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Un fuerte vendaval golpeó al municipio de Chibolo, en Magdalena, y dejó 389 viviendas afectadas, 60 de ellas con pérdida total, según el balance preliminar de las autoridades. La emergencia dejó a cientos de familias con daños en sus techos, paredes y enseres, mientras niños, madres cabeza de hogar y adultos mayores figuran entre los más afectados.
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Daños en viviendas y enseres de las familias
En los barrios más golpeados, especialmente 23 de Abril, el paisaje parece el de una guerra silenciosa. Techos arrancados, árboles caídos, muros fracturados y enseres destruidos dibujan una escena de fragilidad extrema. Después del vendaval llegó la lluvia, lo que terminó de afectar lo que las familias lograron salvar: colchones, alimentos, ropa y electrodomésticos.
“Lo más duro no fue ver caer el techo, sino ver a los niños preguntando dónde iban a dormir”, repiten varias voces de la comunidad. La frase resume el drama colectivo de quienes hoy viven con la sensación de que cualquier nube puede convertirse en una nueva amenaza.
Lo ocurrido en Chibolo revela una realidad estructural: la emergencia climática golpea con mayor dureza a quienes menos tienen. En municipios donde la vivienda representa el esfuerzo de toda una vida, perder el techo no significa solo un daño material, sino el derrumbe de la seguridad emocional y económica de la familia.
Hay hogares donde conviven tres generaciones bajo el mismo techo, y ahora ese techo ya no existe. En otros casos, las familias perdieron negocios que funcionaban en la sala o la tienda improvisada desde la que sostenían sus ingresos diarios.
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El censo, las tejas y la carrera contra otra lluvia
La emergencia, que afectó principalmente a sectores como Pivijay, Zapayán y Concordia, ha sido atendida por equipos de la Secretaría de Ambiente, Gestión del Riesgo y Cambio Climático, junto con la Oficina de Gestión del Riesgo, que avanzan en un censo articulado con las alcaldías para acelerar la entrega de ayudas.
La secretaria de Ambiente, Vanesa Cárdenas, confirmó que la atención se mantiene en coordinación con el Consejo Municipal de Gestión del Riesgo y no se descarta apoyo del Gobierno nacional para la fase de recuperación.
Mientras tanto, brigadas del programa Médico en tu Casa y equipos psicosociales fueron desplegados para acompañar a las familias que, además de perder techos y pertenencias, enfrentan el impacto emocional de haber visto cómo el viento desarmó sus hogares en cuestión de minutos. En paralelo, comenzaron las entregas de tejas y materiales básicos para contener la emergencia antes de que nuevas lluvias compliquen aún más la situación.
Mientras tanto, en Zapayán ya se adelanta el censo en Piedra de Moler, Acuña y la cabecera municipal; en Concordia, el corregimiento de Bálsamo reporta al menos 66 familias afectadas, y en Pivijay, San José de la Montaña suma 50 familias damnificadas. La Gobernación aseguró que mantiene comunicación permanente con los Consejos Municipales de Gestión del Riesgo para coordinar una respuesta conjunta en toda la zona impactada.
“No queremos que esto se vuelva olvido”
Más allá de la asistencia inmediata, la comunidad insiste en que la tragedia no desaparezca de la agenda pública cuando bajen las cámaras. Necesitan alimentos, agua, colchonetas y materiales de construcción, pero sobre todo rapidez. El temor es que otra lluvia llegue antes de que puedan asegurar lo poco que quedó en pie.
“Hoy estamos vivos, pero seguimos bajo amenaza”, repiten líderes barriales mientras levantan tejas, recogen madera y tratan de improvisar refugios. En Chibolo, la reconstrucción apenas empieza, y el verdadero reto será devolverles a cientos de familias no solo un techo, sino la tranquilidad de volver a dormir sin miedo.