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Todavía el conflicto

Beatriz Rodríguez Rengifo confiesa que si a algo le tiene miedo en la vida es a viajar en avión. Ese, explica, sí es un temor muy berraco. Le da claustrofobia, le sudan las manos, siente que se muere.

San Vicente del Caguán

19 de septiembre de 2008 - 08:38 p. m.
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La revelación la hace mientras nos trasladamos desde Florencia rumbo a San Vicente del Caguán, municipio mundialmente famoso por haber sido sede de los diálogos de paz entre el Gobierno de Andrés Pastrana y las Farc, de 1998 a 2002.

Nos acompaña Gloria Toro Vélez, profesional en desarrollo familiar y coordinadora del programa de la Asociación de Mujeres Productoras de Cárnicos, que busca fortalecer a las familias de áreas rurales dispersas. Con el patrocinio del ICBF, estas mujeres entregarán material de trabajo y 286.000 pesos a 112 personas para que den instrucción en prevención de la violencia y derechos humanos en sus veredas.

Súbitamente, Beatriz se interrumpe para señalar un pequeño grupo de sencillas viviendas a la vera del camino. “Ésa es la vereda La Esmeralda”, y sentencia: “Por mucho tiempo fue el lugar más macabro del departamento”. Ciertamente, durante varias décadas la guerrilla mantuvo sembrado de horror el trecho de vía por el que transitamos. Aquí robaron, mataron y cometieron toda clase de infamias. Entre ellas, la masacre a la familia Turbay Cote, en 2000.

Treinta minutos después, pasamos por Puerto Rico, donde hace apenas 24 horas un grupo armado ilegal lanzó en la calle una granada. La guerra, todavía la guerra, como lo evidencian varios testimonios de habitantes que, en un rato más, me contarán que viven en medio de la zozobra. Algunos se quejarán de que la presencia del Ejército haya llegado a los pasillos de las escuelas, donde en ocasiones suelen reposar los fusiles.

Querbin Romero, un comerciante de 38 años, dirá que en las zonas rurales la Fuerza Pública no permite a los residentes comprar más de 100.000 pesos en mercado ni adquirir más de dos pares de botas pantaneras.

Los soldados también se mostrarán preocupados. Hace dos meses que no ocurre ningún incidente violento en San Vicente del Caguán y temen que lo que venga sea grande. Un militar que vigila el puente Camargo sobre el río Caguán, donde hace cuatro semanas las Farc asesinaron a dos de sus compañeros, revelará que se vive en tensa calma.

Antes de enterarme de todo eso, escucharé a Beatriz terminar de describir su pánico a los aviones. Temor que en medio de este escenario de guerra se me antoja absurdo. La mujer que no tuvo miedo de enfrentarse a la guerra, que habla de derechos y de igualdad, y de reivindicaciones, se muere del susto cada vez que visita el cielo.

Por San Vicente del Caguán

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