17 May 2021 - 8:55 p. m.

¿Qué está pasando con los feminicidios en Catatumbo?

Al Niño le llegó en el colegio el comentario de que su Mamá era una “zorra” y a los dos días empacaron maletas. Se lo dijo uno de sus compañeros de la primaria. Habían enviado y reenviado innumerables veces un video por WhatsApp, en donde aparece ella con las fotos de otras 15 mujeres. Debajo de cada foto, de cada una de las mujeres, palabras como: “agazapada”, “chupa bolo”, “la que tiene de cabrón al novio”, “la cabra loka”, “la zorrita agazapada no pela un sábado para cambiar de pipí” o “lo más feo que hay en Tibú”.

Mariángela Urbina / Las Igualadas

Periodista Las Igualadas

¿La alternativa entonces para el Niño y su Mamá cuando la Mamá supo que el rumor era tan grande que no podía evitar que le llegara al Niño? Huir. “La verdad es que lo mejor es irse si usted aparece en uno de esos videos. Ese no es el único, han mandado varios. Incluso hay niñas de 13 y 14 años que también salen ahí”, cuenta una mujer de Tibú.

La ciudadanía reporta ocho mujeres asesinadas en Catatumbo, dos que aparecieron en este video, la mayoría en zona urbana y rural de Tibú. “Las estigmatizan por ser supuestamente las parejas de hombres que pertenecen a los grupos armados, o por decidir cambiar de pareja sexual, sobre todo si esa pareja es un hombre del grupo contrario. Eso sin hablar de que los mismos grupos armados las explotan sexualmente, tanto a niñas como a mujeres, para sacar información del enemigo, pero luego ellos mismos las matan por haber hablado con el enemigo. A esto hay que agregar que son muchas las mujeres migrantes en condición de extrema vulnerabilidad, por ser mujeres, pero además por la xenofobia”, explica una defensora de derechos humanos en la región. Los ocho feminicidios reportados han sucedido en menos de un mes, entre mediados de abril y mayo del 2021. La Alcaldía local, así como la Gobernación, confirmaron estas cifras a Las Igualadas de El Espectador.

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Tibú es un municipio de Norte de Santander, frontera con Venezuela, ubicado en la región que se conoce como Catatumbo. Allá, desde 1931, la Gulf Oil Company empezó a construir el oleoducto Tibú-Coveñas que, como sugiere un informe de la Comisión Histórica del Conflicto y sus víctimas, fomentó la “colonización del Catatumbo”, pues el pueblo indígena barí que habita la zona se opuso a la explotación petrolera. Y, como indica el investigador José Manuel Alba, eso generó “dinámicas”. Llegaron todos los grupos armados, incluidos los paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Esto pasó en 1999 y en ese momento los homicidios en el Catatumbo, que crecieron un 24 % ese año con respecto al anterior, pusieron la región como una de las más violentas de Colombia.

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Hoy, a pesar de la firma de los acuerdos de paz, el Catatumbo sigue siendo un territorio en donde las y los ciudadanos, así como organizaciones defensoras de derechos humanos, reportan altos índices de violencia, la presencia de bandas criminales y grupos armados ilegales. La sección Colombia 2020 de El Espectador informó sobre cinco masacres en la región durante el 2020 y reportó que solamente entre enero y julio de ese año iban diez líderes sociales asesinados.

“A las mujeres nos están masacrando y no podemos salir de nuestras casas. Tenemos miedo de ir a la esquina, de hacer cualquier cosa”, dice otra habitante de Tibú. La situación de las mujeres en la región ha sido estudiada por Rocío Martínez, consultora y experta en género, quien cree que una de las razones por las que los feminicidios en la zona han pasado casi desapercibidos para el país, tiene que ver no solamente con que la agenda nacional de la prensa está volcada en el paro, sino también con un desconocimiento de la profundidad del conflicto en la región y, además, con un problema mucho más complejo, según explica: la legitimidad de las llamadas limpiezas sociales, la lógica de eliminar ciertas personas, en este caso mujeres, que “se salen del orden moral patriarcal”.

Esto es, en últimas, la normalización de la violencia contra las mujeres. Así lo viven las ciudadanas en el día a día. En una peluquería, por ejemplo, varias mujeres escucharon cómo otras personas decían que una de las mujeres que había sido víctima de feminicidio se lo había buscado. “Aquí es normal que los maridos tengan hijos regados por todas partes, pero si una mujer decide separarse, todo el mundo la rechaza”, comenta una ciudadana. Sobre esa lógica, se alzan los grupos armados. “Para ellos, los cuerpos de las mujeres son objetos, son cosas, y como son cosas, se controlan, son bienes de su propiedad. Controlan la movilidad de las mujeres y todas sus decisiones. Nada pasa en estos territorios sin que ellos lo sepan”, agrega Martínez.

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Por otro lado, actualmente Corina Durán, quien ejercía como alcaldesa de Tibú, se encuentra a la espera de que la Gobernación le confirme si su elección fue anulada, de acuerdo con el fallo emitido por el Tribunal Administrativo de Norte de Santander a comienzos de abril. Wilkin Mendoza Mojica y Felipe Urbáez Romero argumentaron que en el momento de la elección Durán tenía contratos con el Estado, a través de una estación de gasolina que administraba. Según la oficina de prensa del municipio, esto se trata de una persecución política, así como del arraigado machismo en la región. Agregan, además, que no hay pruebas de que Durán haya firmado tal contrato.

De confirmarse la nulidad de la elección de Durán en los próximos días, el municipio tendría que pasar nuevamente por un proceso electoral, en medio del paro nacional que ha vinculado tanto a campesinos del Catatumbo, como al pueblo indígena barí. Y las mujeres, mientras tanto, con miedo de salir a la calle.

*Nombres omitidos por la seguridad de las fuentes.

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