la ciudad y expresado inquietud de que su reputación podría terminar dañada. “Solo esto faltaba”, dijo el diario en un editorial. “Ahora Cartagena es la ciudad del pecado que corrompe a los paisanos de Monica Lewinsky, Bill Clinton y Heidi Fleiss, la Madama de Hollywood”.
Jenny Carolina González contribuyó con información desde Bogotá, Colombia, y Meridith Kohut desde Cartagena.