En un encuentro entre dolores, pero también una ocasión para compartir opciones de cambio tras el dolor, cientos de víctimas de la violencia política, el terrorismo y el crimen se dieron cita en el teatro Metropolitano de Medellín para celebrar el V Congreso Internacional de Víctimas del Terrorismo. “Una continua admiración y respeto” les profesó a las víctimas el príncipe de Asturias, Felipe de Borbón, quien llegó a la ciudad acompañado de su esposa, la princesa Letizia Ortiz, coincidiendo a su vez con la participación de un grupo de víctimas del terrorismo en España, entre ellas varios sobrevivientes a ataques de la organización separatista Eta.
Irene Villa, una madrileña que a los 13 años fue gravemente mutilada con una bomba de esta organización, ha liderado desde hace años la oposición a la negociación con el grupo armado. Y tan visible ha sido su activismo que, asegura, hoy la tildan de colaborar con el Partido Popular, partido opositor español. “Lo que buscamos es que las víctimas no se politicen, no sean usadas por partidos o gobiernos”, reclamaba Villa, quien hoy es periodista del diario La Razón y asegura “que las víctimas buscan que se haga justicia, que se proteja la vida de los ciudadanos y se construya memoria”.
Rosemary Dillard, por su parte, perdió a su esposo Eddie en los atentados de septiembre 11 en Estados Unidos. Para ella, ninguna víctima quiere ser identificada como tal: “Si te llaman víctima, estás dejando que ellos ganen. Y tú no te quieres dar por vencido”, dice. Algunos han venido a contar su historia para exigir que no se olviden a los que aún están sometidos, “porque el secuestro no se acaba con la liberación”, decía Claudia Rugeles, esposa de Alan Jara y quien está en Medellín acompañando a María Teresa Mendieta y otros familiares de colombianos aún en poder de las Farc.7