24 Mar 2021 - 2:00 a. m.

Proyectos productivos rurales: estrategia de resistencia

Chocolate entre Amigas, la Red de Mujeres Chaparralunas por la Paz, la Asociación de Productores de Cacao (Asocamet) y la plataforma Juventud de Planadas son algunos de los proyectos de Meta, Nariño y Tolima que trabajan en la transformación social y económica de las regiones.

Los proyectos productivos de las regiones en Colombia se convirtieron en el principal instrumento de muchas comunidades para resistir los embates no solo del conflicto armado interno y el olvido estatal, sino también de los efectos que ha dejado en el país un año de crisis por cuenta de la pandemia. Es el caso de cinco proyectos desarrollados en los departamentos de Meta, Nariño y Tolima, liderados por víctimas del conflicto armado. Algunos están conformados desde hace más de quince años y se han fortalecido en los últimos tiempos y otros surgieron durante el Acuerdo de Paz entre la guerrilla de las Farc y el Gobierno nacional.

Se trata de Chocolate entre Amigas, Red de Mujeres Chaparralunas por la Paz, la Asociación de Productores de Cacao (Asocamet), la plataforma Juventud de Planadas y la Asociación Agropecuaria de Mujeres con Liderazgo.

Elizabeth Santamaría, por ejemplo, es la representante legal de Chocolate entre Amigas, un proyecto productivo que nació de un proceso de fortalecimiento y empoderamiento de la mujer promovido desde Limpal Colombia —organización feminista que trabaja en la construcción de paz— en el municipio de Mesetas (Meta). “Después de que se acabó el proyecto, seguimos reuniéndonos en las casas de compañeras. Nos tomábamos un chocolate con pan y queso. Hablábamos de las problemáticas sociales que estaban afectando a las mujeres en el municipio y, en esos espacios, llamamos a nuestra organización Chocolate entre Amigas”, rememora Santamaría.

En la iniciativa encabezada por ella participan 42 mujeres de varios grupos poblacionales: víctimas del conflicto armado, en proceso de reincorporación e indígenas. Lideran emprendimientos económicos, realizan una feria del cuidado, venden productos derivados del cacao y del arroz, confeccionan y venden ropa. “Lo más difícil ha sido poder eliminar esa etiqueta de víctimas y victimarios. En el proceso hubo mujeres que no pudieron tener esa fortaleza de estar frente a sus victimarios y se les ayudó psicológicamente”, explica Elizabeth.

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En Mesetas, una región que está a más de 133 kilómetros de Villavicencio, los proyectos también avanzan a buen ritmo. En 2006, Nini Johana Casas, presidenta de la Asociación de Productores de Cacao (Asocamet), fortaleció la idea de negocio de comercializar cacao en grano seco e hizo la formalización ante la Cámara de Comercio. “La conformamos con 52 socios. Luego fuimos 28, pero ahora último, con la ayuda de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), tuvimos un empujón para salir de donde estábamos estancados y tenemos 48 socios”, explica Casas.

Tienen un centro de acopio en el casco urbano de Mesetas, adonde llegan los productores de la zona rural. Están comenzando a transformar el cacao para sacarle derivados como el chocolate y la chucula.

En el sur del Tolima, subregión integrada por los municipios de Ataco, Chaparral, Planadas y Río Blanco, la apuesta es también por las iniciativas comunitarias sostenibles. En esa zona incide la Red de Mujeres Chaparralunas por la Paz y la Plataforma de Juventud de Planadas, dos proyectos organizativos que trabajan en la construcción de paz. El primero es liderado por mujeres y su objetivo es trabajar por la igualdad de género en los sectores económicos, productivos y políticos. El segundo, conformado por colectivos, expresiones y organizaciones formales e informales, busca promover la consolidación de la democracia, la participación y la paz en el territorio.

Íngrid Gómez, integrante de la red, afirma que las organizaciones filiales participan en actividades productivas de café y cacao, algunas en proyectos artesanales y de apicultura, estos últimos abanderados por comunidades indígenas de los Pueblos Nasa y Pijao del Sur del Tolima. Desde 2004 trabajan en el fortalecimiento de la Red. “La idea es que las organizaciones consoliden sus negocios, pero con responsabilidad social, no solo para la generación de ingresos, sino para crear condiciones de igualdad económica y productiva para las mujeres; transformado su rol de cuidadoras que socioculturalmente se les ha asignado”, explica Gómez.

