En un lote de Ciudad del Río, en el sur de Medellín, Federico Gutiérrez hizo una ambiciosa promesa para el cine de la ciudad. En este lugar, anunció el pasado 10 de mayo que se construirá el Recreo Cultural: un edificio de 11 pisos en el que se invertirán COP 86.000 millones, que tiene como una de sus apuestas albergar la Cinemateca Distrital, “para preservar la memoria audiovisual de Medellín y fortalecer los procesos de formación y creación artística”.
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A la par, en la ciudad se han estado gestando procesos que buscan ir más allá. En el corregimiento Santa Elena, en un predio que le perteneció al narcotráfico, se encuentra Coocine, un colectivo que desde 2024 se ha preocupado por el futuro de la industria del cine en Medellín. Mientras que en los cafés de la capital antioqueña, el colectivo Carrera 73 le apuesta, desde hace un año, a la construcción del cine independiente.
La escena autoconstruida
Coocine es una cooperativa de economía solidaria, un modelo organizativo en el que 31 personas asociadas aportan mensualmente a un fondo común, toman decisiones en asamblea y comparten los recursos para hacer cine de otra manera. “La cooperativa tiene tres líneas importantes: la exhibición de películas, la formación en cine y la defensa de los derechos laborales de quienes trabajamos en esto”, explica Simón Vélez, director y productor paisa reconocido por su largometraje Piedras Preciosas.
La sede en Santa Elena es un predio de 1.400 metros cuadrados con bosque, sala de cine y estaciones de trabajo, lugares abiertos para distintas actividades ofrecidas al público, que tienen por contrato con la SAE durante cinco años, como parte de una política de restitución de bienes decomisados al crimen organizado.
Carrera 73, por su parte, funciona de una manera más informal. Es un colectivo interdisciplinar de amigos, como se definen ellos mismos, entre directores, fotógrafos, músicos y actores, que empezó a reunirse hace un año alrededor de una pregunta: ¿Cómo impulsar juntos los proyectos de cada uno? A pesar de lo reciente del proyecto, han producido videoclips para cantantes de la ciudad como Nosoyboscan, cortometrajes como Yolanda Machete, exposiciones fotográficas de Julia Mar y proyecciones en espacios como el Colombo Americano. Ahora tienen en proceso su primera película propia.
Lo que une a los dos proyectos es el diagnóstico sobre el estado del medio audiovisual en Medellín. Consideran que hay un crecimiento acelerado, pero también una precariedad estructural para quienes pertenecen a la industria que nadie está resolviendo. “Hay un montón de gente haciendo películas de diferentes tipos, hay rodajes muy grandes y rodajes más independientes”, explica Vélez.
Esto lo apoya Mateo Arango, director audiovisual y miembro de Carrera 73, quien asegura que “el cine está en un muy buen momento en la ciudad. Medellín está creciendo exponencialmente en temas artísticos. Muchos jóvenes todavía se preguntan si para hacer cine tienen que irse a Bogotá, pero desde adentro puedo afirmar que eso está empezando a cambiar”.
La principal preocupación es que en el país el cine se ejerce con frecuencia en condiciones de informalidad, jornadas extenuantes y pagos injustos. “Las jornadas de los rodajes son super extensas, muy intensas, y muchas veces participamos en proyectos por amor al cine, y por eso se dan abusos, como honorarios muy bajos”, dice Vélez. Catalina Vásquez, también asociada a Coocine y parte de su consejo, añade que “es un sector donde se mueve mucho el trabajo en la informalidad, con formas de contratación que no contemplan los riesgos laborales. Es un sector muy precarizado”. Por su parte, Julia Mar, de Carrera 73, explica que un pilar fundamental del colectivo es que “el arte se paga, y eso es algo que hay que impulsar, porque normalmente son trabajos de doce horas por unos montos de dinero pequeñísimos, o a veces gratuitos”.
A esa precariedad interna se suma la presión de las producciones internacionales que llegan a Medellín a usar la ciudad como escenografía. “Vienen a utilizar las historias de esta ciudad de manera muy vulgar, contándolas desde afuera”, dice Vélez, quien precisa: “la historia contada desde acá, desde el punto de vista de las personas que habitan la ciudad, es muy distinta a como la cuentan producciones cuyo único propósito es comercializar. Ya estamos un poco hartos de que vengan a contarnos Medellín de esa manera”.
Simón Puerta, antropólogo de la Universidad de Antioquia y director de las líneas de investigación Cine y patrimonio y Experiencia estética, imagen e imaginación social, explica que en el cine de la ciudad hay una nueva generación que no responde al estereotipo de la imagen esperada de Medellín e indica que “constituyen una comunidad, y eso habla de un cine no menor de ninguna manera, pero sí de un cine mucho más modesto en los circuitos sociales que alimenta. Habría que pensar cómo acompañar y apoyar más esta clase de procesos que terminan siendo un caldo de cultivo que la ciudad no había tenido en generaciones anteriores”.
Dentro de ese escenario, uno de los mayores logros de Coocine es su circulación internacional. Piedras Preciosas, la película de Vélez filmada en parte en la sede de la cooperativa en Santa Elena, llegó este año a la sección Forum del festival europeo La Berlinale. La directora del Forum, Bárbara Wurm, visitó después la sede, y esa visibilización ha permitido que cineastas de otros países y regiones de Colombia hayan ido a escribir sus proyectos en las residencias que ofrece la cooperativa. Las del año pasado convocaron realizadores de Perú, la costa colombiana y Nariño. “Hemos recibido solicitudes de cineastas de otras partes del mundo que quieren irse un mes para Coocine a escribir su película”, cuenta Vélez.
Sin embargo, faltan fondos. Carrera 73 señala que muchas convocatorias exigen personería jurídica, lo que excluye a quienes, como ellos, apenas están empezando; mientras que el dinero que ofrece la alcaldía “no cubre ni la mitad de lo que puede valer una película”.
Coocine, por su parte, hace parte del Consejo Audiovisual de la Ciudad, desde donde piden que la Cinemateca no adopte el nombre del proyecto político del alcalde de turno: “la Cinemateca debe ser transgeneracional”, dice Vélez. “No tiene por qué estar vinculada a la identidad de un partido político. Se debe reconocer a las personas que trabajan por este medio y que ponen todo su empeño y recursos en él”.
Lo que Coocine y Carrera 73 están construyendo es, en últimas, una respuesta práctica a la pregunta sobre cómo hacer que el cine en Medellín sea sostenible y digno. Mateo Arango resalta que la infraestructura más importante para el desarrollo de la industria audiovisual de Medellín ya existe y son los directores, productores, fotógrafos y actores que apuestan por la ciudad y piden que su trabajo sea reconocido para seguir creciendo.