20 Jul 2018 - 3:00 a. m.

Por los caminos de la historia

Con varias décadas dedicado a explorar los destinos de Colombia, el escritor y catedrático Jorge Orlando Melo constituye un ejemplo de disciplina y pasión intelectual por el país. Su “Historia mínima de Colombia” representa el último ejemplo de su disciplina.

Redacción Judicial

 Hace menos de un año, Melo lanzó su libro "Historia Mínima de Colombia". / Mauricio Alvarado
Hace menos de un año, Melo lanzó su libro "Historia Mínima de Colombia". / Mauricio Alvarado

Desde los cuatro años en que aprendió a leer, rodeado de familiares educadores, entre ellos su padre, Jorge Orlando Melo asumió el llamado del saber. Aunque primero fue seguidor de las historias del narrador uruguayo Constancio Vigil, cuando terminó su bachillerato en el Instituto Jorge Robledo de Medellín, ya tenía claro que su camino estaba en las letras. Por esa ruta llegó a la historia que convirtió en su disciplina para entender a Colombia.

Puede leer: La independencia ficticia

Primero en la Universidad Nacional de Bogotá, donde llegó en 1960, cuando se volvía un hervidero político. Sin embargo, como lo suyo era escribir, con un ensayo sobre la filosofía en la colonia y una traducción de Sartre para criticar el reduccionismo económico de la sociología marxista, a los 21 años le puso cimientos a su obra. Luego viajó a Estados Unidos a cursar una maestría en historia que redondeó con su tesis sobre las políticas económicas de Francisco de Paula Santander.

Cuando regresó a Colombia, volvió a la Nacional donde se sentían los ecos de la reforma del académico José Félix Patiño. Seis años como catedrático, además de su persistencia en la historia, dedicado a que los alumnos encontraran este sentido en clásicos como Hamlet de Shakespeare, Edipo Rey de Sófocles, El Idiota de Dostoevsky o El Príncipe de Maquiavelo. Mientras la política cruzaba la cotidianidad estudiantil, él insistía en que se comprendieran los contextos.

En 1970, se fue a Cali y fueron 18 años en la Universidad del Valle, donde consolidó su vocación. Desde el Centro de Investigación y Desarrollo inició sus pesquisas sobre la minería colonial en la Nueva Granada, y luego, en 1977 publicó su primer libro: El Establecimiento de la Dominación Española. Una obra con varias ediciones que explica el proceso de conquista del territorio colombiano que sentó las bases de tres siglos de supremacía.

Años de intensa actividad académica en los que no solo volvió a Estados Unidos a seguir estudiando, sino que, como lo resalta Gonzalo Cataño en su ensayo Jorge Orlando Melo: academia y compromiso público, “sus afanes tomaron las direcciones que terminaron por marcar su trayectoria laboral y académica”. En unos casos como autor, en otros como editor, siempre aportando investigación sobre la compleja historia nacional, hasta su condición actual de referente obligado.

Con su hermano Moisés tuvo tiempo para constituir la editorial Oveja Negra, que luego vendieron para inventarse La Carreta Editores. La idea siempre fue combinar la cátedra con la escritura, hasta que en 1990 se cruzó en su destino la actividad pública y terminó como Consejero Presidencial para los Derechos Humanos hasta 1993, y luego, un año más, como Consejero Presidencial para Medellín en una época muy difícil.

Eran los días de la guerra contra Pablo Escobar , del accionar oscuro de Los Pepes o de la ofensiva del Bloque de Búsqueda, pero él sabía que para atender su misión, además del diálogo con todos, la prioridad era cultural y educativa. Por eso, junto a María Emma Mejía, crearon varios colegios y bibliotecas, o impulsaron múltiples proyectos sociales en las comunas. Mucha acción con la gente sin renunciar a la historia, al punto de aportar en ese mismo tiempo una bibliografía determinante.

Con apoyo de ilustrados académicos e historiadores, entre otras obras fue editor de libros clásicos como Historia de Antioquia, Historia de Medellín o La Gran Enciclopedia de Colombia. Una intensa labor de autoría, edición y divulgación que incrementó a partir de 1994, cuando entró a dirigir la biblioteca Luis Ángel Arango en Bogotá, gestión que desempeñó hasta 2005. Otra década de incontables aportes a la cultura nacional.

Puede leer: Un libro indispensable

Hace menos de un año, lanzó su libro Historia Mínima de Colombia y ya es referencia infaltable en cualquier biblioteca. Por su capacidad de síntesis y su habilidad narrativa no podía ser otro el autor para resumir en 324 páginas la historia del país. Desde los tiempos precolombinos hasta el presente de prisa por la paz. Con una frase final que sintetiza su lectura: “la violencia es la gran tragedia de la sociedad colombiana del último siglo y constituye su mayor fracaso histórico”.

Con observaciones para cada respuesta, a la pregunta de qué personajes de la historia resaltaría, alude al burócrata colonial Francisco Moreno y Escandón, figura clave en el siglo XVIII; y al general Francisco de Paula Santander, a pesar de sus discrepancias con Bolívar. Deja claro que no es cierto que Colombia haya sido el único país con larga cronología de guerras civiles, y dice que los mejores gobiernos del siglo XX fueron el primero de Alfonso López y el de Carlos Lleras.

No esquiva el debate sobre cualquier suceso, todos le resultan cautivantes y, con hechos precisos, argumenta sus conclusiones, fortalecido además por una extensa obra periodística de significativos aportes, como la revista Credencial Historia que orientó casi 20 años. Hoy administra su propia página web en la que agrega a diario documentos, cronologías o capítulos desconocidos, porque quiere seguir interactuando con sus lectores, como ayer lo hacía con los estudiantes.

“Colombia es un tema” es el nombre de su página, en la que, además de novedades editoriales, incluye textos que sólo se encuentran en archivos o bibliotecas. En su criterio, así estimula el debate. Con el rigor de investigador que aprendió a desarrollar en su paso por las universidades, y con la misma pasión por el saber que heredó de su familia. Lo demás es su devoción por la historia que volvió su destino.

Comparte: