La emergencia en Córdoba continúa. Tras más de dos semanas de las fuertes lluvias que provocaron emergencias en 24 de los 30 municipios del departamento, se contabilizan más de 170.000 personas damnificadas, muchas de las cuales siguen viendo sus viviendas bajo las aguas, por lo que desde el Gobierno Nacional se decretó la emergencia económica para conseguir los COP 8 billones que se estima se requerirían para realizar la primera fase de la recuperación.
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Aunque la situación de cada municipio es diferente, está claro que, como señala Carlos Carrillo, director de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (Ungrd), “la prioridad es desaguar” para comenzar a calcular el nivel de la afectación y comenzar a tomar las acciones correspondientes para recuperar la economía del departamento y, de paso, atender la demanda que dejará de salir de esa despensa agrícola.
Como lo evidencian las imágenes satelitales, las emergencias se dieron por la creciente de los ríos Sinú, San Jorge y Canalete, a lo que se sumó la presión de la apertura de las compuertas de la represa de Urrá. Sobre el primero de los afluentes, entre los más afectados están quienes se encuentran a su margen izquierdo, mientras que en casos como el de Canalete, el aumento de las aguas no solo provocó inundaciones, sino además la caída de puentes y el bloqueo de vías fundamentales, que dificultaron la evacuación y entrega de ayudas.
Otras situaciones han comenzado a preocupar, como el estancamiento de aguas. En las zonas más inundadas del barrio Vallejo de Montería, en el margen izquierdo del río Sinú, el ambiente es apocalíptico. Entre el agua, que sigue siendo alta por algunas calles, se ven flotar las cosas que la misma corriente ha sacado de las viviendas, a lo que se suman animales muertos y el paso de personas que intentan recuperar lo que les quedó. En el ambiente hay un olor similar al azufre, que algunos señalan que se dio por la combinación de las aguas estancadas con las que están dentro de la planta de tratamiento de aguas residuales, mientras que dentro de las casas algunos veían con esperanza el descenso de las aguas el pasado viernes y otros seguían turnándose en los puntos más críticos para proteger sus pertenencias de los saqueadores.
“Las aguas siguen bajando, pero el agua es considerable en el caso de la calle 21 hasta la 19. De igual manera, en la medida en que las motobombas han trabajado, los vecinos han ido retornando y han comenzado a hacer su jornada de limpieza, por lo que este fin de semana va a haber mucho movimiento (…) y seguir apoyando a los que siguen inundados”, aseguró a medios locales Carlos del Toro, presidente de la Junta de Acción Comunal de Vallejo, quien añadió que necesitan motobombas, fumigaciones ante el aumento de vectores, que aumentan el riesgo de casos como el dengue.
En Lorica, por el contrario, seguían viendo el agua subir. Sobre la vía que comunica al municipio con San Bernardo del Viento, un grupo de al menos 30 personas decidió el viernes armar cambuches sobre la carretera, tratando de buscar resguardo del agua que los seguía afectando. “De ahora en adelante es cuando vamos a sufrir porque perdimos todo, perdimos cosechas y no tenemos con qué sostenernos de aquí en adelante”, dijo uno de los afectados. A la par, los esfuerzos de la Alcaldía se centraron en tapar los boquetes abiertos sobre el río Sinú, como el de Nueva Colombia, por donde seguía entrando el agua con fuerza que bajaba de Montería.
Otras preocupaciones se han generado por el aumento de vectores, que a la par incrementan el riesgo de enfermedades como el dengue, así como la presencia de animales muertos, cuyo manejo debe ser inmediato. Adicionalmente, alcaldes como Yeis Lenis Simanca, de Canalete, advierten que más del 90 % de su zona rural se ha visto afectada, lo que inevitablemente afectará la economía del municipio, que depende principalmente de la agricultura.
Algo similar señala Ivis Marzola, alcaldesa de Puerto Escondido, quien explica que hubo graves pérdidas para sus pescadores y del gremio que dependen del turismo en las costas, debido a la erosión costera y a que el mal tiempo destruyó todo lo que había a su paso. “Nosotros vivimos de la agricultura, del cultivo de plátano, de ñame, de patilla, y todo se lo llevó esta fuerte lluvia. Las olas superaron los tres metros y arrasaron con los pequeños comercios sobre la playa. Las afectaciones son demasiado grandes; somos una despensa agrícola muy grande”.
Lo que viene
Desde el Ministerio de Agricultura anunciaron la habilitación de 100 hectáreas en Turipaná para la movilización y alimentación de animales, así como “un programa de comedores populares comunitarios que nos permita la compra de productos frescos y disposición a través del DPS y de la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo para tener alimentos frescos en las comunidades afectadas”, dijo la ministra Martha Carvajalino.
Asimismo, se anunciaron trabajos de recuperación de la capacidad hidráulica de los humedales del margen izquierdo del río Sinú y de la Ciénaga Grande, a lo que se suma un plan de “relocalización y reubicación tanto de personas como de actividad agropecuaria, buenas tierras capaces de iniciar prontamente ciclos productivos”, añadió la ministra de Agricultura.
Por su parte, Carlos Carillo señaló que desde la Ungrd “tenemos desplegados a nuestros equipos en el territorio para evaluar, por ejemplo, casos como el de Lorica, donde con maquinaria de la Gobernación el alcalde empezó a destapar unos caños, para permitir que el agua fluya hacia el mar”. Adicionalmente, señaló que se trabajará en rehabilitar los terrenos de la nación que fueron invadidos y antes eran parte de las ciénagas. “Eso implica destrucción de diques y jarillones; incluso el presidente le ha pedido al Ejército que participe en esto. La Agencia Nacional de Tierras reconstruyó los linderos porque se habían perdido”.
Además, se están instalando puentes militares en las zonas incomunicadas, mientras se comienza la estructuración del Plan de Acción Específica, que se tendrá que estructurar con los alcaldes y gobernadores, así como deberá ser aprobado por el Consejo Nacional de Acción del Riesgo. “Aunque deberían entrar todos los sectores, aquí tenemos que priorizar agricultura, transporte, agua y saneamiento básico, y defensa, donde está la Defensa Civil, la Brigada de Atención de Desastres del Ejército”.
Con la atención a los damnificados, la prioridad es drenar las zonas afectadas para evidenciar el nivel del desastre y, con una mayor claridad de la magnitud del problema, hacer el plan que debe incluir nuevos estudios de los niveles de riesgo, pero además responder a otro panorama que se avecina, que es el de nuevas lluvias con la llegada de la primera temporada del año, en marzo.