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Tesis uribistas y guerrilleras sobre causas de la violencia

Para Álvaro Uribe, los grupos terroristas y no la pobreza son los responsables de los problemas de Colombia.

Redacción Política

03 de octubre de 2014 - 02:40 p. m.
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“Debemos hacernos una pregunta: ¿cuál ha sido la causa principal de los problemas de Colombia?, ¿los grupos terroristas o la pobreza? En mi opinión, los grupos terroristas. Con las políticas que fueron introducidas en mi administración, en la ausencia de grupos terroristas, Colombia hubiera superado la pobreza hace mucho tiempo”.

Lo dijo el expresidente Álvaro Uribe, hoy senador del Centro Democrático, durante el Concordia Summit: Economic Trends & New Opportunities in Latin America, un foro realizado esta semana en Nueva York, que estuvo moderado por el empresario John S. Koudounis y contó además con la presencia de los expresidentes de México, Felipe Calderón y de Chile, Sebastián Piñera.

El exmandatario insistió en su tesis de que en Colombia no existe un conflicto armado sino un “desafío narcoterrorista contra el Estado de Derecho”, defendiendo los avances de su gobierno luego de introducir una política basada en tres elementos: seguridad democrática, confianza inversionista y cohesión social.

“Mi país necesita un gobierno con la habilidad para restaurar la seguridad --que se ha deteriorado--, en los años que vienen, y que tanto el Gobierno como la población colombiana tengan la determinación de derrotar el terrorismo y no rendirse ante los grupos terroristas, que pretenden destruir el Estado de Derecho”, enfatizó Uribe, en una clara crítica al gobierno del presidente Juan Manuel Santos.

Y son esas palabras del exmandatario las que llevan a comparar los discursos tan encontrados con las Farc, a la luz del proceso de paz que adelanta el Gobierno con ese grupo guerrillero en La Habana (Cuba). Precisamente hoy, en el saludo de los jefes subversivos a la tercera delegación de víctimas que hizo presencia en la mesa de diálogos, se refirieron a lo que consideran son las causas del conflicto en Colombia.

“Ante estas injusticias es que hemos permanecido en rebeldía y tenemos que visibilizarlas, poniendo casos concretos como, por ejemplo, el abandono total que padecen regiones como el Chocó y la Guajira, entre muchas otras. ¿Dónde están los dolientes de los millares de niños que mueren por inanición y por enfermedades curables? ¿Dónde están los dolientes de todos aquellos que padecen la falta de soluciones a las necesidades básicas insatisfechas? Hoy más que nunca tenemos la convicción que el verdadero resarcimiento para las víctimas sólo será con la conquista de la paz, y la paz solo será si la construimos dando en abundancia lo que merecen los desposeídos de siempre”, señalaron las Farc en un comunicado.

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En otras palabras, para ellas, la guerra que desde hace 50 años azota al país tiene sus raíces en la exclusión y la falta de oportunidades de gran parte de la población. “Lo que está en juego, entonces, es darle realce a la connotación social y política de la victimización señalando la responsabilidad de sus generadores y beneficiarios primigenios; debemos entre todos los que hemos sido obligados a resistir y a sufrir las consecuencias de la confrontación impuesta, poner en claro, la responsabilidad sistémica que ha derivado en desigualdad, miseria y luto para las mayorías”, agregó hoy el grupo guerrillero.

Se trata pues de dos posturas ideológicas ante un asunto que tanto Estado como Farc tendrán que abordar, tarde que temprano, en la mesa de negociación: las causas del conflicto en Colombia. Una mirada desde la academia, que ha escrito y mucho sobre el tema, plantea, por ejemplo, que si bien el conflicto armado es causa de pobreza en la medida de que produce destrucción y odio, la pobreza es, a su vez, causa del conflicto en la medida en que aumenta la probabilidad de que los individuos se vean envueltos en actividades criminales, cuestionen las instituciones y eventualmente hagan parte de grupos rebeldes.

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“En la raíz de los conflictos armados internos se encuentra un complejo conjunto de factores: entre otros, desbalance en las oportunidades de participación política, económica y cultural entre grupos diferentes al interior de la sociedad, ausencia de mecanismos de participación democrática inclusivos y ausencia de mecanismos de solución pacífica de conflictos”, explican Héctor Galindo, Jorge Restrepo y Fabio Sánchez, en el documento ‘Guerra y violencias en Colombia’, de la Universidad Javeriana y el Centro de Recursos para el Análisis del Conflicto (Cerac).

Para Camilo Azcarate, experto en resolución de conflictos y negociaciones, la causa más profunda yace en que grupos completos de la sociedad colombiana, en todos los niveles y espectro político, han visto amenazadas o negadas necesidades básicas (como la seguridad o la inclusión) y han tratado de satisfacer esas necesidades usando métodos que amenazan las necesidades de otros.

“Cuando eso ocurre, se cae en una verdadera trampa colectiva de la cual todo el mundo termina siendo víctima. Colombia ha caído una y otra vez en este tipo de trampas. Durante la violencia algunos usaron los medios y las fuerzas del Estado para atacar a miembros de otros partidos. Ese fue un error mayúsculo puesto que deslegitimó, al menos en parte, al Estado mismo. La reacción produjo el escalamiento desastroso que le cobró la vida a cientos de miles de colombianos y produjo el conflicto como lo conocemos hoy”, agregó en una entrevista concedida al diario El Tiempo.

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La discusión es amplia y tiene múltiples interpretaciones. Lo claro es que la violencia es un fenómeno con múltiples raíces, con dinámicas diversas, con diferentes detonantes y gran diversidad de actores, víctimas, escenarios, implicaciones e interrelaciones. La clave, como lo dice Saúl Franco, de la Universidad Nacional, es “enfrentarla para transformar las condiciones que la hacen posible y la dinamizan”. Y en eso, por lo que se ve, más allá de lo que se plantee entre las partes que negocian la paz en Cuba, quiérase o no, tendrá que ponerse de acuerdo el país y todas las corrientes ideológicas que existen en el escenario político, incluido el uribismo, si es que de verdad se quiere una paz estable y duradera.

Por Redacción Política

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