29 May 2014 - 3:37 a. m.

Un Consejo Nacional de Paz para la sociedad

El próximo mes empezará a sesionar con el fin de reestructurarlo de cara al proceso con las Farc.

Redacción Política

Ayer se inició una nueva etapa del proceso de paz. En el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación, en Bogotá, el presidente Juan Manuel Santos instaló el Consejo Nacional de Paz, una entidad que por más de 10 años estuvo congelada y que constituye la principal herramienta de participación de la sociedad en el proceso de paz. “Cuando anuncié que se había llegado a un acuerdo en materia de drogas, dije que se iba a convocar al Consejo Nacional de Paz, porque ha llegado el momento de que la sociedad se involucre en el proceso y en lo que viene”, expresó el mandatario.

Para el presidente Santos la mesa de diálogos ha llegado a un punto de no retorno y el país está frente “a una oportunidad real de conseguir el fin del conflicto armado”. Por eso, tras la firma de tres de los cinco acuerdos que componen la agenda de diálogos entre el Gobierno y las Farc, ha llegado el momento de meterle pueblo a la mesa. Esta es la razón que lo impulsó a convocar a una entidad creada en febrero de 1998 por el entonces presidente Ernesto Samper, pero que apenas sesionó durante los diálogos del Caguán.

Ahora ha sido convocado de nuevo para abordar dos tareas urgentes: adecuarse a la realidad de hoy, rediseñarse para enfrentar el proceso de paz de La Habana e incluir a la incrédula sociedad civil en el proceso de diálogo. “Queremos sintonizar a todos los sectores y todas las regiones con este proceso y prepararnos para la fase de implementación de los acuerdos y la construcción de la verdadera paz. A partir de hoy esperamos activar unas discusiones sobre el papel que debe cumplir el Consejo Nacional de Paz. Los hemos convocado para definir entre todos el futuro de esta instancia y su rol en el marco de este proceso”, explicó el presidente.

Al evento de instalación fueron convocados representantes de organizaciones de víctimas, defensores de derechos humanos, líderes de organizaciones sindicales y campesinas, académicos, empresarios, líderes de iglesias, de izquierda, senadores y representantes a la Cámara, políticos de diferentes sectores, voceros de los indígenas y de las comunidades afrodescendientes, entre otros. Luego del discurso del presidente Santos, el jefe del equipo negociador del Gobierno, Humberto de la Calle, rindió un informe de los avances del proceso.

“En La Habana estamos discutiendo el prólogo de la paz, pero no es la paz en sí misma. Esa es la implementación de acuerdo que tiene que llevar a transformaciones profundas”, explicó el exvicepresidente, que fue sucedido en el uso de la palabra por Sergio Jaramillo, el alto comisionado de Paz. “No se había convocado este consejo antes porque la instrucción era no crear esperanzas en la gente hasta que el proceso no tuviera unas bases sólidas. Hoy creemos que estamos ante una oportunidad cierta de acabar con el conflicto, porque una cosa es la terminación del conflicto y otra la paz”, refirió.

El alto comisionado fue enfático en que este es un proceso abordado desde el enfoque de los derechos humanos y la perspectiva territorial, y señaló que las transformaciones deben conducir a cerrar la brecha entre el campo y la ciudad. “No hay que tenerle miedo a la democracia, hay que tenerle miedo a la violencia”, agregó, luego explicó la dirección de los acuerdos logrados y señaló: “Ese es el qué, pero más importante es el cómo. Y eso es a lo que están convocados. Si trabajamos hacia ese objetivo podemos lograr la inclusión de las comunidades marginadas, la integración de los territorios y la reconciliación”.

Al final, el presidente instaló un conversatorio entre representantes de diversos sectores para que cada uno explicara su idea sobre el consejo de paz y los aportes que puede ofrecer. Habló monseñor Héctor Fabio Henao, director de la Pastoral Social, quien sostuvo que insistirá desde las iglesias en el credo de la paz; también tomó la palabra el gobernador del Meta, Alan Jara, quien estuvo más de siete años secuestrado por las Farc, y afirmó que, como víctima, quiere la verdad, la reparación y la justicia, pero “lo que más quiero es que haya paz y no haya más víctimas”. Una frase que el presidente Santos redondeó retomando palabras de la excandidata a la Presidencia Clara López —que asistió al evento—, al afirmar que se quiere “cerrar la fábrica de víctimas en Colombia”.

Habló la representante Consuelo González, quien también estuvo seis años secuestrada, y dijo que dará su perdón. Lo hizo José Antequera, hijo del asesinado dirigente del Partido Comunista del mismo nombre, y le pidió a Santos garantizar el derecho a la protesta, “pues las marchas campesinas y de estudiantes fueron por la paz”, y agregó que espera que se reconozcan los crímenes de Estado, como el de su padre. Habló José Alejandro Cortés, presidente del Grupo Bolívar, y ofreció empleo en el posconflicto.

Hablaron también Alejo Vargas, de la Universidad Nacional; Luz Marina Becerra, de Afrodes; Juvenal Arrieta, de las comunidades indígenas, que no dudó en afirmar que enseñarán a la sociedad el amor por la naturaleza. Lo hicieron Edwin Castaño, de la USO; Amalia Low, hija del asesinado ministro de Justicia Enrique Low; el general (r) Fredy Padilla; el pastor Darío Silva, y Marina Gallego, de la Ruta Pacífica de Mujeres.

Y habló Hernando Torres, un productor de papa de Boyacá, quien con palabras sencillas y humildes concluyó: “Los campesinos somos los que ponemos los muertos. A los que reclutan la guerrilla, los militares y los paramilitares. Somos los pobres y los reprimidos, pero también somos los que más le ponemos a la paz y, si la conseguimos, seguir plantando la comida para la gente”.

 

Comparte: