Los amigos del británico James no supieron nada de él después de que saliera de una fiesta en El Poblado. Habían sacado COP 73.407.150, el equivalente a 15.000 libras esterlinas, de su cuenta bancaria, mientras que su última ubicación marcaba el Club Campestre, donde dejó de comunicarse con sus conocidos en la madrugada del 16 de noviembre de 2025. Estaba sin teléfono, sin billetera y sin hablar español. Sus amigos comenzaron a buscarlo, pero nadie sabía si estaba vivo. Finalmente, lograron ubicarlo un día después en la clínica Las Américas.
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La búsqueda la lideró uno de sus amigos en el grupo de Facebook Expat (expatriados) Medellín, donde la comunidad se aconseja sobre cómo vivir en la ciudad. Hay más grupos como Colombia Scopolamine Victims and Alerts, creado específicamente para compartir casos, describir a victimarios e identificar lugares de riesgo en Bogotá, Medellín, Cali y Cartagena. Fue creado en septiembre de 2018, y hoy cuenta con 5.708 miembros. Sus administradores dejan claro que “en los últimos años han muerto personas por causa de intoxicaciones con escopolamina y benzodiacepinas, y los casos con extranjeros parecen estar en aumento en todo Colombia”.
El caso de James es parte de un patrón de crímenes por aplicaciones de citas y en la vida nocturna de El Poblado. Desde 2023 la Embajada de Estados Unidos informó de muertes sospechosas de estadounidenses en Medellín que involucraban posible intoxicación, robo y sobredosis. Varias de esas muertes implicaban el uso de aplicaciones de citas porque, resaltan, son “blanco habitual a través de aplicaciones de citas o en bares y discotecas”.
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El 26 de marzo de este año la Policía capturó a dos mujeres, de 19 y 34 años, señaladas de por lo menos siete hurtos en el sector del Parque Lleras. Según las autoridades, contactaban a sus víctimas ofreciendo servicios de compañía, los llevaban a alojamientos turísticos y allí les daban clonazepam disuelto en bebidas alcohólicas. Una vez que las víctimas perdían la conciencia, les robaban dinero, joyas y celulares. En los allanamientos a sus viviendas, en el barrio Caicedo, se incautaron celulares, documentos de otras mujeres, dinero en moneda extranjera y un arma de fuego.
“Los criminales usan aplicaciones de citas para atraer a las víctimas a reunirse en lugares públicos como hoteles, restaurantes y bares, y luego las agreden y roban. Numerosos ciudadanos estadounidenses en Colombia han sido drogados, robados e incluso asesinados por sus citas colombianas”, indicó la embajada. Por su parte, el secretario de Seguridad, Manuel Villa, indicó que “no hay espacio para quienes instrumentalizan el turismo para delinquir. Estamos actuando con inteligencia y operativos focalizados para cerrarles el camino. Vamos tras estas estructuras, sin tregua”.
Según la organización World Travel Protection, este tipo de intoxicaciones en robos afecta a unas 50.000 personas al año en Colombia. Los hombres son las víctimas más frecuentes y, además de la escopolamina, la sustancia más utilizada es el clonazepam u otras benzodiacepinas, que producen efectos similares. “Suelen experimentar amnesia profunda, pérdida de memoria y desorientación. Se vuelven vulnerables y sumisas, perdiendo su capacidad de resistir las insinuaciones. A menudo entregan sus objetos de valor a los delincuentes sin dudarlo y retiran dinero de los bancos sin oponer resistencia”. La organización añade que “generalmente no hay agresión ni violencia, por lo que no existen señales externas evidentes de que algo esté ocurriendo entre los testigos que puedan estar cerca del perpetrador y la víctima”.
En los grupos de la expat, las advertencias y los casos de emergencia circulan en tiempo real. En noviembre de 2025, el mismo mes en que desapareció James, un estadounidense publicó que su hermano no había regresado al apartamento después de una noche de fiesta en Medellín. Era su última noche en la ciudad, tenía un vuelo al día siguiente y no se había presentado. Su última ubicación enviaba al sector de Belén La Mota, cerca de donde fue rastreado James. Pocas horas después lo encontraron. “Lo drogaron y lo robaron. Alguien lo metió a un hotel, y él me llamó”.
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El francés Theo Mallerin lleva 10 años viviendo en Medellín, y es cofundador y presidente de MIEO (Medellín International Exchange Organization), una organización que agrupa a estudiantes y residentes extranjeros. Aunque considera que Medellín es una ciudad segura, “el 90 % de los casos que he conocido pasan por el uso de aplicaciones de citas”, dice. La recomendación que da desde su organización a quienes recién llegan es no usarlas “en las fiestas, tener cuidado siempre con lo que tienen en su vaso y no aceptar bebidas extrañas en las discotecas”.
Mallerin recuerda el caso de un estudiante mexicano que tuvo una cita con un hombre que conoció por una aplicación y fue víctima de robo después de ser drogado. Pero advierte que ese caso es parte de los que probablemente no están en estadísticas oficiales: “Hay mucha gente que no hace nada, no denuncia, porque piensa que no es útil”. Es una percepción que la Embajada de Estados Unidos también documentó, señalando que este tipo de crímenes son sistemáticamente subregistrados, porque las víctimas sienten vergüenza, especialmente si son turistas.
Entre enero y marzo de 2026, la Policía registró 157 hurtos con escopolamina en Medellín, frente a 163 en el mismo período de 2025. En el Valle de Aburrá la variación fue de 197 a 196. El Sistema de Información para la Seguridad y la Convivencia reporta que los hurtos a turistas con estas sustancias bajaron de 46 en el primer trimestre de 2025, a 11 en el mismo período de 2026, lo que atribuyen a operativos en los puntos críticos, como el Parque Lleras y la carrera 70.
El pasado 27 de marzo, el cuerpo del salvadoreño Éric Fernando Gutiérrez apareció en el corregimiento de Puente Iglesias, en Fredonia, a más de 80 kilómetros de donde fue visto con vida por última vez en Medellín. Había llegado desde Miami, y antes de su desaparición había estado en una discoteca de El Poblado, acompañado de un hombre y una mujer, que lo habrían conducido a un motel en Itagüí.
Su caso es el primero de un extranjero muerto por escopolamina en el Valle de Aburrá este año. El secretario de Seguridad indicó que se conformó una cápsula investigativa para dar con los responsables, mientras en la ciudad avanzan con las tareas preventivas para evitar que se sigan dando casos con similares modus operandi. La pregunta queda sobre los resultados de esas acciones y lo que las autoridades locales pueden hacer para evitar que estos casos se sigan presentando.