Por su parte, el trabajo de la Plataforma de Juventud de Planadas data de 2017. Sin embargo, ya lograron incidir directamente en la formulación del Plan de Desarrollo Municipal, mediante la participación de dos de sus integrantes en el Consejo Territorial de Planeación. Jhoan Stiven Gutiérrez, miembro activo de la plataforma, detalla que están conformados por 43 jóvenes y trabajan en territorio. “A finales de 2019 llevamos bibliotecas rodantes a escuelas rurales muy apartadas del casco urbano. Logramos la integración de las comunidades étnicas en Planadas, donde hicimos un compartir de saberes en un resguardo indígena”, cuenta.

Otro caso a destacar es el de Tumaco (Nariño), municipio en el que el recrudecimiento de la violencia está latente y en donde 35 mujeres que conforman la Asociación Agropecuaria de Mujeres con Liderazgo, ubicada en la vereda Chilvi, vienen desde 2011 construyendo paz y economía.

Carmen Eliza Olaya, defensora de Derechos Humanos y exsecretaria de Equidad y Género de Nariño, ha acompañado a esa asociación desde hace casi una década. Tienen como base de los emprendimientos la línea de cultivos de pancoger y cría de cerdos. Pero con la pandemia se transformaron sin dejar de lado sus orígenes. “Desde la política, tuve la oportunidad de ayudar a las mujeres en la consolidación de un proyecto de tapabocas. Ellas tienen su taller. Iniciamos con 24 mujeres, pero, como se incrementó la comercialización, ahora solo tenemos 14”, explica Olaya.

Retos de la pandemia

Con la llegada del COVID-19, los proyectos tuvieron un obstáculo en común: apostarle a la virtualidad en medio del poco acceso a la conectividad. Una realidad evidente, si se tiene en cuenta que en 2020, cuando comenzó el confinamiento, solo uno de cada seis hogares de zonas rurales tenía internet. Nini Casas, de Asocamet, por ejemplo, cuenta que las reuniones eran virtuales y para poder asistir tenían que trasladarse hasta una finca en la que había un computador.

“Saber que teníamos compañeras que no tenían nada de comer en sus casas y nosotros pensando en cómo ayudarles. Logramos generar ayudas humanitarias con Limpal Colombia. Eso nos permitió llegar a las casas de las compañeras y ver como estaban”, cuenta Elizabeth, de Chocolate entre Amigas, al explicar los obstáculos de la pandemia.

La falta de acceso a internet le complicó la comunicación a la Red de Mujeres Chaparralunas por la Paz. “Pensábamos cómo lograr que las mujeres accedieran al derecho a la justicia, pues la única forma de denunciar era la virtualidad, pero había mujeres que no tenían acceso a un teléfono. La única forma fue llegar hasta la red y nosotros las orientamos”, cuenta Íngrid Gómez. Ese mismo flagelo lo enfrentaron en Nariño, donde las mujeres de la Asociación Agropecuaria de Mujeres con Liderazgo debían permanecer en casa, muchas veces junto a los agresores.

En el caso de la Plataforma de Juventud de Planadas, ellos llevaron los proyectos productivos hasta los escenarios digitales. En noviembre de 2020, hicieron una feria virtual de emprendimientos, innovación e industrias creativas. Fueron tres días virtuales, donde se trataron temas agropecuarios, de innovación en cadenas de valor como cacao y café, emprendimientos de turismo y la visibilización de organizaciones culturales del municipio como la música y la radio.

Algunas de las iniciativas del Gobierno en el territorio

Una de esas apuestas del Gobierno nacional para la reactivación económica es el Fondo Mujer Emprende, estimulado por Innpulsa, cuyo objetivo es financiar, promover y formalizar emprendimientos liderados por mujeres. Los sectores priorizados son aguacate, cacao, café, panela, ganadería y artesanías —en el caso de las mujeres rurales—, y moda, turismo y alimentos procesados, entre otros, para las mujeres urbanas.

Se abrió una convocatoria para consolidar el primer banco de proyectos productivos liderados por mujeres en los 32 departamentos. “Este fondo tiene un capital semilla de $20.000 millones y estamos en conversaciones con los gobernadores para hacer unas bolsas regionales y sumar más recursos”, detalla Gheidy Gallo, consejera presidencial para la Equidad de la Mujer.

