10 Feb 2020 - 10:02 p. m.

Tarde gris en La Santamaría

La lluvia, el frío, la falta de bravura de algunos toros de la ganadería El Manzanal y los fallos con la espada dejaron sin premios a los toreros.

Miguel Jaramillo Ángel

El torero Manuel Escribano realizó una buena faena en medio de la lluvia. Perdió la opción de cortar una oreja al fallar con la espada. / Instagram: @lafiestadeltoro
El torero Manuel Escribano realizó una buena faena en medio de la lluvia. Perdió la opción de cortar una oreja al fallar con la espada. / Instagram: @lafiestadeltoro

Un tercio de aforo en la plaza de toros La Santamaría para la segunda corrida de abono de la temporada taurina de Bogotá. Tarde en la que el venezolano Jesús Enrique Colombo recibió la alternativa como matador de toros. El colombiano Sebastián Vargas fue su padrino y el español Manuel Escribano sirvió de testigo.

Despreciado, toro negro de 570 kilos, bien armado de pitones, le correspondió al venezolano Colombo, astado que no olvidará al ser el de su primer compromiso como torero.

Los olés de unos niños acompañaron las verónicas de recibo de Jesús Enrique, ante un toro que humilló con calidad. Tumbo del picador de la cuadra de Colombo y un caballo que resistió las embestidas de un astado que fue escasamente picado.

Colombo recibió tres pares de banderillas y le entregó de a uno a sus compalleros de lídia. Sonó la música y brindaron al público. Vargas ejecutó el suyo al violín. Escribano, al encuentro del toro, dejó un gran par en lo alto; y Colombo, motivando la embestida del animal, lo colocó trasero.

El torero brindó la lidia y muerte de Despreciado a Fernado Rozo. Inició la faena con un estatuario, sujetando la muleta con la mano derecha, lo intentó por derechazos pero el toro miró pronto el cuerpo del torero.

El joven venezolano se mostró inseguro, ante un toro de embestidas complejas por el pitón izquierdo, pero que tampoco contó con el sitio y la disposición de Colombo para lidiarlo. Por el derecho la historia fue la misma.

Entró a matar sin preparar la suerte y pinchó. En el segundo intento dejó una estocada completa. Pitos del públicos para Colombo, quien se fue con el sin sabor de su actuación.

El segundo toro de la tarde, Devoto, castaño de 496 kilos, fue recibido por Sebastián Vargas, quien ejecutó verónicas con las manos muy bajas y remató con una media.

Vargas dejó al toro de largo para la pica, pero el puyazo fue bajo y generó la caída del picador, ante un caballo que mostró falta de fuerza. En el segundo intento, mala colocación de la vara ante la arrancada del toro de largo, que envió nuevamente al picador a la arena. Segundo toro de la tarde que no fue picado correctamente.

Vargas devolvió la atención con las banderillas e invitó a sus compañeros. El de Escribano muy trasero, el de Colombo sin sitio en la colocación y caído. El mejor, el de Vargas: galleando, reunido y en lo alto.

Colombo devolvió los trastos toreros a Sebastián Vargas y tuvo unas palabras para su padrino. Brindis en el centro del ruedo de Vargas, quién fue ovacionado. Detalle curioso: el torero colombiano lanzó la montera, que estuvo cerca de dos minutos de lado, cuando lo normal es que caiga boca arriba o boca abajo.

Empezó la faena doblándose ante las acometidas del toro y enseñándole a embestir. Remató con un molinete.

Citó con la muleta en la mano derecha y ejecutó tres derechazos de calidad y el pase de pecho, que fue largo.

Molinete, ante un toro que se frenó. Lo intentó de uno en uno, pero le faltó temple a Vargas. Muleta a la izquierda, ante un toro que reculaba. Tres naturales, pase de pecho y muletazo de pitones a rabo.

Devoto buscó las tablas y escarbó en la arena. Lo intentó en ese terreno y con la izquierda logró una nueva tanda, sin terminar de romper en emoción, ante un toro que se fue a menos, al igual que la faena del torero colombiano. Entró a matar decidido y dejó una muy buena estocada. Silencio para Vargas y palmas durante el arrastre de Devoto.

Un poquito de fe, nombre del tercer toro de la tarde, de 500 kilos y jabonero sucio, hizo presagiar algo bueno, pero la esperanza se apagó pronto por la falta de bravura.

Escribano lo recibió de rodillas con el capote para ejecutar tres largas. Luego vinieron las verónicas y una media muy torera. Buena vara de Luis Viloria, aplaudida por los espectadores.

