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En la Ciénaga Grande de Santa Marta, el mar ya no es solo fuente de sustento: también es incertidumbre. En los últimos días, 25 pescadores de Ciénaga y Puebloviejo fueron víctimas de un robo en altamar que vuelve a poner en evidencia la presión de grupos armados sobre quienes dependen de la pesca para sobrevivir.
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La alerta encendió el pánico. Durante varias horas, familiares hablaron de hasta 40 hombres desaparecidos. La falta de comunicación, los mensajes fragmentados y el silencio aumentaron la angustia en comunidades como Barrio Abajo en Ciénaga. Con el paso del tiempo, las autoridades lograron establecer que fueron 25 los afectados y que todos regresaron a sus hogares, pero confirmando un episodio violento en el agua.
“Estamos asustados porque no sabemos dónde están. Son hombres trabajadores que salen desde las 3 de la mañana a buscar el sustento de sus familias”, dijo en su momento Yolanda Carbonó, edil de Ciénaga, reflejando el temor colectivo que se vivió mientras no había información clara.
El hecho ocurrió entre el kilómetro 0 y el 7, en jurisdicción de la Isla de Salamanca, un corredor estratégico entre Barranquilla y Santa Marta. Allí, en plena faena, los pescadores fueron interceptados por hombres armados que los despojaron de al menos cinco motores, una embarcación y sus artes de pesca, herramientas fundamentales para su trabajo diario.
El capitán de corbeta Juan David Rendón Zapata, comandante de Guardacostas, indicó que: “Recibimos la información por parte de la comunidad sobre una posible situación en el área. Tan pronto tuvimos conocimiento, nos desplazamos para verificar y ampliar la información”, explicó.
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Sobre las versiones iniciales que hablaban de secuestro, el comandante fue enfático: “esa información no la tengo confirmada. Lo que pudimos corroborar es que fueron asaltados, despojados de su embarcación y llevados a tierra”.
Además, confirmó que el caso ya está en manos de las autoridades competentes. “Se puso en conocimiento de la Fiscalía, la Policía y se está trabajando de manera articulada para establecer los responsables”, señaló.
Un patrón que se repite en la Ciénaga Grande
Más allá de este episodio, lo que preocupa a las comunidades es que no se trata de un hecho aislado. Pescadores de la zona llevan meses denunciando la presencia de hombres armados que patrullan el agua, vigilan las faenas y, en algunos casos, imponen reglas sobre dónde se puede pescar.
El propio comandante reconoció que el hecho podría estar relacionado con ese contexto. “Es posible que tenga alguna relación, pero es materia de investigación”, afirmó, al tiempo que anunció reuniones con el gremio pesquero para escuchar sus denuncias y coordinar acciones.
En terreno, la percepción es de un control ilegal que ya no es esporádico, sino permanente. Hay zonas donde entrar implica riesgo y otras donde simplemente no se puede trabajar sin temor.
Trabajar bajo presión: entre el susto y la necesidad
Para los pescadores de Ciénaga y Puebloviejo, la pesca no es una opción, es su única forma de subsistencia. Cada jornada comienza de madrugada, cuando el mar todavía está en silencio y la esperanza es regresar con algo que llevar a la mesa. Pero ese mismo recorrido hoy se hace con miedo. El riesgo de ser interceptados, robados o intimidados dejó de ser una posibilidad lejana y se convirtió en parte de la rutina.
“Uno sale con miedo. Ya no es como antes, que uno iba tranquilo a trabajar. Ahora uno no sabe si va a volver o si lo van a dejar sin nada”, contó un pescador de la zona, quien prefirió no revelar su nombre por seguridad.
En los relatos se repite la misma sensación: vigilancia constante, incertidumbre y presión en el agua. “Hay zonas donde uno ya no puede meterse. Eso lo saben todos”, agregó otro de los afectados.
“Los habrían intimidado, despojado de sus lanchas, motores y redes, y obligado a abandonar su actividad”, advirtió la edil Yolanda Carbonó, recogiendo testimonios de las familias afectadas.
La pérdida de motores, una lancha y redes no solo representa un golpe económico inmediato, sino que deja a los pescadores sin herramientas para volver al mar en el corto plazo. En estas comunidades, eso significa quedarse sin ingresos, sin alimento y sin alternativas.
Porque hoy, más que nunca, salir a pescar también es enfrentarse al miedo.
Institucionalidad en respuesta y comunidad en alerta
Tras lo ocurrido, las autoridades activaron articulaciones con la Armada, la Policía, el Ejército y gobiernos locales para atender la situación y avanzar en las investigaciones.
El comandante Rendón Zapata aseguró que se adelantarán encuentros con el gremio pesquero para conocer de primera mano las problemáticas y reforzar las estrategias de seguridad en la zona.
Sin embargo, en las comunidades persiste la sensación de desprotección. Los pescadores insisten en que los operativos no han sido suficientes para frenar una dinámica que, según advierten, viene creciendo.
Un territorio en disputa
Líderes sociales y defensores de derechos humanos han advertido que las condiciones actuales reflejan patrones de control territorial, presión sobre la población civil y debilitamiento de la presencia estatal en zonas estratégicas.
En ese contexto, crece la preocupación por el riesgo de que la situación derive en hechos más graves si no hay una intervención sostenida. La combinación de economías vulnerables, presencia de actores armados y control de rutas convierte a la Ciénaga en un punto cada vez más sensible.