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80 años pasaron desde la última vez que se supo de ‘La figura sentada’, una escultura quimbaya en cerámica no más alta que un control de TV. La pieza que asemeja una figura humana, fue registrada por última vez en 1939, en el Museo Nacional de Colombia, como parte de la colección arqueológica a cargo del Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH). “Inexplicablemente desapareció”, comentó Daniel Castro, actual director del Museo.
Tan fácil como desapareció, volvió a aparecer una casa de subastas londinense, cuando un hombre llegó con ella esperando venderla al mejor postor. Gracias a ese fortuito instante, la escultura ya fue entregada al embajador de Colombia en Inglaterra, Néstor Osorio Londoño, quien adelanta los procesos para la repatriación del vestigio artístico quimbaya.
Fue una historiadora de arte de la institución la primera en notar la particularidad de la situación y no era para menos: un sujeto, cuya identidad pidió mantener reservada, atravesó las puertas de la casa de subastas Hampstead Auctions en Londres, queriendo vender un manojo de arcilla horneada, desgastada y con acabados poco usuales como para ser asociados con alguna pieza de la región. No cargaba sólo una pieza de arte, se trataba de una reliquia histórica, una estatuilla Quimbaya.
Sin poder determinar la procedencia del objeto, la casa de subastas se puso en contacto con el Art Recovery Group (Grupo de Recuperación de Arte), la institución con la base de datos privada más completa sobre piezas de arte y patrimonio robadas, para esclarecer toda la situación. El hombre quien tuvo la estatuilla hasta ese punto, explicó que alguna vez había tenido una novia en Colombia y que en 1999 cuando fue a visitarla, el padre de la muchacha, un juez local cuya identidad también pidió se mantuviera reservada, le regaló la pequeña escultura como gesto de agradecimiento.
Poco se pudo determinar sobre cómo el juez tuvo acceso a la pieza. Ángela Escobar Lora, representante del ICANH aseguró que “desconocemos la forma como llegó la pieza a la casa de subastas y dado que la pieza se encuentra en Reino Unido, es la legislación de ese país la que determina si hay investigación sobre el caso.”
Lo realmente intrigante es cómo salió la estatuilla del país sin causar ningún revuelo. Según Chris Marinello, director general del Art Recovery Group, el expedidor dijo que había sido registrado a fondo al salir de Colombia. “Incluso las hombreras de la chaqueta se retiraron en busca de drogas. La escultura, sin embargo, se presentó a las autoridades y se le permitió salir del país”, anotó el director del Art Recovery Group.
En un esfuerzo conjunto entre el Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia, la casa de subastas Hampstead Auctions de Londres y el grupo especializado en la restitución de obras de arte Art Recovery, la pieza del patrimonio arqueológico de Colombia fue recuperada en Londres.
“Estoy muy impresionado con el nivel de cooperación que hemos logrado en la devolución de esta parte importante del patrimonio cultural de Colombia. Hampstead Auctions es una operación relativamente pequeña que mostró un extraordinario nivel de diligencia debida. Felicito enormemente su trabajo", concluyó Marinello.
La pieza, actualmente en custodia de la Embajada de Colombia en Londres y en proceso de repatriación, fue recibida por el Embajador Néstor Osorio Londoño quien se expresó complacido por la colaboración entre las autoridades de Colombia y estas organizaciones en el Reino Unido para la recuperación y restitución de esta pieza al patrimonio arqueológico de la Nación.
La figura sentada
Aún hoy, sobre la estatuilla se sabe poco. The Art Recovery Group determinó que la escultura fue fabricada entre los siglos 13 y 15 y por la calidad de su mano de obra es atribuída al pueblo muerto Quimbaya. Dicha tribu precolombina habitó las colinas y valles del río Cauca durante los siglos previos a conquista española. Actualmente es reconocido como una de las tribus antiguas con las técnicas más avanzadas tanto en orfebrería como en cerámica. Famosos por haberse resistido varias veces al yugo español, los Quimbayas protagonizaron dos grandes rebeliones entre 1542 y 1557, aunque eventualmente la población quedó casi extinta debido a los trabajos forzosos y las enfermedades.
Cada escultura representa un rango social específico a través de la posición del cuerpo, la orfebrería que usa e incluso la pintura corporal. ‘La figura sentada’ pone su mano derecha contra el pecho mientras que levanta la izquierda como sosteniendo algo. Mantiene las piernas flexionadas, a la vez que coloca los pies directamente por el suelo. Apenas si se pueden observar algunos restos de pintura blanca sobre la estatuilla, pero es evidente que los años se han llevado toda su decoración original. En la nariz una ranura lo suficientemente pequeña para decir que, por allí sólo cabría una nariguera diminuta, de oro tal vez.
Esta no es la primera y quién sabe si será la última vez que Colombia reclama piezas de su patrimonio histórico que terminaron en el viejo continente. En 1893 el entonces presidente colombiano, Carlos Holguín Mallarino le obsequió a la reina de España, María Cristina de Hasburgo, 122 piezas de oro Quimbaya, esculpidas también con forma humana.
Actualmente persiste una batalla legal entre quienes afirman que Holguín estaba en pleno derecho de ofrecer dicho obsequio y quienes alegan que la decisión fue inconstitucional y que viola el derecho colectivo de los colombianos a estar en contacto con su cultura previa a la conquista. Se especula que el regalo podría haber sido una manera de agradecer a la reina por interceder en la disputa entre Colombia y Venezuela por la definición limítrofe de ambos territorios.
El caso aún permanece abierto ante la Corte Constitucional de Colombia gracias a una tutela interpuesta por el abogado Felipe Rincón Salgado. Uno los argumentos que busca recuperar el llamado ‘tesoro Quimbaya’ alega que hay una gran contradicción en regalarle esculturas de tribus precolombinas al reino debido al cual estas culturas mitigaron su presencia hasta desaparecer.
* Con ayuda de Nicole Acuña Cepeda.
La Corte Constitucional tiene la palabra