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El programa de la Filarmónica de Medellín que forma en música a personas con discapacidad

Soy Músico reúne cada semana a personas con discapacidades y neurodivergencias para ofrecerles formación musical con la Orquesta Filarmónica de Medellín.

Laura Orrego

29 de abril de 2026 - 09:59 p. m.
Participantes del programa Soy Músico en el Soy Músico Fest 2025.
Foto: Orquesta Filarmónica de Medell
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¿Qué pasa con una persona con discapacidad cuando termina la etapa escolar? Es la pregunta que plantea Juanita Eslava, responsable de los programas sociales de la Filarmónica de Medellín. “Cuando están niños, la gente dice que son angelitos de Dios, pero cuando ya son grandes, es como si eso se acabara y desaparecieran las oportunidades para ellos”. La pregunta rodó entre las salas de la Filarmed hasta 2017 cuando se decidió abrir el programa Soy Músico, dedicado a la enseñanza formal en música de personas con discapacidades.

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Eslava explica que el proyecto funciona como un embudo: la primera puerta es grande, abierta, sin filtros, Son talleres mensuales a los que puede llegar cualquier persona el tiempo que quiera. De estas personas, quienes son constantes y van a más del 50 % de las clases pueden optar por entrar a los grupos base, donde se trabajan elementos formales y artísticos con más profundidad.

Hay más filtros. Quienes demuestran un interés particular avanzan al grupo de Proyección, donde reciben clases directamente de los músicos profesionales de la Orquesta Filarmónica de Medellín y participan en los conciertos con repertorio. Hoy hay 40 personas en los grupos base y de proyección, y 114 en los talleres mensuales. Entre estos, hay personas entre 14 y 60 años de casi todas las comunas de Medellín, y de los corregimientos Santa Elena y San Antonio de Prado. Es tal el éxito, que hay inscritos que llegan desde municipios como Bello y Girardota.

El equipo base lo conforman Eslava, una psicóloga gestora y tres musicoterapeutas, pero detrás se mueve toda la institución: “todo lo que hacemos en los programas sociales, como Soy Músico, tiene detrás todos los equipos”, dice Eslava, quien además explica que Producción, Comunicaciones y los músicos de planta participan activamente en el proyecto. Esto se refleja, por ejemplo, cuando Soy Músico hace un evento, porque se hace el mismo proceso que cuando hay un concierto de temporada de la orquesta base de la Filarmónica.

Los procesos con los estudiantes tienen también diferentes caminos. Una de las apuestas más llamativas son las partituras adaptadas. Existen varios formatos, dependiendo de las necesidades de cada persona. Hay unas con tamaño grande y colores brillantes, mientras que otras reemplazan el pentagrama tradicional con figuras de soles, lunas o símbolos que le dan otro sentido visual y emocional, así como facilitan la lectura.

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“Lo que nos gusta es que las personas del programa puedan brillar”, dice Eslava, y añade que “no es simplemente que se paren en el escenario, sino que lo que hagan musicalmente enriquezca la música y los haga sentir que están haciendo un gran aporte”.

Raquel tiene Síndrome de Down. Llegó en 2022 cuando tenía 21 años, y hoy toca el contrabajo. Pasó del grupo base a Proyección, aprendió a leer partituras y le perdió el miedo a un instrumento que casi la dobla en tamaño: “para mí el programa ha sido muy chévere, muy divertido, muy lúdico”, dice. “He aprendido mucho sobre cómo se montan las obras, cómo se escriben. Y me alegra mucho por fin tocar para Filarmed, que es un logro para mí”. Además, agrega que aprender a tocar fue importante en su vida familiar: “la música coloreó la vida de mis padres”.

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Jenny, de 33 años, es otra de las participantes. Ella afirma que llegó al programa en un momento muy difícil, pues tiene esquizofrenia y la música le ayudó a manejar las voces, el estrés y la desesperación que muchas veces la agobian: “mi vida antes estaba como una hoja de papel blanca y desde que llegué a Soy Músico esa hoja tiene color, pues me acercaron a la música que sirve como medicina muchas veces, porque me da serotonina”. Además afirma que las profesoras del programa “sacan la mejor versión de todos y esa versión la multiplican como por mil o por billones. Es un espacio donde nos enseñan sin poner nunca en duda nuestras capacidades.”

Según Maria Catalina Prieto, directora ejecutiva de la Orquesta Filarmónica, el retorno social de la inversión en Filarmed pasó de 2,86 en 2019 a 7,1 en 2025, lo que significa que por cada peso invertido en la institución esta genera 7,1 pesos en valor social para la comunidad y se refleja en sus actividades: el programa tiene su propio festival, “Soy Músico Fest”, que se hace cada año con los participantes. Además del concierto se tiene una feria de emprendimientos de personas con discapacidades.

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En su última edición se centraron en los ritmos colombianos y congregaron a 400 asistentes. “Queremos que el público en general empiece a disminuir esos estigmas, esos sesgos que tenemos sobre lo que es capaz o no es capaz de hacer una persona con discapacidad, y en estos espacios es que podemos demostrarlo”, dice Eslava.

La mayoría de los talleres siguen siendo en la sede Filarmed, pero la meta es llevarlos a los barrios de Medellín, porque muchas personas con discapacidad tienen movilidad limitada y no siempre pueden desplazarse. Además, distribuyéndolos por la ciudad tienen la posibilidad de llegar a más personas que por múltiples razones no pueden acceder al programa.

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Eslava cuenta que se hicieron más conscientes de esa necesidad cuando, en 2025, llegó al programa una mujer del barrio Manrique que rentaba un bus cada vez que había taller, para llevar a 12 personas del barrio con discapacidades que no tienen recursos para costear un espacio musical propio, pero están interesados en la creación musical.

“Entendimos que no es lo mismo Medellín que Viena, ni siquiera que Bogotá”, dice Prieto, “y que el rol de una orquesta tiene que ser reflejar la ciudad en la que se vive, ser parte de ella”. Una ciudad que, según ella, tiene una tradición de filantropía, una conciencia de trabajar juntos, un sentido de comunidad que Filarmed ha aprendido a traducir en música y que busca ampliar en proyectos donde sean más los que caben, como Soy Músico.

Por Laura Orrego

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