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”Recuerden que nuestros papás fueron desplazados, fueron desarraigados y estas cosas que tenemos aquí no nos dieron tiempo de disfrutarlas. Ahora que las conocemos es nuestro deber apropiarnos de ellas”, con esta reflexión inicia una de las tantas clases que Arnulfo Berrío imparte a los más de 40 niños, niñas y jóvenes del corregimiento El Prodigio de San Luis, en el oriente antioqueño, para que sean parte del grupo de vigías del patrimonio en esta zona.
En los años 90, cuando paramilitares del bloque Metro y del Cacique Nutibara, y guerrilleros del frente Carlos Alirio Buitrago del Eln y el frente IX de las Farc se disputaban el poder en esta zona, Arnulfo tuvo que sobrellevar el asesinato de su padre, la desaparición de su hermano y el desplazamiento forzado al que fueron sometidos él y su familia.
Fue hasta 2004 que la población de El Prodigio pudo retornar a sus tierras. “La vida del desplazado es demasiado difícil. Hacer fila para un plato de comida, cuando tenemos aquí la tierra donde cultivarla nos hizo pensar en que teníamos que regresar, porque esta es nuestra tierra, aquí nacimos y aquí tenemos todo”, afirma Arnulfo, quien, además de trabajar por disipar la huella de horror que dejó la violencia, fundó la Corporación Ecoturística Ecocagüi, con el firme propósito de incentivar el ecoturismo en esta región.
Es por este motivo que Arnulfo se toma el tiempo de recorrer, junto con los jóvenes, la “Perla verde de Oriente”, como es conocida esta región por sus recursos naturales. “¿Por qué llevamos los niños al terreno? Porque quien no conoce no ama y quien no ama no protege, y en ese sentido es muy importante que ellos conozcan lo que están protegiendo”, comenta Arnulfo.
La antigua propiedad del reconocido paramilitar Oliverio Isaza, alías Terror, es ahora la Casa de la Cultura en la que cada 15 días Arnulfo se reúne con los niños para formarlos como vigías y protectores del medio ambiente. En estas clases les enseñan la historia de sus antepasados con el deseo de que se apropien de su territorio y así crezcan “en un ambiente de paz y armonía con la naturaleza”.
“Arnulfo para mí es una persona muy especial que nos enseña que nosotros debemos perdonar y adueñarnos de todo lo que tenemos en nuestro entorno”, dice Ronald Isaza, uno de los niños que se formó como vigía ecológico de la zona.
La misión es no repetir la historia de quienes, por las incursiones guerrilleras o el desplazamiento forzado, no tuvieron la oportunidad de disfrutar de la diversidad ecológica de este corregimiento. Que la historia de sus antepasados vaya deshaciendo la sangre y el fuego que dejó la guerra.
“Gracias a la buena gestión, han hecho que este territorio lo vuelvan a mirar como un lugar turístico, porque tenemos muchos lugares importantes, charcos y petroglifos”, afirma Fanny Galeano, campesina de la región, quien reconoce la labor de Arnulfo Berrío y reafirma una vez más por qué es uno de los 30 finalistas de Titanes Caracol, concurso al que fue nominado en la categoría de Gestos de Paz.