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Por una reconstrucción integral del Chocó

Es obligación de quienes tomarán las riendas para superar esta crisis que estimen con rigor que reconstruir no es volver a poner lo que existía.

Camilo Flórez Góngora*

01 de septiembre de 2026 - 08:41 p. m.
En Chocó hubo más de 3.100 viviendas destruidas y alrededor de 20.000 con afectaciones
Foto: EFE - Mauricio Dueñas Castañeda
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Tras el terremoto de magnitud 7.4 del pasado lunes 10 de agosto con epicentro en el municipio de San José del Palmar en el departamento del Chocó, se ha vuelto a poner en evidencia las profundas calamidades socioeconómicas que han azotado a esta región del país desde el nacimiento de la República de Colombia en 1819.

Este territorio, caracterizado por su alta riqueza de metales preciosos, y de gran diversidad cultural y biológica, ha representado un enclave atractivo desde la conquista española, impulsada por la ambiciosa búsqueda de El Dorado, pasando por la minería esclavista de la colonia, hasta el surgimiento de la República que dio paso a la explotación de empresas mineras británicas, estadounidenses y francesas con el auge del platino y del oro a lo largo de los siglos XIX y XX.

En el apogeo de esa economía de enclave, se destacan figuras como las del explorador, ingeniero y empresario minero Henry G. Granger (1872-1954), el estadounidense que acumuló 113 títulos mineros con el Estado colombiano y quien fungió como el primer agente consular de los Estados Unidos en el Chocó a partir de 1905. Otras referencias históricas, precisan que hacia 1916 se consolidaron explotaciones industriales como las de la empresa americana Chocó Pacifico que durante casi 60 años tuvo el control de la minería de draga sobre los ríos San Juan y Condoto.

Los datos históricos también nos cuentan que Colombia se posicionó entre 1916 y 1926 como el mayor exportador mundial de platino, aprovechando los altos precios en el mercado. Riqueza que no tuvo pagos fiscales ante la nación por parte de la compañía, dejando un enorme pasivo socioambiental por el que nadie nunca respondió.

A pesar de sus vastas reservas minerales, de sus abundantes y finas maderas que crecen en su selva húmeda tropical, su diversidad cultural representada en etnias indígenas y comunidades afrodescendientes, el Chocó sigue siendo el epicentro nacional de los indicadores socioeconómicos entre los más críticos del país y de grandes rezagos en el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Lo que se ha traducido a lo largo de décadas en una alta pobreza monetaria que afecta a dos de cada tres personas, una extrema desigualdad (Gini superior a 0.55), necesidades básicas insatisfechas elevadas, servicios públicos precarios y aislamiento vial. Para no hablar de tasas de desempleo estimada en dos dígitos, el persistente hostigamiento armado por más de tres décadas, la baja conectividad digital, la inaceptable desnutrición crónica y la mortalidad materno-infantil, por encima del promedio nacional y un rezago educativo con alta incidencia de analfabetismo y baja cobertura en educación de alta calidad.

Frente a este acumulado histórico de estancamiento y con la reciente devastación provocada por el terremoto, el nuevo gobierno ha prometido un “Plan Marshall” para reconstruir el afectado departamento del Chocó y transformar las condiciones de vida de sus casi 600 mil habitantes. El anuncio obliga a quienes tomarán las riendas para superar esta crisis, a que estimen con rigor que reconstruir no es volver a poner lo que existía. Debido a que la reconstrucción del Chocó exige una transformación radical no solo de la infraestructura gris destruida por el terremoto, sino también las otras infraestructuras, como la verde, la ecológica, la social y la pública.

Colombia ya ha dado sus primeros pasos para considerar la infraestructura verde y las soluciones basadas en la naturaleza, que desempeñan un papel complementario respecto de las medidas sísmicas tradicionalmente implementadas. No es que las soluciones basadas en ecosistemas están allí para detener un terremoto, sino para mitigar algunos de sus efectos secundarios y aumentar la capacidad del territorio para recuperarse tras un evento sísmico destructivo.

Por ejemplo, el concepto de Reducción del Riesgo de Desastre basado en Ecosistemas (Eco-RRD), adoptado por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADS, 2023), consiste en conservar, restaurar y gestionar de manera sostenible los ecosistemas para reducir los riesgos de desastres. Y la Corporación Autónoma Regional para el Desarrollo Sostenible del Chocó, Codechocó, ya incorporó en su planificación ambiental (Plan de Gestión Ambiental Regional del Chocó, 2023-2034) los principios rectores relacionados con la infraestructura verde, incluyendo el ordenamiento ambiental de ecosistemas, la gestión integral de la biodiversidad, la gestión de la calidad ambiental, la gobernabilidad ambiental participativa, la educación ambiental y la participación ciudadana.

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Estas herramientas nos brindan la oportunidad de adoptar los conceptos de reconstruir mejor (“building back better”) y de reconstruir con la naturaleza (“building back greener”), haciendo un uso integrado de saberes tradicionales y conocimiento científico para armonizar el desarrollo humano, las múltiples infraestructuras y el cuidado de la naturaleza teniendo en cuenta múltiples capas incluyendo también un complejo sistema biocultural o socioecológico.

Ante este profundo dolor que nos causa la tragedia del terremoto del Occidente colombiano por la pérdida de vidas humanas, de mascotas y de bienes, no queda otro camino que el de una reconstrucción holística que tenga en cuenta no solo la sismoresistencia de la infraestructura gris, sino también las otras infraestructuras de las que poco se habla y que tradicionalmente no se consideran igualmente indispensables.

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Estas iniciativas requieren también de la consolidación de las capacidades institucionales y del liderazgo académico, gerencial y técnico en desarrollo económico, social y ambiental de los propios chocoanos para impulsar el empoderamiento y los exigentes desafíos en la reconstrucción de las zonas devastadas por el terremoto en su departamento.

En esa perspectiva, la verdadera reconstrucción no será aquella que reponga lo que el terremoto destruyó, sino la que haga menos probable que el próximo desastre encuentre al Chocó igual de vulnerable como ahora. Así que reconstruir mejor y hacerlo de la mano con la naturaleza, será una gran oportunidad para devolverles a los chocoanos su dignidad, su integridad y su bienestar colectivo, expoliado durante siglos.

*Consultor ambiental sénior en Fiorix Consulting.

Por Camilo Flórez Góngora*

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