19 Aug 2011 - 11:24 p. m.

Ver Cartagena y luego morir

Drogas, damas de compañía y aparentes suicidios, los patrones comunes en los tres casos. Preocupación de las autoridades, que no descartan relación con explotación sexual.

Carlos Ardila González / Cartagena

El viernes 5 de agosto, cerca de las 8 de la noche, los administradores de un hotel en el Centro de Cartagena le reportaron a la Policía la muerte de un turista norteamericano, registrado como Wesley Blake Jones, de 34 años, en el baño de una de sus habitaciones.

Tres días después, el lunes 8 de agosto, fue un noruego quien murió, al lanzarse del tercer piso de un edificio en el tradicional barrio Bocagrande. El extranjero, Jon Humeno Uik, coincidencialmente también de 34 años, dejó escrita una carta en inglés y en español explicando las razones que lo llevaron a suicidarse.

Y nueve días más tarde, el miércoles 17 de agosto, en un hostal en el barrio Getsemaní fue hallado muerto un argentino. El hombre, identificado como Carlos Alberto Simonetti Menopace, cuya edad no fue determinada por las autoridades, no mostró signos que indicaran las probables causas de su muerte.

Que tres turistas extranjeros hayan fallecido en Cartagena, en extrañas aunque muy diversas circunstancias, en menos de dos semanas, es algo que tiene preocupadas a las autoridades de La Heroica, que investigan si al menos en los dos primeros casos las causas de los decesos tuvieron relación con el uso de sustancias psicoactivas.

También en esos casos hay un lugar común, y es que ambos visitantes, en el instante o poco antes de sus muertes, estaban o habían estado con sendas mujeres.

Diversas organizaciones no gubernamentales coinciden en advertir que un porcentaje alto de los turistas que visitan Cartagena cada año lo hacen por la facilidad con que, en cualquier lugar de la ciudad, aun a plena luz del día, consiguen droga y prostitutas.

Hay que ser preventivos: ONG
Fuentes de distintas organizaciones que luchan contra la explotación sexual infantil, un problema que Cartagena no ha podido superar, aseguran que las autoridades locales, por tratarse Cartagena de una ciudad esencialmente turística, prefieren ignorar la existencia del fenómeno.

Freddy del Toro Díaz, abogado que dedica la mayor parte de sus esfuerzos a las labores sociales emprendidas en Cartagena por la fundación suiza Terre des Hommes (Tierra de Hombres), considera que el código de conducta suscrito por el gremio hotelero de la ciudad, comprometiéndose a desestimular el turismo sexual, no es suficiente para atacar debidamente el problema, y sugiere que dicho código se difunda masivamente desde los puertos de ingreso a la ciudad pasando por taxis, agencias de viaje, guías de turismo, restaurantes y comercio en general.

Para Del Toro, lo que más falta “es mano dura por parte de las autoridades, que no han comprendido los nocivos efectos colaterales del turismo sexual en Cartagena, que degrada la condición de amplios sectores ciudadanos que no pueden evitar sentirse afectados por el fenómeno”.

Por su parte, para la personera distrital, Olimpia Buelvas, su despacho actúa tanto en lo preventivo como en lo sancionatorio y, en casos específicos como la extraña muerte de tres extranjeros en menos de doce días, adelanta las investigaciones correspondientes, “aunque lamentablemente estos casos son más policivos y se pierden en la maraña de los muchos casos que deben resolverse en un Distrito donde la inseguridad, como en casi todo el país, cada día va en aumento”.

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