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La disputa por la tierra que desató una tragedia entre los nasa y los misak en Cauca

Una resolución sobre títulos coloniales, una disputa histórica por 800 hectáreas y dos pueblos indígenas enfrentados a machete limpio. Así se incubó la tragedia en Cauca, que hoy deja al menos siete muertos, más de 100 heridos y un reclamo común: el Estado dejó crecer un conflicto que llevaba años advirtiéndose.

Paula Andrea Baracaldo Barón y Ana Sofía Montes Peláez

23 de mayo de 2026 - 08:00 a. m.
El conflicto territorial se intensificó esta semana por una resolución de la ANT de 2023.
Foto: EFE - ERNESTO GUZMÁN JR
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“Que la Madre Tierra los proteja. Que todos los espíritus mayores estén de nuestro lado. A las familias que hoy tienen que velar a uno de sus muertos, les decimos que estamos con ustedes y que nos da mucha tristeza que la sangre de estas personas haya tenido que correr en el marco de un proceso de control territorial”. Con estas palabras, Tatiana Bachiller Echeverry, exautoridad del cabildo indígena misak de Guambía, en Cauca, resumió la crisis que enfrenta su comunidad y sus vecinos del pueblo nasa en un territorio en zona rural de Silvia (Cauca), que esta semana fue el escenario de uno de los peores enfrentamientos entre indígenas de las últimas décadas en Colombia.

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Con machetes en mano, armas artesanales y a mano limpia, las comunidades se enfrentaron en una batalla campal que, al cierre de esta edición en la tarde del pasado viernes 22 de mayo, ya reportaba al menos siete muertos y 110 heridos, entre ellos 85 mujeres y dos menores de edad, según el Ministerio de Defensa. La situación resultó tan crítica, que el presidente Gustavo Petro llamó al diálogo y convocó a una reunión el próximo lunes para tratar de resolver la pelea, que pasó del papel a una crisis. Una disputa territorial que terminó convertida en una tragedia humanitaria que hoy tiene a dos pueblos indígenas enfrentados.

Lea aquí: Gobierno Petro asegura que mediará en los enfrentamientos entre los indígenas nasa y misak

Indígenas de la comunidad Misak esperan la llegada de cuerpos de fallecidos este viernes, en Silvia (Colombia).
Foto: EFE - ERNESTO GUZMÁN JR

La disputa histórica por las tierras entre los pueblos indígenas nasa de Pitayó y misak de Guambía es un hecho de larga data, y tiene en el centro de su debate un área de aproximadamente 800 hectáreas de tierra. Sus orígenes se remontan a la época colonial, cuando la Corona española les otorgó títulos para reconocer sus derechos sobre los territorios. Con el tiempo, esos documentos perdieron su vigencia y las comunidades recurrieron a títulos supletorios. Así, se hicieron múltiples intentos por delimitar terrenos: en 1981 se firmó un acuerdo de convivencia, luego el Estado intervino con ampliaciones del resguardo de Guambía en 1993 y 2002, y en 2005 se ratificó un acuerdo entre los pueblos.

Sin embargo, para 2012, la comunidad de Pitayó inició un proceso para dejar claro hasta dónde iba su tierra. Este culminó en una resolución de 2023 que emitió la Agencia Nacional de Tierras (ANT), y que hoy es el detonante de la crisis actual. En ese documento, la entidad reconoció la vigencia de uno de los títulos coloniales de los nasa, que vieron en esa decisión una deuda histórica del Estado en el reconocimiento de sus terrenos. Bajo esa interpretación, el documento reforzó su derecho sobre el territorio ubicado entre Silvia y Jambaló, incluyendo sectores actualmente ocupados por familias misak. Hasta ahí todo estaba bajo los parámetros esperados.

El problema, no obstante, estalló. La comunidad de misak de Guambía entendió algo distinto: que la resolución no otorgaba propiedad ni autorizaba ocupaciones sobre el terreno. Su lectura es que la ANT únicamente verificó que existía un título histórico antiguo, sin definir quién tenía hoy la posesión jurídica. De hecho, el texto advierte que el procedimiento “no constituye por sí solo derechos sobre la tierra” y que tampoco podía afectar las ocupaciones o relaciones existentes sobre el territorio. Entre esa división de interpretaciones, los enfrenamientos entre ambos pueblos llegaron a un punto de violencia que hoy está atravesado por la muerte de siete personas.

La zona en conflicto no es cualquiera. Está en el sector conocido como La Ensillada, en montaña alta y páramo, y que alberga al menos tres nacimientos de agua esenciales para ambas comunidades. La gravedad de la confrontación obligó al despliegue de más de 750 hombres del Ejército.

En medio de la tensión, Tatiana Bachiller ller Echeverry pidió que el conflicto sea tratado con cautela y sin alimentar más violencia. Según explicó a El Espectador, desde hace meses las familias misak denuncian hostigamientos por parte de integrantes del resguardo nasa. “No les dejan entrar a sus casas y han creado puntos de control. Las personas que tenían cultivos y animales en esa zona no han podido regresar a sus hogares desde diciembre”, aseguró.

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Pero, según relata, la situación escaló el pasado 21 de mayo, cuando autoridades misak llegaron a la zona para realizar un procedimiento de control territorial. Allí fue asesinado el Tata Luis Enrique Tunubala Masagualli, máxima autoridad del territorio. “Me duele en el alma una persona que murió con el bastón de mando en la mano”, afirmó Bachiller. La lideresa aseguró que la muerte de Tunubala terminó detonando los enfrentamientos masivos entre nasas y misaks. Desde la otra orilla del conflicto, Yesid Conda, exgobernador indígena de Pitayó y exconsejero mayor del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), sostuvo que los hechos comenzaron cuando grupos misak llegaron de madrugada a rodear siete puntos de control de la comunidad nasa.

“Venían vestidos de negro, con un brazalete de la bandera Guambía y estaban armados”, afirmó. Según relató, se intentaron replicar mecanismos de diálogo usados en crisis anteriores para evitar el choque, pero la situación rápidamente se salió de control. “Ya habían quemado cinco motocicletas e intentaron quemar otras cuando subimos. Eso hizo que comenzara el intercambio de golpes y el uso de armas y objetos cortopunzantes”, explicó. Conda también denunció que hubo ataques contra ambulancias y bloqueos a la Misión Médica, lo que, según dijo, agravó el número de víctimas. “No podemos decir que somos pueblos de paz y convivencia cuando estamos entregando muertos y heridos”, concluyó.

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A la espera de la reunión convocada por el presidente Gustavo Petro el próximo 25 de mayo, y de una eventual salida institucional, lo único claro es que el conflicto ya dejó de ser una discusión jurídica sobre títulos coloniales o límites territoriales. La pelea por La Ensillada terminó convertida en una tragedia humanitaria que fracturó la convivencia entre dos pueblos indígenas históricamente vecinos y que hoy lloran a sus muertos, mientras el Estado intenta contener una crisis que llevaba años gestándose. Entre acusaciones cruzadas, reclamos ancestrales y resoluciones interpretadas de manera opuesta, nasa y misak coinciden en algo: ninguna diferencia sobre la tierra justifica que Cauca vuelva a llenarse de sangre.

Por Paula Andrea Baracaldo Barón

Comunicadora social y periodista de último semestre de la Universidad Externado de Colombia.@conbdebaracaldopbaracaldo@elespectador.com

Por Ana Sofía Montes Peláez

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