8 Sep 2015 - 12:25 p. m.

Quintín Lame, guerra propia, guerra ajena

El Espectador reproduce el prólogo de la publicación que narra lo que fue ese grupo de autodefensa indígena que combatió al Estado, a los terratenientes y las guerrillas.

Gonzalo Sánchez Gómez *

Ciento dos comunidades indígenas “sobreviven” en Colombia. Se trata de pueblos que en distinta medida conservan su unidad lingüística, sus autoridades tradicionales, mayor o menor autonomía, territorios y resguardos, tradiciones culturales y cosmogonías. No obstante, con el epíteto “sobrevivientes” recordamos que el conflicto armado interno de la segunda mitad del siglo XX no es el único que ha expuesto a los indígenas del país a múltiples formas de violencia que han ocasionado la desaparición o el menoscabo de las culturas que habitaban ancestralmente en lo que hoy es el territorio colombiano. Más bien, es necesario subrayar que los pueblos indígenas han sido desde el comienzo de la historia occidental del país los grandes excluidos de nuestra idea de nación. Es dentro de este marco que quisiéramos invitar a la lectura del informe que presenta en esta ocasión el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), titulado “Guerra propia, guerra ajena” y elaborado por el investigador Ricardo Peñaranda.

La Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC) estima que diversos factores, entre los cuales están “el conflicto armado, el desplazamiento forzado, la pobreza y la extrema miseria, las malas condiciones de salud y nutrición, la falta de fuentes de ingresos, el saqueo de sus territorios, los homicidios y el despojo de tierras”, mantienen a 32 de las comunidades indígenas expuestas al riesgo de extinción física, lingüística y cultural por causa de su fragilidad demográfica (son comunidades con menos de 500, 200 y 100 individuos). La Corte Constitucional, por su parte, identificó 34 etnias como población en alto riesgo por causa del conflicto armado, el desplazamiento forzado y la desintegración de las comunidades.

Vale la pena recordar en extenso el fuerte pronunciamiento que hizo la Corte Constitucional en 2009, para la cual la crisis humanitaria que padece la población indígena “(…) es una emergencia tan grave como invisible [pues] mientras que numerosos grupos indígenas son atacados, desplazados y desintegrados en todo el territorio nacional por los actores armados que operan en Colombia y por los distintos factores subyacentes al conflicto y vinculados al mismo, el Estado y la sociedad colombianos continúan preciándose de su carácter multicultural, de sus riquezas étnicas y de distintos aspectos de las culturas indígenas nacionales. Esta contradicción entre la realidad y la representación generalizada de dicha realidad [sorprende] no solo por su crueldad inherente, sino por revelar una actitud de indiferencia generalizada ante el horror que las comunidades indígenas del país han debido soportar en los últimos años –indiferencia que en sí misma es un menosprecio de los postulados constitucionales básicos que nos rigen como Estado Social de Derecho fundado en el respeto de la diversidad étnica y cultural–”.

La historia de las comunidades indígenas del país está ligada a los avatares de la lucha por su territorio. No solo la necesidad física y el derecho a existir en un lugar que preserve su identidad, sino una misma idea espiritual, simbiótica, entre la comunidad y la tierra de los ancestros, y por lo tanto respetuosa, protectora y sacralizadora del territorio tradicional, recorre el mapa que conforman las distintas comunidades indígenas del país, desde La Guajira hasta la Amazonia, y se extiende por todo el continente americano. Hoy en día está comenzando a considerarse el territorio como víctima. Pero el territorio ha sido también la causa de la guerra en nuestro país. De tales avatares trata la memoria que se recoge en este informe y que narra la transformación del Movimiento Armado Quintín Lame en un movimiento indígena de resistencia civil.

La imagen tranquilizadora que desde hace algún tiempo nos figuramos acerca del mundo indígena solo tiene en cuenta un aspecto de su existencia: aquella que los señala como gente de paz, que intenta proteger, tan solo con su voz o su muda presencia, la naturaleza y los recursos vitales, así como su permanencia dentro de un territorio que reconocen como propio (es decir, que les ha sido otorgado por la ley). Esa imagen, no obstante, no se compadece con la realidad de los pueblos indígenas sobrevivientes en nuestro continente, que han acumulado una larga historia de luchas y resistencia civil, y se compadece mucho menos, claro está, con aquellos pueblos indígenas que, en tiempos no muy distantes, decidieron armarse para luchar por defender su vida y sus territorios.

