La Casa del Cuidado Ancestral Arhuaca abrió sus puertas en el resguardo de Jimaín, entre Valledupar y Pueblo Bello.
Foto: Laly Malagón Vargas / OIT
En cada puntada que da una mujer arhuaca al tejer, hay vida. Las mochilas nacen de un movimiento en espiral, que va de adentro hacia afuera y que encarna el origen, como un retorno simbólico al útero del que surge la vida. No es una interpretación estética, es la forma como entiende y se vive en la comunidad indígena para la que, históricamente, las mujeres han llevado sobre sus hombros la labor de ser puente entre la existencia y el territorio.
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Por Paula Andrea Baracaldo Barón
Comunicadora social y periodista de último semestre de la Universidad Externado de Colombia.@conbdebaracaldopbaracaldo@elespectador.com
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