La realidad de un país donde las víctimas se cuentan por montones y las condiciones de vulnerabilidad representan un riesgo cotidiano para muchos hombres y mujeres en zonas de riesgo o marginales, fue la motivación del Programa de Naciones Unidas para el desarrollo (PNUD), para poner en marcha en Colombia su programa de Desarrollo de Proveedores.
La iniciativa ya se había aplicado con éxito en México y Salvador, y en 2012 llegó a Colombia. Hoy se desarrolla en 23 ciudades, son más de 1200 los beneficiados, y en la práctica el programa está demostrando que, de cara al posconflicto que la sociedad hoy anhela, el programa de Desarrollo de Proveedores del PNUD es una buena oportunidad para disminuir la pobreza.
Con el apoyo de 150 consultores previamente capacitados por el PNUD, los elegidos están recibiendo información clave para fortalecer el desarrollo de sus microempresas. Desde cómo hacer un libro de cuentas hasta de qué manera hacer rendir el dinero, el objetivo es que muchos colombianos que ayer sufrieron la violencia o el abandono hoy puedan ser ejemplo de progreso y dignidad.
Aunque la financiación del programa hace parte de los objetivos sociales del PNUD, sus gestores tienen claro que puede ser una iniciativa con otros actores. El Estado, a través del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, la Agencia Nacional para la superación de la Pobreza extrema (ANSPE) y el Departamento para la Prosperidad Social (DPS), han apoyado esta iniciativa, interesados en que el desarrollo llegue hasta las últimas esquinas del territorio nacional y, adicionalmente, el sector privado que le puede otorgar el impulso definitivo para hacerlo una realidad nacional.
- Rafael Rivera Méndez, coordinador nacional del PDP.
En Colombia está en marcha desde el 2012. Su primer paso fue capacitar a más de 100 consultores para que identificaran las necesidades que tiene el microempresario, guiarlo para mejorar sus ventas, enseñarle a llevar una contabilidad y buscar nuevos clientes.
Según Rafael Rivera, coordinador nacional del programa, “el propósito es que los microempresarios puedan incrementar sus ingresos y formar un tejido empresarial con empresas grandes en el país. La idea es que de esta manera puedan crear negocios sostenibles que mejoren su calidad de vida”.
Los microempresarios elegidos como beneficiarios del programa deben ser personas en situación de vulnerabilidad que tengan un negocio con mínimo seis meses en el mercado.
- Marta Cecilia Gómez Tulcán.
Hice un curso en el SENA para fabricar implementos de aseo y hoy esa actividad es mi sustento. Produzco Decol y lo vendo a mis amigos. El producto me ha salido súper bueno y mi objetivo ahora es comercializarlo.
Con asesoría de los consultores del PDP diseñamos una etiqueta y un nombre para mi producto. Se llama DECOL 3G en honor a mi primer hijo Guillermo Gabriel Gómez, que fue asesinado por la guerrilla.
Han sido momentos muy difíciles pero hoy sé que puedo soñar con un país en paz y al mismo tiempo sacar adelante mis proyectos. Puedo demostrar que soy capaz de levantarme y de seguir adelante”.
“Yo fabricaba artesanías en Cali pero no pagaban bien. Entonces me ofrecieron trabajar como ‘raspachín’ en el Putumayo en el momento más fuerte del narcotráfico en Colombia. No lo dudé porque decían que bastaba jalar esas matas y llegaba la plata. Y sí, era verdad, en menos de dos meses pude comprar lo que tanto anhelaba: una moto.
Sin embargo, la felicidad es efímera. Una noche mientras regresaba del trabajo me caí de la moto y quedé inconsciente. En el accidente perdí la vista y me dañé un oído. Por eso tuve que retirarme del trabajo. En el fondo entendí que si quería tener algo debía hacer las cosas bien.
Hoy doy gracias a Dios porque tengo familia y empresa, ahora deseo que sea sostenible. Con el proyecto del PDP de las Naciones Unidas he aprendido que tenemos oportunidades y que visualizando mis objetivos puedo luchar por mis sueños. He aprendido a ser organizado, a obtener rentabilidad, he perdido los miedos. Solo puedo dar gracias”.
“La guerrilla mató a mi padre y nos reclutó junto a mi hermano. Estuvimos tres años en el monte. Desertamos cuando mi madre estaba a punto de morir y su último deseo fue vernos. Después salí del país por dos años. Regresé a Colombia y ese día me reclutaron en el terminal de transporte. Estuve seis años en el Ejército como francotirador y después busqué otros caminos.
Pero la guerrilla me seguía buscando. Fue tanta la persecución que cogí una manila y un machete con la intención de quitarme la vida, pero en el instante en que lo iba hacer, recordé a mi familia y desistí. Sin salir de la desesperación, durante dos horas golpeé un árbol. Cuando terminé había tallado una figura, así empezó mi empresa.
Ahora fabrico artesanías. En este camino conocí el programa de desarrollo de proveedores y sus gestores me han enseñado a fortalecer mis habilidades y a buscar nuevas opciones de mercado. Hoy tengo un propósito claro: tallar una escultura para exaltar la paz y demostrar que somos capaces de perdonar y mirar adelante”.
- Gloria Faney Toro mi empresa se llama Biciprendas.
Viajé a Pasto con una abuela que salió herida por una granada en los mismos hechos y tuvieron que amputarle una pierna. Estuve en su recuperación y entendí, a través de sus consejos, que tenía más oportunidades en esa ciudad.
Hoy tengo mi empresa y fabrico accesorios para bicicletas. Con el apoyo del PNUD he mejorado la parte de la producción de materiales, he aprendido a ser más creativa y a buscar nuevos clientes.
Al principio tenía dudas porque la ayuda era capacitarnos y no dinero. Pero cuando oyes a un consultor que te dice, “quiero que tu producto sea reconocido y tu empresa surja”, nacen ilusiones. Ahora puedo decir que es lo mejor que me ha pasado y que debo persistir en mis sueños”.
“Sueño con una empresa gigante”
“Vivíamos en el Cauca. Mi esposo trabajaba como vigilante en un colegio y por una equivocación tuvimos que salir desplazados. La guerrilla creía que nosotros colaborábamos con las autoridades y empezaron a amenazarnos.Salimos dejando toda una vida atrás, como si fuéramos delincuentes. Llegamos a Bogotá y hemos pasado demasiadas dificultades. Sin embargo decidimos luchar y enfrentar las adversidades.
Mi mamá fue modista y yo heredé ese oficio. Cuando llegué a Bogotá implementé lo que sabía y me puse a diseñar faldas. Luego estudié en el Sena y empecé a diseñar. Siempre me ha gustado capacitarme y aprender cosas nuevas.
Por eso inicié el proceso de aprendizaje con los consultores del PDP. Ellos nos dieron semillas, herramientas para seguir adelante. Uno como desplazado a veces pierde los sueños, las ganas de vivir. Pero con personas de buen corazón podemos seguir adelante.
Ahora, con la instrucción recibida en el programa y con mi experiencia personal en el oficio cotidiano, mis ventas y mi empresa han mejorado su rentabilidad, en la actualidad vivo de mis productos.