Nuevamente los tres banderilleros al ruedo, tras el permiso del presidente. Sonó el pasadoble En er mundo. Tomó las banderillas Colombo y dejó un buen par. Al violín el de Vargas; y Escribano, de adentro para afuera y exponiendo mucho, dejó las banderillas en lo alto.

El torero español llevó al toro al centro del ruedo. Sujetó la muleta con la mano derecha, ante un Un poquito de fe que buscó las tablas en cada uno de los llamados que le realizó Escribano. El toro se atrincheró en las tablas, no salió de allí e imposibilitó la lidia. Lo intentó el español, pero el animal no tenía casta.

Estocada defectuosa (bajonazo). Silencio para el español y pitos en el arrastre para Un poquito de fe.

Sin pena ni gloria transcurrió la lidia de los primeros tres toros de la corrida. Salió Discípulo, cuarto toro de la tarde, de color negro (500 kilos), que mostró calidad en su embestida. Vargas ejecutó cuatro verónicas y una media. Buena pelea del astado en el caballo.

Tomó las banderillas Sebastián Vargas. Llamó al toro desde el centro del redondel y ejecutó un buen par. Falló en el segundo intento, dejando un par a la calafia muy caído; el tercer y cuarto intento acabaron por deslucir el tercio.

Se apagaron las luminarias de la plaza y empezó a llover. Vargas, por derechazos, logró una tanda que fue aplaudida timidamente.

Cuatro naturales templados, ante un toro con poca fuerza. Tomó nuevamente la muleta con la derecha, pase de las flores y tanda en redondo.

Apretó la lluvia, Vargas dio una nueva tanda al natural, pero lejos del toro. Lo intentó con la derecha, pero su esfuerzo en el ruedo no se reflejó en pases de calidad. Remató con manoletinas. Entró a matar y dejó una estocada caida y tendida. Silencio.

El quinto de la tarde Amigo mío, toro negro de 461 kilos, salió al ruedo de La Santamaría, que ya estaba enfangado por la lluvia. Escribano lo recibió con verónicas muy templadas y el toro humilló.

Dio la cara, y ante un ruedo resbaloso, pidió las banderillas. Sonó el pasodoble y con castañuelas lo acompañaron desde el tendido. Dejó el primer par en lo alto, el segundo trasero, el tercero dispar y el cuarto al quiebro, de mucha exposición. Palmas.

Escribano brindó al público. Citó de largo, se lo cambió cuatro veces por la espalda y en igual número de ocasiones ligó el toreo con la mano derecha.

Muleta a la izquierda, para dos tandas en el centro del ruedo. Amigo mío humilló y fue noble, condiciones que entendió el español. Sonó el pasadoble y lo acompañaron con palmas. Escribano siguió toreando al natural, pero el toro se rajó. Manoletinas para cerrar la faena.

Silencio en la plaza, donde solo se escuchaban los pasos del torero y las pisadas del toro, acompañadas del romper de la embestida del astado en la muleta, con la que el español pasó afugias para cuadrar el animal para ejecutar la suerte suprema. Se afanó al entrar a matar y dejó un pinchazo hondo. Estocada desprendida en el segundo intento y con ello quedaron sepultadas las posibilidades de cortar una oreja. Vuelta al ruedo para Escribano y palmas en el arrastre para Amigo mío.

El sexto de la tarde, Humilde, toro negro de 449 kilos, le correspondió a Colombo, que lo recibió con verónicas y remató con una rebolera.

Tomó las banderillas Colombo, lo acompañó el pasodoble y dejó tres pares en buen sitio, el último al violín. Fuerte ovación del público.

Brindó el toro a los espectadores. Empezó la faena con un molinete e intercaló una serie con la derecha. Por ese mismo pitón, logró una nueva tanda.

Pase de las flores y muleta a la izquierda, por donde el toro no tuvo recorrido. Volvió a la derecha, pero el toro no humilló y buscó las tablas. Fin de la faena. Entró a matar sin muleta y dejó una estocada completa y tendida.

Así terminó una tarde gris, fría y lluviosa. Sin orejas, con algunas notas bajas en la casta de los toros y sin una faena redonda que emocionara a los tendidos.

Resumen

Jesús Enrique Colombo. Pitos y vuelta al ruedo tras petición de oreja.

Sebastián Vargas. Silencio y silencio.

Manuel Escribano. Silencio y vuelta al ruedo, tras un aviso.

Síguenos en Google Noticias

 

Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta política.
Aceptar