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Nuevo mapa criminal

Con la caída de alias 'Valenciano' se transforma la estructura de los principales "combos" de la capital antioqueña. Analistas creen que desaparecen las fronteras invisibles, bajan los homicidios y aumentan otros crímenes.

Wálter Arias Hidalgo, especial para El Espectador

08 de diciembre de 2011 - 04:00 p. m.
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Diez horas después de la captura de Maximiliano Bonilla Orozco, alias Valenciano, ocurrida en Maracay (Venezuela) el pasado 27 de noviembre, hubo quienes creyeron que esa noche habría alborada en Medellín y que estallaría de inmediato una cruenta lucha entre “combos”. Pero la pólvora no se escuchó, como esperaban, y durante los días siguientes tampoco se desbordó la violencia.

La razón, dicen conocedores de las movidas criminales en Medellín, es que hacía rato Valenciano había perdido interés en la ciudad. En 2008, luego de la extradición de Diego Fernando Murillo, Don Berna, cabecilla máximo de ‘La Oficina’, Valenciano comenzó a comandar unas siete bandas criminales y los “combos” integradas a ellas. Su rival, Ericson Vargas, Sebastián, el otro capo que se quedó con otro bando de la organización criminal, llegó a comandar unas 14.

El poder de Valenciano fue cayendo. En el transcurso de dos años quedó solo con ‘Calatrava’ y ‘Los Mondongueros’, banda que articula unos 8 o 10 “combos”, pero que ha sido diezmada por constantes capturas por parte de la Policía. Además, los grupos al servicio de Sebastián rodearon los territorios donde tenía influencia y echaron literalmente a familias enteras. “Por eso, él trasladó parte de su negocio, por medio de ‘Los Mondongueros’, a la Ciénaga de la Virgen, en Bolívar, por la conexión con el mar Caribe”, dice un hombre que conoce las movidas de la banda.

El general Yesid Vásquez, sin embargo, calificó la captura como un gran regalo de Navidad para Medellín. Y Juan Felipe Palau, secretario de Gobierno de la ciudad, afirmó que las autoridades reforzaron su presencia en los lugares donde podría haber reacciones luego del golpe: 29 sectores de las comunas de Doce de Octubre, Castilla, San Javier, Villa Hermosa y Belén, y en el corregimiento San Antonio de Prado.

Ahora, debido a la poca capacidad de capo que le atribuyen a Sneyder, el cabecilla de ‘Los Mondongueros’ y el segundo en la estructura de Valenciano, el crimen organizado en Medellín, dicen analistas e investigadores sociales y judiciales, queda en manos de Sebastián y ‘Los Urabeños’.

Esta última banda criminal, comandada por los hermanos Úsuga, Juan y Dairo, y Henry de Jesús López, alias Mi Sangre, entró a Medellín, al parecer con el apoyo de Valenciano, por los corregimientos San Cristóbal, Altavista y San Antonio de Prado. Y luego extendió su poder a la parte alta de La Sierra, por la conexión con el Oriente antioqueño.

Su llegada y la salida de Valenciano coincidieron con la disminución de homicidios en Medellín y con el incremento de otros delitos, así como con crímenes en los corregimientos. Las autoridades han destacado los golpes a los “combos” y las capturas de 1.500 personas en 2011. Organizaciones sociales como Corpades han llamado la atención sobre por qué en zonas donde Sebastián quedó solo, como el Popular Uno, disminuyeron las muertes violentas.

En esa comuna, en los primeros 10 meses de 2009 y 2010 hubo 255 homicidios, y este año, hasta octubre 31, fueron registrados 19 asesinatos. En general, la reducción de muertes en Medellín este año ha estado cerca del 20 por ciento. De seguir así estaría muy por debajo de los 2.186 registrados en 2009 y los 2.022 en 2010. Hasta el 30 de noviembre iban 1.522.

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Sin embargo, Jairo Herrán Vargas, personero de Medellín, ha llamado la atención sobre el aumento de otros delitos como la desaparición forzada y los desplazamientos intraurbanos. En 2010, la entidad registró 25 desapariciones, y este año, 85. En San Antonio de Prado, este año el desplazamiento ha aumentado más del mil por ciento, al pasar de 19 personas en el primer semestre de 2010 a 227 en el mismo periodo de 2011. Y los desplazamientos allí han seguido ocurriendo.

Vargas expresa que la supuesta hegemonía de Sebastián permitiría la disminución del conflicto en la ciudad y la desaparición de las fronteras invisibles, esos territorios que han sido dominados por bandos enemigos. Pero advierte que sólo será hasta que adentro explote la lucha por los negocios ilegales.

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En el cambio de estas tendencias criminales ha surgido la pregunta: ¿cuál es el interés real de ‘Los Urabeños’? Según una fuente consultada por este diario y que conoce desde adentro estas bandas, su interés en Medellín radica en que “es el mejor sitio para lavar dinero”. Coincide con Luis Fernando Quijano, presidente de Corpades, al expresar que la experiencia en la guerrilla y grupos paramilitares les permitirá aniquilar la estructura de Sebastián que, aunque más numerosa, está compuesta por muchachos de barriada indisciplinados y sin experiencia.

Así mismo, otra fuente que conoce la organización criminal de Sebastián dice que todos vienen del mismo grupo y que todos han recibido el mismo entrenamiento en “escuelas”, cerca de la ciudad o en otras regiones, por periodos hasta de un mes.

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Herrán Vargas no cree, sin embargo, que ‘Los Urabeños’ tengan interés en desencadenar una lucha con Sebastián y disputarle una fuente de financiación como la extorsión que, según Fenalco, representa unos 40 mil millones de pesos al año. “Su interés son la rutas”, dice.

Para Juan Felipe Palau aquí no se trata de subestimar o sobrestimar, sino de evitar que estas bandas armadas, tengan el origen que tengan, causen más terror en Medellín. “Ya estamos prevenidos y vamos a evitar que eso pase”, asegura.

Por Wálter Arias Hidalgo, especial para El Espectador

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