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17 Nov 2021 - 3:13 p. m.

Providencia: La lucha por la dignidad

Mi nombre es Édgar Jay Stephens, tengo 53 años y soy raizal, nacido en la isla de Providencia. Hace 20 años soy pescador artesanal, con eso he sostenido a mi familia y educado a mis hijos.

Édgar Jay Stephen, líder de pescadores de Providencia

Las islas de Providencia y Santa Catalina fueron las más afectadas por el huracán Iota pues el 98 % de la infraestructura de estas quedó destruida.
Las islas de Providencia y Santa Catalina fueron las más afectadas por el huracán Iota pues el 98 % de la infraestructura de estas quedó destruida.
Foto: María Camila Ramírez Cañón

Soy representante de los pescadores de Providencia ante la Junta Departamental de Pesca, presidente de la Asociación de Pescadores Independientes I-Fish y hago parte de la Mesa Directiva provisional de la Federación de Pescadores de Providencia. Soy el Coordinador de la Guardia Raizal. Actualmente soy el responsable del Campamento por la Dignidad, instalado en la cuenca de Bowden, en las playas de Old Town.

Hace ya casi un año, solo unos días después del paso del huracán, una base militar se instaló en la cuenca de Bowden, al lado de las ruinas que quedaron de la Cooperativa de Pescadores. Les tomó dos días y dos noches montarla. Al día de hoy, el puente que conectaba a Providencia con Santa Catalina no está terminado. Tampoco tenemos hospital, pero ese montaje de la base militar sí se pudo hacer en dos días.

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Como Federación de Pescadores, consideramos esto una ofensa y una violación a nuestros derechos. Después de todo, la base militar puso su muelle atravesado donde estaba el muelle de nosotros. Esto obstaculiza nuestra área de maniobra, y nuestro derecho al trabajo. Además de esto, llenaron el área con escombros y esto afecta el desagüe del arroyo y las especies que se encuentran allí.

Cuando nos dimos cuenta de todo lo que estaba en riesgo con la instalación de esta base, decidimos montar el Campamento por la Dignidad al lado de donde están ellos. Sabíamos que si hacíamos un plantón o una manifestación pacífica, se iría al olvido y nada cambiaría con el pasar de los días. Decidimos, entonces, que nos instalaríamos permanentemente como hicieron ellos, en un lugar que es nuestro, y que desde el Campamento generaríamos dinámicas de lucha hasta que ellos se vayan de aquí, a donde estaban antes del huracán, en un lote de la isla.

Es el día 251 del Campamento por la Dignidad y hemos encontrado otras razones para luchar. Los avances que ha mostrado el Gobierno sobre la reconstrucción en Providencia no muestran la verdad que estamos viviendo. Falta por reconstruir la infraestructura educativa, el puente a Santa Catalina y el hospital. Se amplió la pista del aeropuerto, pero a los enfermos de covid los están atendiendo en carpas porque no tenemos un hospital.

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Un amigo mío murió hace unos días por esa enfermedad. Era miembro de la Federación de Pescadores Fish and Farm, era quien nos arreglaba los motores. Le dio covid y no lo pudieron trasladar porque no pudieron intubarlo, porque no hay un hospital. Los damnificados siguen viviendo en carpas, mientras que los funcionarios del Gobierno que vienen acá se quedan en el hotel Deep Blue. Es absurdo e indignante.

Los diseños que han hecho para las nuevas viviendas aquí no se parecen en nada a lo que teníamos antes, no han respetado nuestro modelo de vivienda tradicional. Lo que yo he visto de diseño de construcción son para mí como monstruos de hierro y hormigón. Los techos de las nuevas viviendas tampoco tienen amarres anti huracán, entonces tampoco tienen los requisitos técnicos preventivos por si pasa otro desastre. Lo que pedimos es que la reconstrucción en Providencia tuviera en cuenta también la rectificación de errores pasados, y no lo hemos visto.

Propusimos un modelo de reconstrucción que se basara en la autogestión. El Gobierno suministra los materiales, recursos para la mano de obra y reglas de construcción, y los dueños de la propiedad se encargan del resto, con la condición de que esos recursos solo se pueden utilizar para la reconstrucción. Pienso que así ya se habría reconstruido Providencia, que es una isla de solo cinco mil habitantes. ¿Por qué ha pasado un año y no han terminado?

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Nosotros como pescadores hemos tenido una ventaja y es que nos reunimos rápidamente después de que pasó el huracán para proponer la reconstrucción de nuestra flota. Después del huracán, toda la flota pesquera fue destruida. La mayoría de los motores de las lanchas, unos 188, fueron sumergidos o destruidos totalmente, quedaron inutilizables. 160 lanchas quedaron afectadas y las 19 embarcaciones más grandes quedaron afectadas. 13 están gravemente afectadas y no sirven para nada, tres fueron destruidas totalmente y otras tres desaparecieron. Toda la infraestructura de la cadena de frío y de la sala de proceso quedó destruida.

A la Autoridad Nacional de Pesca le propusimos un plan en tres fases y ellos lo acogieron. Cuando empezó el Campamento por la Dignidad, hicimos presión para que se sentaran con nosotros en una Mesa de Diálogo y firmaran los acuerdos. Hay cosas que se han cumplido y otras no. Por ejemplo, aún no se ha ejecutado la fase de la flota estratégica. Esta tiene dos aspectos: la reconstrucción de la flota que tenemos y cuatro embarcaciones estratégicas, una para cada organización, por un valor de 1.300 millones por embarcación; y la ejecución de $3.000 millones para poder reparar las 19 embarcaciones y reemplazarlas. Estamos también a la espera de los subsidios de combustible y el desarrollo de proyectos productivos, como la infraestructura de I-Fish. Esta tiene un costo de alrededor de un millón de dólares, pero eso lo queremos es gestionar recursos extranjeros, por nuestros propios medios.

Hasta ahora, en la ausencia de varios de nuestros implementos para trabajar, hemos improvisado, utilizado nuestro ingenio y el espíritu invencible que nos dieron nuestros viejos. En el Campamento no hemos parado de trabajar. No daremos un paso atrás. Para todos, todo.

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