La historia que recoge este informe sobre el Movimiento Armado Quintín Lame –grupo de autodefensa del norte del Cauca que surgió en los años ochenta inspirado en la figura legendaria de Quintín Lame, el líder del movimiento indígena de la primera mitad del siglo XX– tiene los ingredientes de un conflicto en el que la pregunta sin respuesta del héroe trágico sobre actuar o no actuar es la que queda resonando tras reconstruir su memoria histórica. Es la historia de ochenta indígenas que tomaron las armas para enfrentarse al Estado que los había abandonado y que además los estigmatizaba; a los terratenientes que a través de mercenarios a sueldo los perseguían y asesinaban por sus intentos de recuperar sus tierras; y, por último, a las guerrillas que intentaban reclutarlos para sus filas, por las buenas o por las malas.

No obstante, la dinámica y la retórica de las armas lograrían finalmente lo que tanto se esforzaban en evitar y terminarían peleando una guerra ajena, como la llama el autor de esta investigación, fuera de su territorio, sin darse cuenta de que no solo se alejaban de su origen y desprotegían a sus propias comunidades, sino que también las involucraban por completo en la guerra de la cual pretendían, armándose, mantenerlas al margen.

En el complejo escenario de guerras cruzadas que ha enfrentado Colombia durante las últimas cinco décadas, el caso del Movimiento Armado Quintín Lame llama la atención por su singularidad. En efecto, lo que a primera vista parecía ser una guerrilla de carácter local con visible presencia indígena, resulta ser un entramado entre acción armada y tradiciones de resistencia y movilización social, fundado en un vigoroso movimiento de reconstrucción étnica.

Esta investigación documenta con rigurosidad y durante un largo período las expresiones y los escenarios políticos y militares de este movimiento armado, al igual que las representaciones sociales de la propia comunidad en el escenario regional y local. Los orígenes, la trayectoria, la relación con las organizaciones insurgentes presentes en la región, la desmovilización del movimiento y su transformación en una fuerza política con reconocimiento nacional, son momentos claramente establecidos a lo largo de esta reconstrucción histórica. En el texto se ponen de presente también las tensiones entre lo étnico y lo insurgente, lo comunitario y lo nacional, lo inmediato y lo estratégico. Todo ello en un contexto de minoría poblacional y marginalidad social y política de larga duración.

El texto se apoya en un repertorio testimonial de múltiples voces, tanto internas como externas al movimiento, recuperadas a lo largo de casi veinte años de ir y venir del autor a la zona estudiada. De igual forma, es notoria la revisión de archivos históricos, judiciales y administrativos del orden nacional, al igual que archivos suministrados por la propia comunidad indígena. En esta dirección, y en una perspectiva de análisis de memoria, es posible para el lector conocer de primera mano los sentidos, los contrastes y las transformaciones que ha sufrido el movimiento, y ponerlos en diálogo con los contextos nacional e internacional en los que emergen.

Es de destacar la perspectiva comparada presente en este trabajo, que permite ubicar el caso del Quintín Lame en medio de otras experiencias latinoamericanas, lo que constituye un significativo aporte para el ya de por sí rico y candente debate de las relaciones entre grupos armados y movimientos sociales. Esto se logra por medio del contraste y la discusión crítica con algunas de las más importantes teorías del conflicto y la revuelta social, que permiten aprehender la singularidad del caso estudiado. La reconstrucción de las coordenadas de un movimiento como el Quintín Lame, que nos propone esta investigación, constituye un aporte al debate teórico y también socio-histórico en torno a las posibilidades de un movimiento comunitario indígena de tipo regional en un contexto nacional de guerra y de transformación institucional.

Con esta publicación, el Centro Nacional de Memoria Histórica avanza en una línea de producción bibliográfica que es a la vez investigación histórica, trabajo de memoria y análisis sociológico. Este texto, resultado de acuerdos con otros centros de investigación, hace parte también de un esfuerzo en curso para entender las lógicas del conflicto armado en Colombia y su impacto sobre la población civil, convencidos de que una mejor comprensión de la guerra y sus efectos constituye un aporte para la consolidación de la paz.

*Director del Centro Nacional de Memoria Histórica.

 

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