También se estableció como obligatorio que todas las entidades que hacen contratación pública incorporen en sus términos de contratación criterios diferenciales y puntos adicionales para dinamizar la participación de mujeres en los territorios. Se adelanta un proyecto piloto con la Gobernación de Boyacá, que consiste en identificar asociaciones productivas de mujeres rurales y, de la mano con ONU Mujeres, se hace acompañamiento para que cumplan con los requisitos establecidos por el Plan de Alimentación Escolar y puedan ser proveedoras. Ese mismo piloto lo están implementando en Nariño, Meta, Cauca y Norte de Santander.

“Dejamos establecido en la ley que cuando los mandatarios regionales estructuren proyectos deben tener un enfoque de género. En este momento estamos trabajando con el Departamento Nacional de Planeación, donde el objetivo es que, a través de los recursos de regalías, se apoyen proyectos de mujeres liderados desde las regiones para acelerar la reactivación económica”, agregó la consejera.

Actualmente trabajan en la reestructuración de un proyecto de regalías que está próximo a aprobarse por más de $8.000 millones. Su objetivo es apoyar el observatorio de la mujer en Caquetá, pero fundamentalmente financiar proyectos productivos para las comunidades.

Otro proyecto es el que se adelanta con las mujeres rurales en Tumaco. En ese municipio identificaron dos asociaciones de más o menos mil mujeres y están trabajando con Microsoft y Casa Luker para que, mediante la tecnología, estas mujeres puedan aumentar la productividad de sus cultivos de cacao y mejorar sus ingresos con un proyecto de agricultura de precisión.

Con Facebook, iniciaron una alianza para capacitar a las mujeres emprendedoras de los 32 departamentos del país, bajo una estrategia denominada Colombia es mujer emprendedora. La idea es ir a cada departamento, identificar a las mujeres y capacitarlas con herramientas de marketing para que ellas puedan usar el comercio digital.

“Cuando menciono que estamos apuntando a un país de mujeres emprendedoras, es con emprendimientos que sean rentables, escalables, rentables y sostenibles en el tiempo”, concluye Gallo.

Proyecciones a futuro

La Red de Mujeres Chaparralunas por la Paz tiene la meta de lograr que las mujeres lleguen a las instancias de participación política y diversificar los proyectos productivos. En la actualidad se está desarrollando un proyecto productivo con enfoque orgánico, con la posibilidad de diversificación de los cultivos. En el tema de hortalizas se está trayendo todo de Bogotá. Queremos reactivar la economía con otros cultivos. Están las hortalizas, las aromáticas, eso es como el otro objetivo de este proyecto”, explica Íngrid Gómez.

Autonomía económica es el objetivo a futuro de la Asociación Agropecuaria de Mujeres con Liderazgo. “Si una mujer no tiene dinámicas económicas que le permitan tomar decisiones dentro del hogar y su familia, siempre la va a tener vinculada con la persona que la agrede. El liderazgo político es clave. Por eso estamos trabajando fuerte en el tema político”, dice Carmen Eliza Olaya.

El sueño de Asocamet es dejar de pagar arriendo en el local donde tienen el centro de acopio. Ellos tienen un lote, por lo que están gestionando para que les ayuden a construir y así reducir los gastos. Además, esperan que se vinculen más productores de cacao a la asociación.

Chocolate entre Amigas, entre tanto, está trabajando en impulsar con las mujeres rurales los proyectos con estropajos y productos naturales. Además de un noticiero de niñas que también está en sus primeros pilotos. “USAID nos va a donar unos equipos para que el noticiero se desarrolle mejor. Que se den cuenta de que los proyectos organizativos son de lucha y resistencia de las comunidades de territorios. Sentimos lo que se está viviendo. Decidimos organizarnos y sacar nuestras propias conclusiones y proyectos, porque nos cansamos de que nos trajeran, desde el Gobierno nacional hacia lo territorial, lo que ellos creían podría cambiar la realidad. Desde abajo es que se comienza a construir”, concluye Elizabeth, de Chocolate entre Amigas.

*Este artículo fue posible gracias al apoyo del pueblo Americano y el gobierno de Estados Unidos, a través de su Agencia para el Desarrollo Internacional (Usaid). Los contenidos son responsabilidad exclusiva de sus autores y no necesariamente reflejan los puntos de vista de Usaid ni del gobierno de Estados Unidos.

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