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Pereira, otra víctima de la heroína

La metadona, usada para tratar esta adicción, termina en el mercado negro o generando nuevos trastornos, porque algunos pacientes la mezclan con otro tipo de alucinógenos. Hospitales ya no la formulan, la suministran directamente.

Redacción País

14 de mayo de 2010 - 06:18 p. m.
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Pocas sustancias causan más trastornos y deterioro en el ser humano que la heroína. Esta droga ilegal no sólo se ha convertido en un desafío para los países desarrollados, sino que es cada vez más consumida en naciones como Colombia. Pero algo va de la estrategia de control desde los sistemas de salud europeos, a la que realizan sus pares en el país. Mientras en Suecia y Noruega hay acompañamiento al drogadicto, en Colombia se le suministra la droga desintoxicante (en el mejor de los casos), que muchas veces es comercializada en el mercado negro para adquirir más heroína.

Uno de los más preocupantes ejemplos lo vive hoy la ciudad de Pereira, en la que este diario comprobó lo fácil que les resulta a los heroinómanos comercializar la medicina, las peripecias que deben hacer las entidades de salubridad para evitar que esto ocurra —con el consecuente riesgo de echarse de enemigos a los drogadictos— y la forma valiente como algunos voluntariados se esmeran por aliviar el drama de las familias afectadas por dicho problema.

Según el psicólogo Juan Carlos Sierra, del Centro de Atención en Drogadicción para Risaralda (Cadri), la metadona (droga empleada para eliminar la dependencia a la heroína) es vendida por algunos pacientes a $3.500 para adquirir nuevas dosis de la droga ilegal, que en esa ciudad cuesta $10.000. Por esta razón y de acuerdo con el programa de asistencia ambulatoria de la metadona, ahora hay más restricciones para su formulación y entrega. No terminaba de contarlo, cuando a su consultorio ingresó intempestiva y visiblemente angustiada una de las médicas de la institución, a quien un hombre amenazaba por no entregarle la metadona para sus dos hijos.

Era el mismo hombre que momentos antes había intentado que Sierra, psicólogo especialista en farmacodependencia, le entregara la misma receta que necesitaban los dos muchachos, uno de ellos internado en un centro de reclusión en Combia y otro en un Hogar de Rehabilitación en Cali. Según el sujeto, había viajado mucho en busca de metadona y no se regresaría con las manos vacías.

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“Anteriormente se entregaba la fórmula de metadona para el mantenimiento del paciente por 10 días. Ahora se suministrará directamente en el hospital y así se disminuye el mercado negro del medicamento y habrá un mayor control”, dijo el psicólogo Sierra.

Este año el Cadri les hace seguimiento a 60 heroinómanos, pero por allí han pasado cerca de 300 de municipios de Risaralda como Belén de Umbría, La Virginia, Marsella, Pereira y Dosquebradas, lo que quiere decir que la cifra de consumidores es más alta, ya que la mayoría llega al Cadri porque no tiene dinero para la dosis y presenta síntomas de abstinencia más que intención de rehabilitación.

Para Sierra, aún hacen falta ajustes en la asistencia: “educar al usuario; el control médico psiquiátrico, las pruebas de orina y profesionales especializados que hagan seguimiento”. El tema presupuestal también anda cojo, pues para cada paciente se requieren mensualmente $2.5 millones y los recursos son escasos.

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La Policía Comunitaria de Dosquebradas identificó, en el barrio Guadualito, a 75 jóvenes consumidores de heroína. Hasta ellos ha llegado el trabajo del Cadri y del Comité Territorial de Reducción del Consumo de Sustancias Psicoactivas, cuya coordinadora, Luz Adriana Rivera, enfatiza que “no estamos dispuestos a entregar un medicamento para que ellos incrementen el mercado negro, o para arriesgarnos a que mezclen el consumo de metadona con heroína”.

El Ministerio de Protección Social identificó también Quindío y Antioquia como zonas de Riesgo. En Medellín, por ejemplo, existe el proyecto Carisma, que cuenta con recursos por cerca de $5.000 mil millones. El Cadri se las arregla con $300 millones y hoy ya tiene alianzas con el departamento y la Nación. También gestiona un proyecto por 50 mil dólares con Treatnet, una red que incluye a Brasil y países europeos.

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En trabajo de calle

Precisamente, uno de los trabajos de calle más dedicados y comprometidos lo realiza el patrullero de la Policía Comunitaria de Risaralda, David Díaz Parra, (Premio Corazón Verde por servicio a la comunidad), quien vive día a día esta problemática en Dosquebradas y que tiene identificados a través del Cadri, a 37 adictos a la heroína, sin embargo,  los que han pasado por “H” son muchos más.

El Patrullero Díaz es incansable, la cita para esta entrevista era a las 8 de la mañana, pero finalmente llegó una hora y media después, la razón era que primero había que vender el pan que desde la madrugada él y sus jóvenes elaboran dentro del programa de rehabilitación, el que incluye varias microempresas, con maquinaria aportada por la Alcaldía de Dosquebradas.

