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El paso de los años pone en riesgo la emblemática estatua de El Pibe Valderrama

Grietas, movimientos en la base y desgaste estructural encendieron las alarmas sobre la estatua más fotografiada de Santa Marta. Guías turísticos y el propio escultor de la obra piden una intervención urgente antes de que el símbolo turístico termine colapsando.

Hellen Lara

24 de mayo de 2026 - 11:45 a. m.
La estatua de "El Pibe" presenta fisuras y movimientos en su base tras 24 años sin mantenimiento profundo en Santa Marta.
Foto: Dario Mosquera
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La estatua de Carlos, El Pibe Valderrama, uno de los monumentos más emblemáticos y visitados de Santa Marta, comenzó a mostrar señales de deterioro que hoy tienen preocupada a la ciudad. Lo que durante años ha sido el punto obligado para turistas nacionales y extranjeros ahora presenta grietas visibles, movimientos en la base y una leve inclinación que despertó el temor de un posible colapso.

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La preocupación dejó de ser un simple comentario entre visitantes y operadores turísticos: el tema ya llegó oficialmente a la Alcaldía Distrital luego de que el escultor de la obra, Amílkar Ariza, y representantes del sector turístico enviaran una carta solicitando una revisión técnica urgente sobre la estabilidad del monumento.

“Los vientos fuertes han soplado durante estos 24 años y parece que el monumento se inclinó hacia la pierna izquierda”, explicó Darío Mosquera, presidente de la Federación de Guías Turísticos del Magdalena, quien aseguró que las alteraciones en la estructura interna ya son perceptibles.

El desgaste empezó poco a poco

Primero aparecieron pequeñas fisuras. Después comenzaron a notar movimientos extraños en la base del pedestal y, más tarde, llegó la inclinación. Hoy, quienes trabajan diariamente alrededor de la glorieta donde se levanta la escultura aseguran que el deterioro ya es evidente y genera preocupación por la cantidad de personas que visitan el lugar cada día.

La estatua fue inaugurada el 28 de noviembre de 2002 y rápidamente se convirtió en una postal obligatoria de Santa Marta. La obra monumental mide 6,5 metros de altura, pesa cerca de ocho toneladas y fue elaborada en bronce con una estructura interna de acero de alta resistencia.

El diseño fue pensado para soportar las condiciones extremas del Caribe. El acero atraviesa toda la escultura desde la cabeza hasta los guayos y está anclado a columnas de ferroconcreto enterradas bajo tierra. Según su creador, la estructura tenía capacidad incluso para soportar hasta tres veces el peso del monumento.

Sin embargo, el paso del tiempo comenzó a pasar factura.

“El monumento está perfecto. El problema no es la escultura, sino la base donde fue instalada”, aseguró el escultor Amílkar Ariza, quien pidió conformar un equipo especializado que evalúe la seguridad estructural y recupere la estabilidad de la obra.

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El temor de una tragedia

La alarma creció porque la estatua está ubicada en uno de los puntos turísticos más concurridos de la ciudad. Allí llegan diariamente entre 25 y 30 chivas turísticas y cientos de visitantes que buscan tomarse fotografías con el ídolo del fútbol colombiano.

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“Si esto llega a colapsar puede ocurrir una tragedia”, advirtió Mosquera, quien sostiene que el pedestal presenta desplazamientos en la estructura de amarre del ferroconcreto.

En la carta enviada al Distrito, los firmantes alertaron que el daño visible en la placa y en la base “compromete la estabilidad del monumento” y representa un riesgo para ciudadanos y turistas. También solicitaron medidas preventivas mientras se ejecutan posibles trabajos de reparación y reforzamiento.

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La preocupación tiene sentido si se observa el movimiento constante que existe alrededor de la escultura. Taxistas la usan como punto de referencia, vendedores ambulantes trabajan a sus alrededores y familias enteras hacen filas para fotografiarse abrazando las gigantes piernas del exfutbolista samario.

Mucho más que una estatua

Con el paso de los años, el monumento dejó de ser únicamente un homenaje deportivo. Para Santa Marta terminó convertido en un símbolo emocional y turístico de la ciudad.

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Uno de los momentos más recordados ocurrió el 12 de abril de 2008, cuando el propio Carlos Valderrama apareció limpiando personalmente la escultura junto al Cuerpo de Bomberos. Entre risas y bromas, utilizó agua, trapos y betún para devolverle brillo al monumento.

“Todo bien, tenía rato que no me lavaba yo mismo”, dijo entonces el exjugador mientras decenas de personas observaban la escena.

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Hoy la imagen es muy distinta. El salitre, la humedad, el viento constante y la ausencia de un mantenimiento profundo durante más de dos décadas comenzaron a deteriorar la estructura. Aunque inicialmente la obra fue valorada en cerca de COP 250 millones, quienes impulsan su restauración aseguran que actualmente su valor artístico y patrimonial supera el millón de dólares estadounidenses.

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Para muchos samarios, el desgaste del monumento también refleja el deterioro progresivo de otros símbolos urbanos de la ciudad.

Mientras miles de turistas continúan llegando para fotografiarse junto al eterno capitán de la Selección Colombia, debajo del pedestal crece el temor de que el ícono más querido de Santa Marta termine vencido por el abandono y el paso del tiempo.

Por Hellen Lara

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