“Con los consumidores de heroína se tiene el mayor problema, no madrugaban no participaban de las microempresas,  porque si no tenían los 10 mil pesos para consumir su heroína no trabajan, pierden la funcionalidad, se salen de los contextos sociales, sólo piensan en eso, se aíslan”, explica el patrullero que llegó en compañía de un joven en rehabilitación, lo estaba esperando para que lo llevara al hospital, se había quebrado un dedo y no quería ir solo,  le decía que tenía que ser con él porque así le prestaban atención.

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En la Comuna 8, los jóvenes ya saben que es la heroína,  ya tocaron fondo, muchos dicen que quieren cambiar, pero eso no es así de fácil, después de haber estado 1 o 2 meses en un centro de rehabilitación, vuelven a su entorno y creen que ya superaron la enfermedad, pero en menos de ocho días vuelven a caer. Y si están en programas de desintoxicación, venden el medicamento, hay farmaceutas que se la compran, y a la vez ellos se la venden al que la necesite, con tres pastas tienen para comprarse la dosis de heroína.

El caso particular en Guadualito, barrio de la Comuna 8 de Dosquebradas, lo relata el patrullero Díaz: “les dije, vamos a empezar un trabajo con el Cadri, y me fui con ocho. A Dios gracias apareció Juan Carlos (psicólogo del Cadri) y abrió campo para 6, aunque yo le dije que eran como 75. Para participar del programa me tocaría llevarlos todos los días, y no hay los medios para hacerlo, con la Policía Comunitaria tienen todo el apoyo pero no tenemos los fondos; mientras que por otra parte hay funcionarios de una Alcaldía sin compromiso, pero con fondos; y funcionarios que son negligentes, que no conocen la problemática, que se asustan cuando les dicen Guadualito, si no lo conocen cómo van a ayudar”, afirma el Patrullero.

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“El desespero por 'H' es lo peor”

Ahora los 6 jóvenes están en el hogar Rescate Juvenil, tratando de superarse, uno de ellos es  Beto. El hogar de rehabilitación queda en un cerro que se llama el Alto del Nudo, a una hora de Dosquebradas, pero casualmente estaba en su casa, en el barrio Cerro Azul también perteneciente a la Comuna 8, a escasos minutos de donde me encontraba hablando con el Patrullero Díaz, y fuimos hasta el lugar. 

Beto estaba enfermo, entramos a su habitación y efectivamente cuando me saludó sentí en su mano el calor de la fiebre, también estaba esperando a Díaz para que lo llevara al hospital. Desde los 15 años consume todo tipo de drogas, menos basuco me recalcó. Pero su ‘mala suerte’ llegó cuando entró en la heroína.  

“Hace dos meses que estoy en el Centro de Rehabilitación, y llegué allí por voluntad propia, porque lo estaba perdiendo todo, por más ‘drogo’ que he sido nunca me había llevado las cosas de la casa, y con “H” lo hice, mi mamá no me decía nada”, me cuenta mientras se da vuelta en la cama, dice que el dolor que tiene en el cuerpo es insoportable, pero insiste que no es por el ‘torque’, así le dicen ellos al síndrome de abstinencia.

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Se queda en silencio y  reflexiona: “eso es por tantos años de consumo, son 13 años y 5 en la heroína, pero yo nunca me ‘chutié’ siempre la inhalé. Ese desespero por “H” es lo peor, lo enferma a uno. Hacía cualquier cosa para mantener el vicio, pero hace dos meses me di cuenta que estaba cometiendo muchos errores y que terminaría debajo de un puente, llegué a un punto en que no podía más, hasta mi mujer se fue”.

Continúa con su hablar pausado y cansado: “Dios me alumbró y no más, gracias a la Policía Comunitaria y al Patrullero Díaz, a él le dejábamos los proyectos tirados, pero este año empezó el programa de microempresas. El problema es que no éramos capaces de estar bien, si no consumíamos heroína y fuimos al Cadri para el programa de desintoxicación”.

“Yo hice el programa de desintoxicación, pero sé de muchos que les pasaban el tarrito de metadona, son 20 pastas, y se tomaban una o dos, y el resto la vendían para conseguir plata e ir a comprar heroína, los farmaceutas también la compran y también las ‘ollas’”, explica.

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“Díaz y el Coronel se han portado muy bien. Han estado constantes, con ganas de que salgamos adelante. Estaba ciego por no querer dejar las drogas y llevo sobrio dos meses, ahora mi familia no se cambia por nadie, y mi mujer volvió a mí”, concluye Beto, y agrega que falta mucho apoyo, “nosotros no podemos solos, faltan oportunidades, necesitamos que nos escuchen, la droga y más la heroína están por todos lados”.

Por Redacción País

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